miércoles, 24 de octubre de 2007

YOU DON´T BRING ME FLOWERS

En ciertos matrimonios, el esposo, absorbido por su trabajo y demás ocupaciones, olvida tener “detalles” para con su esposa, los cuales son parte del alimento que necesita el amor para crecer… Algo de esos anhelos refleja esta canción de Neil Diamond, que interpreta con Barbra Streisand: “YOU DON´T BRING ME FLOWERS”



Tú, ya no me traes flores,
no me cantas canciones de amor,
apenas me hablas cuando atraviesas la puerta al final del día.

Recuerdo cuando no podías esperar para amarme,
odiabas dejarme.
Ahora, después de amarme tarde en la noche…, y quedas satisfecho,
te das la vuelta y apagas la luz…

Antes era algo tan natural hablar del “para siempre”,
ahora el “antes” ya no cuenta más…

Baby, recuerda todas las cosas que me enseñaste:
aprendí a reír, aprendía a llorar…,
bueno, aprendí a amar…,
pero piensa que podría aprender también, a decirte adiós…,
porque ya no me traes flores.

domingo, 7 de octubre de 2007

Una boda curiosa,

Realizan boda en un barril de sidra

ESPAÑA(EL PAÍS)
Cada vez más, los novios españoles buscan la originalidad a la hora de contraer matrimonio. Bodas medievales, a lo hippy en Ibiza o por el rito balinés. Ayer, dos jóvenes de la localidad asturiana de Villaviciosa contrajeron matrimonio dentro de un tonel de sidra. Los novios, los padrinos y el oficiante se metieron en una cuba con capacidad para albergar 20.000 litros y allí se dijeron el "sí quiero".Los novios, los padrinos y el oficiante se metieron en una cuba de 20.000 litros, en Villaviciosa.Las decenas de invitados a la ceremonia tuvieron que seguir al enlace a través de una gran pantalla instalada fuera del tonel. Los poco más de tres metros de diámetro del interior de esta cuba de madera de castaño, especialmente lustrado para la ocasión, sirvieron de escenario para que Guti, un conocido chigrero (palabra en asturiano referida al que sirve sidra) de Villaviciosa, y su novia Nita se dieran el "sí quiero".La pareja tuvo que acceder al interior del tonel a través de una pequeña portilla de unos 30 centímetros de diámetro, lo que creó algunas dificultades a la novia, obstaculizada por la cola del vestido.Tras la ceremonia, la pareja tampoco fue recibida con la tradicional lluvia de arroz, sino por otra de corchos de botellas de sidra, bebida que sirvió también para el primer brindis, mientras sonaban los sonidos de las gaitas de la banda de Villaviciosa.

sábado, 6 de octubre de 2007

UN AMOR MUSICAL...

Se llamaba Clara, talentosa pianista desde niña, fue discípula de su padre, Friedrich Wieck, importante maestro de ese arte. Cuando contaba 11 años, llego a vivir a su casa un joven estudiante de música de 19 años llamado Robert.

Clara era muy madura para su edad, ya daba recitales y hacía giras. Sobre el marfil del teclado, poco a poco, las manos de Clara y Robert unieron inocentes complicidades, mientras surgía una amistad que mantuvieron a lo largo de los años, por los viajes de ella y más tarde la partida de él, por medio de una nutrida correspondencia.

Al pasar el tiempo, Robert fue sintiendo que con Clara, convertida ya en una hermosa señorita, la vida podía alcanzar el máximo valor poético, sumando además, su otra gran pasión compartida con ella, la música…, y se fue enamorando de la joven, sentimiento que fue correspondido.

Al enterarse el padre, se opone a la relación, porque aunque estimaba a Robert no podía dejar de considerar junto a sus cualidades, sus debilidades. No es sólo este siglo XXI el que le presenta “espejismos” a la juventud, también los hubo en el pasado, en plena moda romántica decimonónica, la vida bohemia se exaltaba como ideal, la embriaguez, el dejarse llevar por las pasiones desvinculándolas de la razón, las aventuras amorosas, el vivir el hoy sin preocuparse por el mañana…, muchos siguieron la flauta de Hamelin y pagaron la consecuencia… Robert fue victima de todo ello…

Pero joven todavía y descubriendo el verdadero amor, decide cambiar y entregarse a él fielmente y a su música, y pide la mano de la chica, pero el padre no accede. Deseando casarse, tenían dos opciones, esperar a que ella cumpliera la mayoría de edad a los 21, o recurrir a los tribunales, hicieron lo segundo y se casaron al cumplir la chica los 20 años.

Como ejemplo de los “detalles” que siempre debe haber entre toda pareja, tenemos que Robert publicó en secreto las canciones que compuso durante el primer año de matrimonio y se las regaló a su esposa.

En cuanto al segundo gran amor de Robert, la música, se inició como concertista, pero un exceso de ejercitación le paralizó un dedo de la mano derecha, obligándolo a dejar el piano y concentrándolo, por fortuna, en la composición musical y en la enseñanza. Dejó una maravillosa obra, tumultuosa e independiente en la juventud, y más clásica en la madurez. Con ella expresó la profundidad del sentimiento y el brillo fugaz de la poesía, saliéndose de los esquemas establecidos con indudable originalidad. Este amante esposo y gran músico se llamó Robert Alexander Schumann, uno de los grandes maestros alemanes de todos los tiempos.

