Inolvidable escena musical de una película clásica, que refleja la ilusión del amor…
martes, 25 de marzo de 2008
El Camino del Matrimonio: No te Olvides del Amor
Transportémonos a un museo de arte y detengámonos por unos instantes frente a una pintura abstracta. A través de ella podemos vislumbrar colores, formas, figuras, pero también podemos meternos en ella y tratar de pensar qué es lo que quiso transmitir el pintor. Dicha tarea no es fácil, pero es apasionante. Toda obra tiene un sentido para el pintor, no son simples pinceladas hechas al azar como muchos sostienen.
Ahora bien, al enfrentarnos al concepto del amor, podemos entrar con gran facilidad en una “Torre de Babel”, por los múltiples y variados significados, hasta a veces contrapuestos que se le dan en la actualidad. Éste es uno de los términos que más se utiliza, pero a la vez, uno de los que se abusa con más frecuencia, por tanto, tendremos que desenmarañarlo, llegar a entender, a develar lo que éste significa en su totalidad. Esto es fundamental, a la hora de preguntarnos ¿estoy enamorada/o?, al tomar la decisión de ponerse de novia/o, contraer matrimonio, etc.
Para adentrarnos en este tema tan apasionante, trasladémonos ahora a un cerro. A medida que lo escalemos iremos esclareciendo lo que significa el amor romántico, el amor de donación y llegaremos a la cumbre, donde nos encontraremos con el amor conyugal. Esto es un trabajo arduo, y por tanto, es recomendable para personas audaces, valientes y que quieran de verdad luchar contra corriente y consigo mismos.
Es la hora de emprender el viaje, y por tanto, es aconsejable luchar contra las dificultades que van a venir sin lugar a dudas; pero a no desanimarse ya que VALE LA PENA, si se quiere construir un matrimonio sólido.
Como indicamos el primer camino a recorrer es el amor romántico. Éste comprende el conocido enamoramiento. Según Tomás Melendo y Lourdes Millán Puelles (2002, pág 29) es “un amor sentimental, un amor estético y afectivo o de simpatía: de atracción física unida a un interés por la persona concreta de distinto sexo cuyas maravillas se comienzan a vislumbrar, y que, cuando resulta correspondido, despierta en los implicados un afán casi irresistible de verse y hablarse de nuevo, de saber más del otro, de relacionarse”. También expresan que “vivimos más en el otro que en nosotros mismos: es él quien otorga su entero significado a todo aquello con lo que nos relacionamos”. (o.c, 2002, pág.29)
El estar enamorado se caracteriza por estar “flotando en las nubes”, tener la sensación de tocar el techo y saltar de júbilo, por no ver la hora de encontrarse, a su vez, por parecer como si los minutos pasaran muy lentos cuando no se está con el/ella y por el contrario vuelan, cuando se están juntos. Todo esto surge de manera espontánea, nadie decide o se propone estar enamorado de una persona y por tanto, no exige esfuerzo de nuestra parte. Como expresa Hervada (1975, pág. 37): “el amante aparece como sujeto pasivo; el amor es algo que nace en él y no producido por él”. Por esta razón, es muy común sentir frases como esta: “el amor es más fuerte que yo”. Éste afecto inicial es limitado ya que reside en las emociones, en el sentimiento, que por naturaleza es instantáneo y cambiable, y por ello, esto es incapaz para adquirir compromisos y ser fieles a ellos.
De acuerdo a ello, este amor ha de madurar y desarrollarse. El aspecto negativo de este tipo de amor al cual no podemos dejar a un lado, es el de idealizar a la persona a quien se ama, el no ver más que sus cualidades positivas, e incluso magnificarlas, y por esta razón, no amamos tal cual es en verdad la persona, sino sólo un espejismo de la misma. Esto acarrea un desengaño si no se trata de perseguir el camino de querer al otro por lo que realmente es, por lo que tiene de único e irrepetible y no por las cualidades que tiene, como ser su aspecto físico, que en última instancia esto puede ser común a otras personas.