Los esposos Robert y Clara, como muchos artistas, padecieron épocas de estrechez monetaria, pero más fueron los momentos sublimes, los cuales plasmaron, por separado, en un diario que él le regalo a ella el día después de la boda, y que llevaron los dos en común durante años… Robert escribía de noche y Clara de día, allí escribieron sus dolores, alegrías, hechos cotidianos y recetas de cocina, el murió primero, y ella continuó escribiendo este singular diario. Como ejemplo, leemos allí, lo siguiente: “Llega una larga gira de conciertos. Esta vez la separación fue penosa y ansío el perfume de su piel y de su cocina. ¡Cuánto la amo! Estoy deseando verla, oírla, tocarla, olerla. Tal vez me sorprenda con una nueva canción, de esas que tanto admiro…”. En esta oportunidad, para el regreso de Robert, Clara se recluyó en la cocina para prepararle unas perdices estofadas en vino tinto, como sólo ella sabía cocinar en toda Alemania, según su esposo.

Clara componía música, y cada solsticio le escribió a su Robert una pieza, aún después de que este había fallecido.

Se amaron profundamente… Compartieron vida y obra… Robert la animaba en su profesión y ella a él… No tuvieron rivalidades… Estudiaban juntos, comentaban, opinaban sobre lo que ambos hacían… Leían también similar literatura.

El hogar, marido e hijos (tuvieron 8), no impidió el triunfo profesional de Clara como concertista de piano y compositora, pues supo organizarse bien. A partir de los 15 años, y durante toda su vida, se cuenta entre los más importantes intérpretes de piano del siglo XIX junto a Liszt y Thalberg.

Eran humanos y no faltaron las fricciones, Robert, en ocasiones, se molestaba por las giras de Clara, incluso acompañándola tuvo que aprender a comprender y respetar las actividades de la esposa. Asimismo, Clara tuvo que armarse de paciencia para sobrellevar los trastornos psicológicos de Robert, quien se piensa tuvo “bipolaridad”, además de una enfermedad física adquirida en su primera juventud, que minó poco a poco su organismo… Al final de su vida (tenía apenas 46 años), su amante esposa, amigos y antiguos alumnos, lo acompañaron en aquellos últimos momentos en la casa de reposo donde hubo de recluirse. Murió en los brazos de ella, el hombre que no apostó a ser exitoso (aunque lo fue y mucho), sino a querer profundamente a su mujer…

Fue Clara quien más tarde, recopiló pacientemente toda la obra de Schumann que abarcó 35 volúmenes (destacándose sus bellísimas composiciones para piano y de música de cámara).

La última página del “diario” conyugal, esta fechada el día antes de la muerte de Clara (40 años después de la de su esposo). Con trazo suave escribió: “Allá voy”. En sus momentos finales, su nieto Ferdinand interpretó para ella una obra de Robert, y escuchándola, murió…

sábado, 15 de septiembre de 2007

Amor, Noviazgo y Responsabilidad

-Si todos lo hacen, si no causamos daño a nadie, si con la píldora o el preservativo podemos evitar un embarazo, ¿para qué esperar? ¿por qué no cerciorarnos -antes del matrimonio- si nos vamos a complementar en aspecto tan importante como el sexual?

La respuesta más inmediata a la anterior interrogante está en el reconocimiento de nuestra “altísima dignidad”, y la conducta que ésta implica para ser felices, pues nadie lo será realmente si actúa por debajo de la naturaleza humana dispuesta por el Creador....
Fuimos creados por amor…, ese amor de Dios que ama a cada uno por si mismo y que ubica a la humanidad por encima de toda la creación…, con un maravilloso destino, y es que al final de nuestros días, de habernos esforzado en vivir según la dignidad de hijos de Dios, estaremos con El para siempre, en eterna y absoluta felicidad.
Los Santos Evangelios, proclamados e interpretados por la Iglesia a la luz del Espíritu Santo, nos muestran la conducta propia de tan alta dignidad…, un camino que requiere reiterados esfuerzos para superar nuestras debilidades, no exento de caídas, pero también con la gracia de sentirnos acompañados y fortalecidos por Jesucristo, quien nos ayuda a levantarnos y a seguir adelante con la esperanza de alcanzar la “meta”. Nuestra vida es una prueba que mide nuestra capacidad de Amar realmente.
En la vida, debemos aprender a desear lo que se debe, es un ejercicio necesario de nuestro carácter…, asimismo a dominar nuestros instintos y deseos en atención a un bien superior…, por sublimación…, es decir, por ponernos a la altura propia de nuestra dignidad…, por amar como nuestro Creador dispuso que lo hiciéramos, de la forma más perfecta.
El amor entre un hombre y una mujer crece por etapas, el noviazgo es la primera de ellas, en el nos vamos conociendo e integrando espiritualmente, luego viene el matrimonio, que con la bendición de Dios, vuelve el amor “fecundo” e integra el alma y el cuerpo del hombre y de la mujer para hacerlos una sola carne y colaboradores directos en el Divino proyecto creador que no termina aún… Es en este contexto donde debe desarrollarse la intimidad sexual de la pareja…

La virginidad (virtud más perfecta) y la castidad, como sublimes formas de vida antes del matrimonio…, y por AMOR…, son valores o virtudes eternas, inherentes a la dignidad de la persona humana…, esto es así, sin importar lo que diga nuestra decadente sociedad al respecto…

Para un católico bien formado, las relaciones prematrimoniales no tienen sentido como fin en si mismas… Quizás haya quien tenga algún momento de debilidad durante el noviazgo, pero buscará retomar el camino y evitar nuevas ocasiones de faltar al ideal, honrando la propia dignidad, amor a Dios y a la novia(o)…

En cuanto a aquella interrogante superficial: “que si la pareja necesita comprobar si se complementa sexualmente o no, para establecerse en matrimonio…” La alta incidencia de separaciones (en muchos casos en malos términos), de parejas de “expertos” amantes…, parece afirmar que dicha complementariedad sexual no garantiza un buen matrimonio… Y es que dentro de la conyugalidad, la llamada “complementariedad sexual” se adquiere con el proceso de maduración del amor a lo largo del tiempo, del ejercicio de la intimidad de los esposos, de la entrega de sí con la voluntad generosa de hacer feliz al otro(a)…

Las causas del "boom" de las relaciones sexuales prematrimoniales -según las encuestas el 70 % de las parejas van al matrimonio habiéndolas tenido- hemos de buscarlas en la crisis familiar, en la cultura del anticonceptivo y en la hipersexualidad dominante.