El segundo mojón, que nos encontramos en el camino que estamos recorriendo es el llamado amor de donación, el cual se caracteriza por establecer sus orígenes en el amor romántico, pero tiene otro género. Nace con vocación de una inclinación a la entrega de nuestro propio yo personal para siempre desde lo más profundo del ser, es decir, que nos descentramos de nosotros mismos para querer al otro no ya sólo desde la sensibilidad y las emociones, sino también, a través del entendimiento y la voluntad. También pesan más las cualidades personales, es decir, el quién eres, lo que eres o cómo eres. Las virtudes físicas o espirituales, según Tomás Melendo (2001 en o.c. 2002, pág. 36), “dejan de ser comunes o similares a las de otros individuos … y se atenúa casi hasta el infinito la posibilidad -¡la tentación!- de sentirnos atraídos por atributos semejantes de personas diversas: sencillamente porque al enraizarlos hasta la hondura de la condición personal, los de quien amamos se han trocado inesquivablemente únicos, sin parangón, y nada parecido podríamos encontrar”.
Y ahora nos preguntarnos, ¿cuál es el signo de que estamos frente a una auténtica entrega? No se requiere más que una palabra para contestar, FELICIDAD. Un noviazgo, un matrimonio es más feliz cuanto más grande sea la entrega mutua y esto requiere bajar de la escena al egoísmo, al individualismo, etc. y dejar que pase a ser el actor principal de la obra, la entrega, el desvivirse por el otro.
Después de recorrer un largo trecho, hemos llegado a la meta. Aquí nos encontramos con el amor conyugal. Tomás Melendo y Lourdes Millán-Puelles (o.c. 2002, pág 39) señalan que “es la elección consciente, libremente asumida, de entregarse por completo al otro, aceptándolo y queriéndolo tal como es, con objeto de formar una familia”. De esta manera el matrimonio se construye sobre roca, y no sobre arena. Por otra parte Hervada (o.c. 1975, pág. 30-31)) indica que: “el amor conyugal propiamente dicho no es –en su núcleo esencial- sentimiento afectuoso, ni instinto, ni enamoramiento; es voluntad de y en tendencia a la unión que impele y ordena a las distintas potencias del ser humano hacia ella, hacia la unión, según las exigencias de justicia y de ley natural que son inherentes a esa unión”.
El acto conyugal, no es un juego, sino una manifestación muy profunda de unión, de quienes se han entregado para siempre por medio del compromiso. Dicho amor conyugal, podrán alcanzarlo si hay un don de sí: fiel, perpetuo y profundo, como mencionan los autores recientemente citados. Ahora bien, no hay que pasar de largo que el acto conyugal para que sea auténtico tiene que ser fruto de la entrega y por tanto, una persona no puede ser usada, cosificada. Un síntoma claro de dicha cosificación, es el hastío, la soledad, la melancolía, la tristeza, el sentirse un vacío en su vida, etc. Por dicha razón, es importante tener presente que no se puede jugar con fuego.
Todo este recorrido que hicimos, puede servirnos como brújula para no perder el Norte, el cual es fundamental para ser feliz. Esto no es poca cosa, ya que es difícil encontrarse a alguien en la vida que decida no serlo. A su vez, como todo camino a recorrer uno puede desviarse por múltiples razones, pero lo más fantástico, es que siempre se pueda volver a empezar.
Por F. Beltrán
Bibliografía:
Melendo, Tomás (2001): “Las dimensiones de la persona”. Palabra. Madrid.
Melendo, Tomás y Millán-Puelles, Lourdes (2002): “Asegurar el amor”. Rialp. Madrid.
Hervada (1975): “Diálogos sobre el Amor y el Matrimonio” EUNSA Pamplona.
Ahora bien, al enfrentarnos al concepto del amor, podemos entrar con gran facilidad en una “Torre de Babel”, por los múltiples y variados significados, hasta a veces contrapuestos que se le dan en la actualidad. Éste es uno de los términos que más se utiliza, pero a la vez, uno de los que se abusa con más frecuencia, por tanto, tendremos que desenmarañarlo, llegar a entender, a develar lo que éste significa en su totalidad. Esto es fundamental, a la hora de preguntarnos ¿estoy enamorada/o?, al tomar la decisión de ponerse de novia/o, contraer matrimonio, etc.
Para adentrarnos en este tema tan apasionante, trasladémonos ahora a un cerro. A medida que lo escalemos iremos esclareciendo lo que significa el amor romántico, el amor de donación y llegaremos a la cumbre, donde nos encontraremos con el amor conyugal. Esto es un trabajo arduo, y por tanto, es recomendable para personas audaces, valientes y que quieran de verdad luchar contra corriente y consigo mismos.
Es la hora de emprender el viaje, y por tanto, es aconsejable luchar contra las dificultades que van a venir sin lugar a dudas; pero a no desanimarse ya que VALE LA PENA, si se quiere construir un matrimonio sólido.
Como indicamos el primer camino a recorrer es el amor romántico. Éste comprende el conocido enamoramiento. Según Tomás Melendo y Lourdes Millán Puelles (2002, pág 29) es “un amor sentimental, un amor estético y afectivo o de simpatía: de atracción física unida a un interés por la persona concreta de distinto sexo cuyas maravillas se comienzan a vislumbrar, y que, cuando resulta correspondido, despierta en los implicados un afán casi irresistible de verse y hablarse de nuevo, de saber más del otro, de relacionarse”. También expresan que “vivimos más en el otro que en nosotros mismos: es él quien otorga su entero significado a todo aquello con lo que nos relacionamos”. (o.c, 2002, pág.29)
El estar enamorado se caracteriza por estar “flotando en las nubes”, tener la sensación de tocar el techo y saltar de júbilo, por no ver la hora de encontrarse, a su vez, por parecer como si los minutos pasaran muy lentos cuando no se está con el/ella y por el contrario vuelan, cuando se están juntos. Todo esto surge de manera espontánea, nadie decide o se propone estar enamorado de una persona y por tanto, no exige esfuerzo de nuestra parte. Como expresa Hervada (1975, pág. 37): “el amante aparece como sujeto pasivo; el amor es algo que nace en él y no producido por él”. Por esta razón, es muy común sentir frases como esta: “el amor es más fuerte que yo”. Éste afecto inicial es limitado ya que reside en las emociones, en el sentimiento, que por naturaleza es instantáneo y cambiable, y por ello, esto es incapaz para adquirir compromisos y ser fieles a ellos.
De acuerdo a ello, este amor ha de madurar y desarrollarse. El aspecto negativo de este tipo de amor al cual no podemos dejar a un lado, es el de idealizar a la persona a quien se ama, el no ver más que sus cualidades positivas, e incluso magnificarlas, y por esta razón, no amamos tal cual es en verdad la persona, sino sólo un espejismo de la misma. Esto acarrea un desengaño si no se trata de perseguir el camino de querer al otro por lo que realmente es, por lo que tiene de único e irrepetible y no por las cualidades que tiene, como ser su aspecto físico, que en última instancia esto puede ser común a otras personas.
El segundo mojón, que nos encontramos en el camino que estamos recorriendo es el llamado amor de donación, el cual se caracteriza por establecer sus orígenes en el amor romántico, pero tiene otro género. Nace con vocación de una inclinación a la entrega de nuestro propio yo personal para siempre desde lo más profundo del ser, es decir, que nos descentramos de nosotros mismos para querer al otro no ya sólo desde la sensibilidad y las emociones, sino también, a través del entendimiento y la voluntad. También pesan más las cualidades personales, es decir, el quién eres, lo que eres o cómo eres. Las virtudes físicas o espirituales, según Tomás Melendo (2001 en o.c. 2002, pág. 36), “dejan de ser comunes o similares a las de otros individuos … y se atenúa casi hasta el infinito la posibilidad -¡la tentación!- de sentirnos atraídos por atributos semejantes de personas diversas: sencillamente porque al enraizarlos hasta la hondura de la condición personal, los de quien amamos se han trocado inesquivablemente únicos, sin parangón, y nada parecido podríamos encontrar”.