La Iglesia las desaconseja, ciertamente…, en primer lugar, porque no forman parte de lo dispuesto por Dios para el digno comportamiento de sus hijos y su felicidad, como se menciona anteriormente.

Las relaciones sexuales prematrimoniales no son malas porque las prohíba la Iglesia, sino que la Iglesia las descarta porque han demostrado su inconveniencia. He aquí algunas razones para reflexionar al respecto, válidas para todos, sean o no creyentes:

1. Las relaciones sexuales prematrimoniales perjudican el amor. Los jóvenes que ya consiguen en el noviazgo, lo que deberían alcanzar en el matrimonio, pierden parte de su ilusión ¿se puede ir al matrimonio, con la ilusión de quienes esperan la primera entrega íntima dentro del contexto apropiado, cuando ya se han pertenecido totalmente de cualquier manera? Es claro que no.
Por otra parte, el no haber sido capases de esperar hasta el matrimonio, puede llevar después, a dudar el uno del otro. Porque también, una vez casados, se presentarán ocasiones (tentaciones) en que habrán de dominarse, y el precedente que tienen de su debilidad, no ayuda a la confianza.
Son significativos los resultados de un estudio llevado a cabo por la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos, según el cual, se da un mayor número de rupturas entre las parejas que han tenido relaciones sexuales previas al matrimonio, que entre las que no las han tenido. Y en España, según una encuesta sobre Fecundidad y Familia, entre las mujeres que tuvieron relaciones sexuales antes del matrimonio, se separaron después de cinco años el 26 %, mientras que sólo lo hicieron el 3.7 % -¡siete veces menos!- de las que se casaron sin haberlas tenido.

2. Las relaciones sexuales prematrimoniales pueden conducir a decisiones equivocadas. Si consultamos a varios cónyuges sobre su vida íntima matrimonial, nos indicarán que han necesitado varios años, en la mayoría de los casos, para ir acoplándose. Nos hablarán de la importancia del cariño, de la paz y del sosiego para que el acto sexual se realice a plena satisfacción de ambos.

Comparemos esa situación con la de los novios que quieren conocerse sexualmente: la tensión emocional derivada del hecho de ”no” estar actuando correctamente, de la inseguridad de la situación…; la posibilidad de que ella quede embarazada (pues ningún anticonceptivo es 100% seguro)…; el temor a defraudarse mutuamente, etc., etc., les conduce a experimentar sentimientos de ansiedad, confusión y culpa…, y luego, si se establecerse la costumbre de frecuentarse íntimamente, se suelen ir despertando sentimientos negativos que no ayudan a la consolidación del amor...

Ahora bien, como consecuencia de fracasos o malas experiencias íntimas en el noviazgo, algunos renuncian para siempre al matrimonio, quizás por desconfianza en si mismo(a) o en el otro(a), en los demás…, al decidir algo así ¿no están tomando una decisión drástica, que los aleja de sus propios valores y de la bendición futura de un matrimonio estable que en el fondo desean?

En cambio, si la experiencia sexual en el noviazgo fue, en apariencia, positiva ¿quiere esto decir que ya pueden ir tranquilos a la boda?, en modo alguno, hay cónyuges que comienzan bien su vida íntima y después desembocan en una verdadera inadaptación sexual, y es que quizás no vieron que habían descuidado todo lo demás, la maduración de otros aspectos de su personalidad y de su relación...

Vemos pues que ni en caso de ruptura porque la experiencia fue mal, ni en caso de seguir porque fue bien, son datos fiables para valorar positivamente la experiencia sexual prematrimonial.

3. Las relaciones sexuales prematrimoniales pueden afectar al hijo concebido en esas circunstancias. Porque esa posibilidad siempre existe, por muchas que sean las precauciones que se tomen. Y acaso los novios no están preparados para recibirle bajo esas circunstancias. Aparte de que la angustia e inseguridad en que viven los meses anteriores al nacimiento, no es el mejor ambiente para acoger al niño. Todo esto en el supuesto de que no se inclinen por "la solución" del aborto, con todo el trauma que puede suponer para una mujer el haber destruido a su hijo. "Es más fácil sacar a un niño del vientre de su madre -dice el psiquiatra inglés Frank Ayd- que sacarlo de su pensamiento".

Recordemos, entonces, la necesidad de tener un “sentido espiritual” del matrimonio, convencidos de que siendo importante en él, el aspecto sexual, en modo alguno es el único…; también que se deben poseer criterios claros sobre el noviazgo, un período de preparación al matrimonio, pero no un matrimonio anticipado…; y no olvidar evitar los peligros, porque la atracción del hombre y de la mujer busca su plenitud en la vida física y si no se evitan las ocasiones de riesgo, los resultados no se harán esperar. Siendo fieles a estos tres puntos, el problema de las relaciones prematrimoniales, se mitigará en gran parte, y el período de noviazgo se situará en su verdadero lugar cumpliendo aquel consejo del Fausto de Gounod: "Nunca entregues ligeramente tu amor hasta que lleves el anillo de la boda".

La castidad del cristiano no es represión…, sino Amor, convicción, responsabilidad, sublimación, es buscar el dominio de sí ejerciendo la dignidad que le es propia, para alcanzar el fin para el cual ha sido destinado por el Creador…

Por lo demás, si siendo novios, estáis confundidos respecto a este tema, reflexionad al respecto con la ayuda de un “buen” director espiritual…, aprended a actuar por amor a Cristo, y por ese amor que existe entre vosotros, que debe comenzar a hacerse maduro…, y veréis como vuestra vida se hará más luminosa y feliz…

L. Riesgo Menguez, y R.N.

MÁS QUE “TÉCNICA”…

Es importante que el hombre y la mujer estén claros en cuanto a su “dignidad como personas”, para actuar en consecuencia, sin dejarse llevar por ideologías en boga, completamente contrarias al verdadero sentido de la vida humana y a lo que realmente dispone a la felicidad.

Hoy en día, para muchas personas, el acto sexual ha perdido la espontaneidad de algo que debe brotar del “Amor” entre los esposos…, debido en gran parte…, a una excesiva preocupación por la “técnica” sexual, dejando de lado aspectos tan importantes como la afectividad, la ternura, la delicadeza, la comunicación, el respeto, la trascendencia…, resultando todo lo contrario a lo que supuestamente se pretende, la satisfacción en esta materia.

Para un significativo grupo de la sociedad actual, el “sexo” es lo más importante en las relaciones de pareja…, todo un pensamiento e industria millonaria gira en torno a él (al sexo), y busca modelarlo de acuerdo a sus intereses consumistas y de poder… El hombre y la mujer, el adolescente y hasta el niño, pretenden estar enterados de todo al respecto, y practicarlo si es posible…; muchas parejas conviven antes de casarse, a ver si lo hacen bien en la cama, para que, supuestamente, luego resulte el matrimonio… Sin embargo, la realidad viene siendo otra, estos adolescentes y niños se van formando en una serie de distorsiones sobre la afectividad que les hace difícil, más adelante, establecer una relación afectiva sana y estable…, la mayoría de aquellas parejas que han “probado” su destreza sexual o convivido en unión libre, se separan (aún si se casan)…, en muchos casos en malos términos… Entonces, parece ser que la fórmula de la felicidad es otra, y que el “sexo” es sólo un aspecto del complejo mundo de las relaciones humanas, donde lo trascendente y espiritual viene a constituir el verdadero eje de todo…

¡En realidad, la relación sexual entre un hombre y una mujer, unidos en matrimonio, debe basarse en el Amor...!, descubriendo, claro está, el significado real de este término, por lo demás, bastante tergiversado en estos tiempos…

La condición de máquina, que del ser humano maneja actualmente la ciencia, hace que se piense que el cuerpo debe funcionar de determinada manera (la que los seudo científicos piensan que debe ser), y como en realidad no hay tal, de allí tantas insatisfacciones, disfunciones, frustraciones…

Prolifera la información sobre técnicas sexuales, junto a la ideología que acompaña toda la cultura de la supuesta “liberación sexual”: libros, artículos en revistas y periódicos, opiniones seudo-científicas en TV, radio, etc., de los tales gurues de la sexología…, están en todas partes… Se le vende a la gente, que llevar a la práctica esa información es “progreso”, cuando en realidad, conlleva un serio retroceso en la “desarrollo” humano.

Muchas parejas se han visto perjudicadas por intentar seguir lo que se dice por allí…, derivando, inconscientemente o no, en un acercamiento egoísta, centrado en la propia satisfacción, pasando el otro a ser un accesorio más.

La excesiva preocupación por la “mecánica” sexual que busca el placer propio, frecuentemente ve en la respuesta del otro(a), sólo una referencia del desempeño particular para exaltar el ego o no… Cuando lo apropiado es sentir alegría por el “bienestar” de la persona amada, en el cual se ha puesto lo mejor de si…

Siempre el “amor” y la generosidad mutua, llegan a conseguir, por sus insospechados caminos, resultados superlativamente superiores a los “técnicos”.

La preocupación por las técnicas sexuales, tiene su base en el concepto de que el ser humano no es más que un animal desarrollado, y por lo mismo, lo más importante de sus relaciones sexuales será la cantidad de placer físico que ellas puedan producir. De esta idea absurda proviene la obsesiva ansiedad por buscar resultados cada vez más artificiosos, que siempre llevan al hastío sexual, a la consecuente infidelidad o promiscuidad, o a desviaciones cada vez más frecuentes.

Los esposos, en realidad, deben amarse libres de preocupaciones, sin que la ansiedad por un modelo de placer físico impuesto desde afuera, pueda empañar su espontaneidad, su alegría, su gozo al entregarse mutuamente.

Se debe reiterar, que no hay mejor técnica para el ajuste sexual de la pareja, que el verdadero amor mutuo, la consideración, el deseo de cada uno de hacer feliz al otro.

Claro que hay conocimientos teóricos básicos, que sobre el tema, cada uno debe tener, seleccionando bien las fuentes de las cuales se tomen... Y si hubiese algún problema físico o psicológico mayor, un buen especialista “católico” podrá ayudar… Pero no hay que olvidar, por ejemplo, que la supuesta experiencia del más avezado casanova, cuando se enamora verdaderamente y esta por primera vez con su mujer, no le sirve de nada, pues siempre es un comienzo entre dos personas que son únicas e irrepetibles, y que solo irán armonizando con el tiempo, poco a poco.

En el sexo se repite lo que ocurre en tantos otros aspectos de la vida: “que da mucha más felicidad el dar que el recibir”. Aquí tiene esto una especial significación porque, esencialmente, el acto conyugal es un don, un donarse, un entregarse generosamente.

La unión sentimental debe preceder a la unión de los cuerpos, esta última se convertirá así en expresión de un “amor” que ya existe en los corazones… Este “amor” se manifestará en la práctica, a lo largo de las más diversas situaciones de la vida.

No es lo mismo amor, que deseo, el amor es del alma y el deseo del cuerpo; el amor matrimonial debe ser integral: de alma y de cuerpo.