Y ahora nos preguntarnos, ¿cuál es el signo de que estamos frente a una auténtica entrega? No se requiere más que una palabra para contestar, FELICIDAD. Un noviazgo, un matrimonio es más feliz cuanto más grande sea la entrega mutua y esto requiere bajar de la escena al egoísmo, al individualismo, etc. y dejar que pase a ser el actor principal de la obra, la entrega, el desvivirse por el otro.
Después de recorrer un largo trecho, hemos llegado a la meta. Aquí nos encontramos con el amor conyugal. Tomás Melendo y Lourdes Millán-Puelles (o.c. 2002, pág 39) señalan que “es la elección consciente, libremente asumida, de entregarse por completo al otro, aceptándolo y queriéndolo tal como es, con objeto de formar una familia”. De esta manera el matrimonio se construye sobre roca, y no sobre arena. Por otra parte Hervada (o.c. 1975, pág. 30-31)) indica que: “el amor conyugal propiamente dicho no es –en su núcleo esencial- sentimiento afectuoso, ni instinto, ni enamoramiento; es voluntad de y en tendencia a la unión que impele y ordena a las distintas potencias del ser humano hacia ella, hacia la unión, según las exigencias de justicia y de ley natural que son inherentes a esa unión”.
El acto conyugal, no es un juego, sino una manifestación muy profunda de unión, de quienes se han entregado para siempre por medio del compromiso. Dicho amor conyugal, podrán alcanzarlo si hay un don de sí: fiel, perpetuo y profundo, como mencionan los autores recientemente citados. Ahora bien, no hay que pasar de largo que el acto conyugal para que sea auténtico tiene que ser fruto de la entrega y por tanto, una persona no puede ser usada, cosificada. Un síntoma claro de dicha cosificación, es el hastío, la soledad, la melancolía, la tristeza, el sentirse un vacío en su vida, etc. Por dicha razón, es importante tener presente que no se puede jugar con fuego.
Todo este recorrido que hicimos, puede servirnos como brújula para no perder el Norte, el cual es fundamental para ser feliz. Esto no es poca cosa, ya que es difícil encontrarse a alguien en la vida que decida no serlo. A su vez, como todo camino a recorrer uno puede desviarse por múltiples razones, pero lo más fantástico, es que siempre se pueda volver a empezar.
Por F. Beltrán
Bibliografía:
Melendo, Tomás (2001): “Las dimensiones de la persona”. Palabra. Madrid.
Melendo, Tomás y Millán-Puelles, Lourdes (2002): “Asegurar el amor”. Rialp. Madrid.
Hervada (1975): “Diálogos sobre el Amor y el Matrimonio” EUNSA Pamplona.
jueves, 21 de febrero de 2008
Arquidiócesis de Valencia Ofrece Preparación para el Matrimonio vía Internet
VALENCIA, 21 Feb. 08 /(ACI).- La Arquidiócesis de Valencia informó que gracias a la "Escuela de Novios", cientos de jóvenes españoles e italianos han recibido su formación para el matrimonio a través de Internet.
Desde que hace dos años se inició la modalidad ‘on line’, "ha aumentado muy notablemente el número de parejas de novios que nos solicitan el servicio", indicó el director de la Escuela, P. Enrique Orquín, en una entrevista concedida a la agencia AVAN.
La idea de ofrecer el servicio de formación para el matrimonio a través de internet surgió a pedido de varias parejas de novios que "viven en lugares diferentes y tienen incompatibilidades horarias para asistir a los cursillos prematrimoniales presenciales", indicó el presbítero.