No hay que olvidar, entonces, que la unión sexual para estar verdaderamente en consonancia con la dignidad de la persona humana, con su naturaleza, no puede reducirse solamente a la búsqueda de sensaciones voluptuosas, sino que debe expresar, sobre todo, una fusión completa entre el hombre y la mujer, penetrando simultáneamente sus facultades del cuerpo y del espíritu.

Recordad pues que ser cristiano implica una forma de vida coherente con la condición de hijos de Dios… Así es que, queridos recién casados, amaos verdaderamente en Cristo, tened confianza en su “gracia”, y lo demás os llegará por añadidura…

J. Loring / con ap. de R.N.

martes, 4 de septiembre de 2007

Una bonita canción.



Some say love it is a river
That drowns the tender reed.
Some say love it is a razor
That leaves your soul to bleed.
Some say love it is a hunger
An endless, aching need.
I say love it is a flower,
And you it's only seed.
It's the heart afraid of breaking
That never learns to dance.
It's the dream afraid of waking
That never takes the chance.
It's the one who won't be taken,
Who cannot seem to give.
And the soul afraid of dying
That never learns to live.
When the night has been too lonely
And the road has been too long.
And you think that love is only
For the lucky and the strong.
Just remember in the winter
Far beneath the bitter snow
Lies the seed that with the sun's love,
In the spring, becomes the rose

domingo, 2 de septiembre de 2007

Y SURGIÓ EL AMOR

(basada en el Génesis)
Autor: David Beigleder / Intérprete: José Luis Rodríguez

Letra:
Al principio de la vida, de la luz y de la lluvia,
el hombre estaba sólo, sólo, sólo…;
tuvo miedo, mucho miedo, de la oscuridad y el viento,
tuvo miedo de las sombras, y del frío en el invierno,
de la noche solitaria, del silencio tan inmenso, de la tierra desolada…

Entonces de la mano del Señor,
surgió el amor hecho mujer, hecho mujer,
para calmar y compartir el frío,
y llenar la Tierra con los hijos infinitos…

Entonces de la mano del Señor,
surgió el amor hecho mujer, hecho mujer
para crear y compartir un techo y ahuyentar
la soledad y el miedo con amor.

sábado, 1 de septiembre de 2007

LA ÚLTIMA PINCELADA

En un lejano país, un joven artista soñaba con encontrar y pintar “lo más bello del mundo”. Era una ilusión que le inquietaba el alma.
Un día, al amanecer, se puso en camino... Se fue muy lejos, atravesando sitios de ensueño.
En cada lugar, buscó a los sabios y les hizo la misma pregunta: -¿Qué es lo más bello del mundo para que yo lo pinte? Pero ninguna respuesta lo satisfacía.
Un buen día se topó con un vagabundo y lo interrogó:
-“Amigo ¿Qué es lo más bello que existe?”
-“El amor”. Contestó melancólicamente el mendigo.
Más adelante, encontró a un soldado: -“La paz”. Afirmó el militar.
Una ancianita le respondió con una sonrisa: - “La fe, hijo”.
Entonces, como quien cae en cuenta…, en el alma de nuestro artista brilló de nuevo una ilusión, al tiempo que conjugaba las tres palabras: amor, paz y fe.
Inmediatamente emprendió el camino de regreso a su hogar... Al abrir la puerta de su casa y recibir el beso de bienvenida de su esposa, su corazón sintió renovado todo el amor que los había unido en matrimonio para toda la vida… Además, no sabía que había quedado embarazada, y no pudo contener un abrazo para el pequeñín que jugaba en la alfombra, y que lo miraba con rostro alegre e inocente…
Luego, al pasear la mirada por el modesto entorno, percibió que en ningún otro lugar del mundo había sentido aquella paz…, y no pudo menos que arrodillarse en una plegaria de gratitud y fe…
Esa misma noche decidió pintar, sintiéndose inspirado como nunca… Al cabo de un tiempo de mucho trabajo, pudo dar “la última pincelada” a un gran lienzo, donde se plasmaba una maravillosa obra de arte a la que llamó: Mi Hogar... En ella estaba representada su familia…, porque fue en su misma casa donde encontró “lo más bello del mundo”…

Bas. J.Otaolaurruchi

viernes, 17 de agosto de 2007

LA DESPEDIDA DE SOLTERO(A)

El ser humano tiende a destacar de una manera especial, los acontecimientos que marcan su vida, y uno de los más importantes es el Matrimonio, algo que el católico entiende como el Sacramento en el cual, por el mutuo consentimiento de los contrayentes, Dios les concede la “gracia” para santificar su unión conyugal y para cumplir bien los deberes matrimoniales, como son: la armonía conyugal, la fidelidad, el control de la concupiscencia, el dominio del carácter, la ayuda y el consuelo mutuos, la educación de los hijos, el sostenimiento del hogar, etc. De celebrar el paso de soltero(a) a casado(a), viene la costumbre de “la despedida de soltero(a)”.

Es frecuente encontrar a lo largo de la historia humana, que los amigos de cada uno de los novios, quieran cerrar con ellos una etapa de la vida y abrir otra de trascendencia singular. Las celebraciones dispuestas para ello, han sido reflejo del grado de desarrollo o decadencia de una determinada cultura, de sus virtudes o de sus vicios, del sentido trascendente o trivial con que miran el hecho en cuestión…

Por ejemplo, cuenta una antigua leyenda como posible inicio de esta tradición en Alemania, que los amigos de un hombre sin recursos para casarse debidamente con su novia, hicieron un alegre convite, donde los invitados llevaron como regalo para la pareja, todo aquello que necesitaban para establecer su nuevo hogar... Se observa que el valor fundamental fue la solidaridad fraterna, algo muy positivo.

En la actualidad se han popularizado cierto tipo de “despedidas de solteros(as)”, basadas casi exclusivamente en una genitalidad vulgarizada, y contrarias al alto sentido cristiano de la sexualidad humana…, al sentido de la vida, de la dignidad de la persona, del Sacramento que se va a recibir...

Ciertos grupos tachan a la Iglesia y a los ciudadanos de bien, como carcas o anticuados, al alertar sobre estas costumbres decadentes (embrutecedoras), cuando en realidad lo primitivo o caduco es lo otro…

Por lo demás, hay principios eternos que nunca dejarán de brillar aunque se los ignore, lamentablemente, la luz ha tenido que convivir con la oscuridad y sus graves consecuencias... El progreso real esta en reconocerse como Persona y actuar según la dignidad que ello implica, ayer, hoy y siempre…

Hoy vemos en “la despedida de soltero(a)” una fiesta escandalosa y chabacana, sin distingo de clase social, económica o cultural… Comúnmente separada la del novio y la de la novia, aunque ambas con parecidos excesos. En ella se pretende correr la última juerga salvaje antes de “sentar cabeza”, dejándose llevar por los más bajos instintos…

Respecto a lo de “sentar cabeza”, vale acotar que si la “cabeza” no se la tiene ya sentada de antemano, si no hay madurez en el individuo y respecto al tema de la boda…, la próxima ceremonia nupcial no hará el milagro de madurar lo verde…, vislumbrándose tormentas en el horizonte…, pues la “gracia”, no realizará de ordinario milagros, cuando las condiciones para un amor serio y auténtico, han fallado en su base…

Este modelo de “despedidas”, son impulsadas por ciertas ideologías en boga, así como por un comercio sin escrúpulos, cuyo objetivo es un consumista desbocado y manipulado por unos medios de comunicación mediocrizados…

El “menú” de muchos de estos “festejos” ofrece:
-alcohol en barra libre, e inclusive drogas, buscando la ebriedad o a la perdida de la conciencia;
-espectáculos subidos de tono con strippers que se encargan de alimentar la lascivia de los asistentes, siendo factible que, por una paga adicional, presten “servicios sexuales” a alguno de los asistentes, inclusive al novio o a la novia;
-juegos y chistes vulgares ligados a lo genital;
-música estridente con letras que trivializan el sexo…

La brevedad del espacio no permite extenderse en explicar detalladamente, por qué este tipo de “juergas” ofende al amoroso Creador que nos hizo a su imagen y semejanza, y que ofrece su bendición y gracia en el Sacramento del Matrimonio…; por qué se ofende también la dignidad de Persona del novio o novia que participa, y la del resto de los presentes…, y además, la del novio o novia ausente…; se ofende inclusive, el ideal supremo de civilización, que necesita de la coherencia de vida y ejemplaridad de los buenos individuos para construirse…, ideal que contempla un ser humano alegre en el dominio de si mismo, con esa disposición a una entrega limpia, generosa y plena al otro…

Pero lo más triste, es que un alto porcentaje de los participantes e inclusive promotores de tales excesos y faltas a la Moral, se dicen cristianos…, quizás lo sean, aunque muy ignorantes de su fe, o sin suficiente personalidad para hacer respetar sus valores…, todo lo cual no los exime de responsabilidades…

Entonces: ¿cómo celebrar una “despedida de soltero(a) cristianamente? Pues hay muchas formas, todas tan alegres, entusiastas y divertidas como la que más, y sobre todo coherentes con la fe que se profesa…

Antes que nada, hay que tener bien claro el sentido de la ocasión, se trata de un compartir entre amigos para manifestar sus parabienes al compañero(a) que se casa para perpetuar su amor y fundar una nueva familia… En esta “reunión” habrá recuerdos, anécdotas, acentos de sano humor (del inteligente y no del que se nutre simplemente del comodín de lo sexual), sana diversión, y hasta un momento para unas palabras y una oración por la felicidad del novio(a)…

Los hombres preferirán como “despedida”, por ejemplo, una cata de vinos y tapas, un día de fútbol, caza o pesca…, y las mujeres, la intimidad de una tarde de té, un paseo, un día de picnic o de salón de belleza… Otras opciones, indistintamente, pueden ser una tarde de juegos de mesa, un día de senderismo, una acampada, la repetición de un corto viaje a un lugar recordado como especialmente grato, etc., etc.


No es necesario que asista mucha gente, sólo los más cercanos y que compartan vivencias, recuerdos y valores parecidos, o que respeten los del agasajado…
En fin, que de darse la “despedida de soltero(a)”, se ejercite la sana imaginación en su preparación, ideando actividades interesantes, divertidas, alegres, dignas y nobles…, como corresponde a damas y caballeros cristianos…

miércoles, 8 de agosto de 2007

LUIS Y MARGARITA

A través de la historia, salvando modas, costumbres, circunstancias…, el ser humano ha sido esencialmente el mismo, por eso resulta interesante conocer la vida de quienes decidieron realizar su vocación al matrimonio con sentido trascendente, superando las dificultades con la gracia de Dios, y asumiendo la felicidad como “actitud” interna independientemente de las circunstancias exteriores…, como una disposición a la alegría, al optimismo y a la esperanza.

Se llamaba Luis como su padre, eran franceses, su madre, Blanca, natural de nuestras queridas tierras castellanas. La crónica ha recogido una frase que define la estructura moral sobre la que se cimentó la formación de nuestro protagonista, su madre le repetía: -“Hijo, te quiero como la madre más amante puede querer a su hijo, pero preferiría verte caer muerto a mis pies antes que saber que has cometido un solo pecado mortal”, palabras enmarcadas dentro de una educación centrada en el conocimiento y encuentro personal con Jesucristo, en el amor a Dios y al prójimo…, a través del estudio y la practica del Evangelio, de la oración y de los sacramentos…, de la practica de la caridad, asumiendo la vida como un maravilloso don y a la vez como una prueba, cuya superación alcanza el bien supremo, la felicidad eterna.

Luis era de buena presencia, militar hábil y valiente, estadista, se destacó por su justicia y bondad, especialmente con los más débiles y necesitados. Le tocó vivir una época convulsa (¿cuál no?); afrontó la adversidad con visión sobrenatural. Siendo el hijo mayor, muy joven tuvo que asumir responsabilidades, y supo honrarlas. Era alegre y sabía disfrutar los momentos de esparcimiento sanamente. A pesar de celebrar fiestas magnificas, no consintió las diversiones inmorales. Tampoco toleraba la obscenidad, ni la mundanidad exagerada.

Una anécdota, estando Luis con unos amigos, le preguntó al más cercano (Joinville): “¿Qué cosa es Dios?”, este le contestó: “Una cosa tan buena, que nada puede ser mejor que El”. “Bien dicho “, respondió Luis. “Pero dime: ¿preferirías contraer la lepra antes que ofenderlo, antes que cometer un pecado mortal?” (la lepra era una de las enfermedad más temidas). Y Joinville, muy sincero replicó: “Preferiría cometer treinta pecados mortales antes que contraer la lepra”, los presentes se sonrieron divertidos. Luis permaneció serio, y más tarde, en privado, le explicó que si bien su respuesta había sido sincera, estaba equivocada, y conversaron largo rato sobre los “novísimos” (cada una de las cuatro últimas situaciones del ser humano: muerte, juicio, infierno y gloria), todo un ejemplo de apostolado personal. También sabía proclamar sus principios públicamente, aún en situaciones adversas. Más tarde en su vida, estando preso en territorio enemigo (musulmán), no dejó sus prácticas piadosas, y ante las burlas insultantes de los guardias, respondía con tanta dignidad, que aquellos terminaron por dejarle en paz.

Llegó el momento en la vida del hombre, en que sintió con fuerza su vocación al matrimonio. Le habían hablado maravillas de una chica llamada Margarita, a quien el poeta Mistral llamó “sol de Provenza”. Por sus innumerables obligaciones, la distancia geográfica y costumbre de la época, Luis le pide a su madre Blanca que vaya a conocerla y le de su opinión, que resulta favorable.


Los jóvenes tenían referencias uno del otro, las mismas que despertaron, primero interés, luego ilusión, y al conocerse en persona, amor. Concretado el noviazgo, ambos decidieron guardar su virginidad hasta el matrimonio…, educados en el “autodominio”, sublimaron sus instintos para elevarse al modelo y dignidad de persona humana contemplado por el Creador… La gallardía, el valor, la amabilidad, el buen humor…, todo en Luis podía servir para seducir a las mujeres, pero sólo Margarita contó en su corazón y en sus brazos… Asimismo ella brillaba por su belleza, gracia, educación, alegría… pero su corazón pasó a pertenecer sólo a Luis.

Un 27 de Mayo se casaron, la alianza nupcial, como juramento de fidelidad llevaba escrito: “Fuera de esta alianza ¿podemos hallar amor?”.

Luis y Margarita de novios, mientras buscaban textos para su boda, leyeron en la Biblia la historia de Tobias y Sara (Tob. 8,4), impresionados por el mismo, conversaron al respecto y se dijeron: “si vamos a estar juntos toda la vida, por qué no iniciar nuestra convivencia siguiendo este ejemplo”, y así lo hicieron.

Vale acotar que para quien no tiene fe o sensibilidad espiritual, resulta incomprensible, imitar lo que se narra en el Libro Sagrado, pero para quien ama en Dios, los gestos heroicos se vuelven cotidianos. Luis y Margarita pasaron las primeras tres noches de su “luna de miel” en oración, en confidencias románticas, en expansiones de sus sentimientos, en compartir sus sueños de enamorados, en el diálogo… Este amor, buscó profundizar los sentimientos del corazón, antes de proceder a la consumación física del mismo… Luego, ya siendo un solo corazón, fueron un solo cuerpo…

La noche de bodas, en la que se aúnan el misterio y la pasión, las emociones más fuertes y las exaltaciones más embriagadoras, es la noche más personal de los esposos, única e inefable. El eterno Adán y la eterna Eva, presentes en los esposos, vuelven a conocerse y a atraerse, a buscarse y a encontrarse, a completarse y a superarse, a necesitarse y a fundirse en plenitud.

Comentario aparte, lamentablemente, ¡cuántas brutalidades y cuántas torpezas se comente en el primer encuentro intimo entre un hombre y una mujer… Para muchas parejas, comienza el principio del fin… Todo sucede, generalmente, por precipitación, falta de comunicación, de delicadeza, de psicología elemental. Marginando y contrariando las leyes de la fisiología y de la psicología, quieren ser un solo cuerpo antes de ser un solo corazón, y sólo logran frustraciones y rechazos.

El amor de Luis y Margarita, fue ternura y pasión, despliegue de sentimientos y entrega confiada, sin celos ni recelos, una fuente de felicidad. Llegó a ser grande, fiel y fecundo…, coronado por varios hijos…

Ese autodominio inicial de la pareja no fue el único, se expresó en diferentes circunstancias, por ejemplo: Por su estampa y elevada posición social, no le faltaron a Luis avances femeninos, ni a Margarita, masculinos, pero los rechazaron de plano.

Asimismo, durante el tiempo de Adviento y de Cuaresma, tenían la delicadeza de ofrecer a Dios la ausencia de su legítima intimidad conyugal, como gesto de amor, penitencia y oración… En esos períodos de abstinencia, el deseo por su esposa excitaba las fibras psicosomáticas de Luis, podía ceder legítimamente a sus impulsos, pero fiel a su alto ideal ascético, resistía, se levantaba de la cama y a pies descalzos paseaba por las ásperas baldosas del patio hasta que volvía a hallar la calma. A través del ejercicio de la moderación, se aseguraba un noble equilibrio vital...

No todo fue color de rosa. Antes de finalizar la larga luna de miel prevista, los amantes deben separarse, pues ocurre una situación bélica que Luis se ve obligado a enfrentar… Parece que la suegra, Doña Blanca, tuvo que ver algo en este regreso anticipado, pensando que la luna de miel ya iba muy larga para su gusto, movilizó sus influencias para que el hijo fuese llamado antes de tiempo, aún habiendo subalternos que hubieran podido solventar la situación… Amor de madre algo fuera de cause, bastante frecuente por lo demás…

A la temprana muerte del padre, Blanca, una gran mujer, había cuidado la educación de Luis y velado por sus intereses, madre e hijo se compenetraron mucho, ahora el hijo levantaba tienda aparte y esa separación causó arrestos de celo maternal… Ya Blanca no sería el único objeto del cariño y las atenciones de Luis. Compartir la felicidad y el amor del hijo debía haber sido la felicidad de la madre, y así fue más tarde, pero mientras, hubo que superar cierta rivalidad y tirantez inicial entre Blanca y Margarita.

Tenían una residencia amplia, en un ala habitaba la madre de Luis, y en la otra los esposos. Recién casados, los jóvenes enamorados no perdían ocasión de encontrarse íntimamente, aún durante el día. Al darse cuenta la suegra, pensó que ya era suficiente la noche para ello, y que tales manifestaciones de amor durante el día, restaban tiempo a las obligaciones de su hijo. Blanca los hostigaba, atravesándose en el camino de Luis cuando iba a buscar a Margarita, buscaba alguna excusa para desviarlo de su intención, asimismo con Margarita. Naturalmente, los cónyuges, gozando de sus plenos derechos, inventaron un sinnúmero de ardides para burlar la vigilancia de Blanca y encontrarse en cualquier oportunidad, como atestiguó el personal de servicio que se hizo cómplice de la pareja. La disposición del edificio ayudaba, el departamento donde regularmente estaba Margarita era en el piso bajo, y donde despachaba Luis, encima, ambos recintos unidos por una escalera de caracol. Cuando algún sirviente veía venir a Doña Blanca, avisaba para que a través de la discreta escalera, la suegra encontrara en el sitio que esperaba al hijo o a la nuera. Astucias de enamorados que todos hubiéramos aplaudido... Por todo ello el viejo dicho: “el casado, casa quiere”, por lo menos en los primeros tiempos de matrimonio.

Los esposos se querían y se respetaban entrañablemente; pero, no faltaron divergencias por sus temperamentos y gustos personales.

Luis era serio pero con buen sentido del humor, reservado, sobrio, muy trabajador y comprometido con muchas causas, sentía que sus responsabilidades venían de Dios y debía honrarlas para dejar un mundo mejor, hombre de oración y de acción. Margarita era más lírica, expansiva, desinhibida, le gustaban las fiestas y diversiones, el deporte (la equitación, cetrería…), la elegancia (ropa, joyas, perfumes…), y una brillante vida social.

Como marido amante e inteligente, Luis buscaba complacer a su esposa, si bien él prefería vestirse sencillamente, permitía que su esposa incursionara en su vestuario, pues Margarita se sentía mortificada por el contraste de sus lujosos trajes y los sencillos de él… Ese distinto enfoque, produjo discusiones conyugales, como ésta:
-Margarita, ¿te gustaría que me vistiera más lujosamente?
-Si, y hasta te lo pido.
-Acepto para complacerte, porque el matrimonio obliga al esposo a complacer a su esposa. Pero la ley es recíproca, por eso debes conformarte también con mi deseo.
-¿Cuál?
-Querida, que te vistas más modestamente.
Margarita, como es fácil imaginar, se hizo la sorda en esta oportunidad, y dejó en paz al marido…, hasta el próximo round…

Sólo después que Luis, años más tarde, regresó de la guerra donde vio grandes horrores, miseria y sufrimientos, se impuso evitar el lujo y vestir muy sobriamente, reservando los trajes de gala para ceremonias muy especiales, de todas formas, la sociedad distinguía su dignidad, no por la ropa, sino por su actitud y maneras.

Luis y Margarita se integraron armoniosamente como esposos y educadores de sus hijos, no fue fácil, pero el esfuerzo bien valió la pena. La madre les transmitía los primeros elementos de la fe y la oración. El padre les reservaba todos los días momentos de formación (sobre todo por la noche después de la jornada), y de esparcimiento (Luis gustaba mucho de pasear con sus hijos). La educación que Luis les brindaba, no consistía en clases ni sermones, era nutrida, espontánea y atrayente. En cierto sentido se hacía eco de la misma metodología de las parábolas, usada por Jesucristo. Empleaba el arte de conversar para relatar historias y anécdotas, donde destacaba las buenas obras para ser admiradas, y en cambio cuestionaba los malos actos. La oración familiar, diaria, era costumbre. El ejemplo fue fundamental para la educación de los hijos.

Con la muerte de Luis, acabó una convivencia matrimonial de 36 años, en los cuales vivieron alegrías y tristezas, disgustos y reconciliaciones, dolorosas separaciones y esperados retornos, enfermedades y satisfacciones… En fin, todo lo que acompaña a los esposos de todos los tiempos… Ah, por si no los habéis reconocido, la historia anterior fue la de Luis IX de Francia y Margarita de Provenza…

(Bas. en C. Miglioranza)