La iniciativa busca que "los cursillos prematrimoniales" se puedan "ampliar a varios meses y adquirir una función de acompañamiento formativo para los novios", pues, si "se reducen a un breve espacio de tiempo antes de la boda, pueden tener una función informadora, pero difícilmente formadora de lo que significa vivir cristianamente en matrimonio", acotó.
La Escuela de Novios, que funciona en su modalidad presencial desde hace ocho años, comenzó a dictar los cursos por Internet hace dos años. El primer año la mayoría de parejas eran de Madrid, "pero este año contamos también con novios de Alicante, Barcelona, Córdoba, Badajoz, Sevilla, Jaén, Huesca, Benidorm, Cáceres, Plasencia, Pamplona o Toledo", afirmó el P. Orquín
Para más información e inscripciones escribir a: escueladenovios@escuelagalilea.com
Desde que hace dos años se inició la modalidad ‘on line’, "ha aumentado muy notablemente el número de parejas de novios que nos solicitan el servicio", indicó el director de la Escuela, P. Enrique Orquín, en una entrevista concedida a la agencia AVAN.
La idea de ofrecer el servicio de formación para el matrimonio a través de internet surgió a pedido de varias parejas de novios que "viven en lugares diferentes y tienen incompatibilidades horarias para asistir a los cursillos prematrimoniales presenciales", indicó el presbítero.
La iniciativa busca que "los cursillos prematrimoniales" se puedan "ampliar a varios meses y adquirir una función de acompañamiento formativo para los novios", pues, si "se reducen a un breve espacio de tiempo antes de la boda, pueden tener una función informadora, pero difícilmente formadora de lo que significa vivir cristianamente en matrimonio", acotó.
La Escuela de Novios, que funciona en su modalidad presencial desde hace ocho años, comenzó a dictar los cursos por Internet hace dos años. El primer año la mayoría de parejas eran de Madrid, "pero este año contamos también con novios de Alicante, Barcelona, Córdoba, Badajoz, Sevilla, Jaén, Huesca, Benidorm, Cáceres, Plasencia, Pamplona o Toledo", afirmó el P. Orquín
Para más información e inscripciones escribir a: escueladenovios@escuelagalilea.com
domingo, 10 de febrero de 2008
LA DURACION DE LOS NOVIAZGOS
ES CORRECTO PLANEAR Y ADQUIRIR LO NECESARIO PARA LLEVAR UNA VIDA FAMILIAR DIGNA, PERO ESTO NO DEBE SER EL PRETEXTO PARA RETRASAR INDEFINIDAMENTE UN COMPROMISO...
Por José Luis Olaizola. Premio Planeta.
Se está volviendo a poner de moda el que la gente se case, pero dentro de la línea de la sociedad de consumo, lo que trae como consecuencia el que muchos se casen tarde y mal. No es insólito el que se oigan comentarios de este porte: «¡Quién lo iba a decir! Fulanito y Zutanita después de catorce años de noviazgo se casan y al año se separan. No será porque no tuvieron tiempo de conocerse.» Por supuesto, tuvieron tiempo de conocerse y de aburrirse de tanto conocerse. Cuando el noviazgo se alarga demasiado, para lo único que sirve es para coger mañas.
Cada caso es un caso en esto de la duración del noviazgo, pero el más frecuente, hoy en día, es que los novios necesitan tener tantas cosas para casarse, que cuando las consiguen ya no les quedan fuerzas para lo principal: quererse, crear una familia, educar a los hijos y educarse ellos mismos en la interesante aventura de perseverar en el amor. Para enamorarse de una encantadora joven de dieciocho años, o viceversa, sirve cualquiera. Para seguir enamorado cuarenta años después hace falta, además, cierta dosis de inteligencia.
Dada mi afición a escribir novelas que me obligan a adentrarme en el pasado, he podido constatar cómo, según discurren los siglos, se retrasa la edad para contraer matrimonio. En tiempos del Cid Campeador -siglo XI- los caballeros se casaban siendo donceles y las doncellas a los doce o trece años, apenas alcanzada la pubertad. Por supuesto no tenían problemas de piso. La gente del pueblo se alzaba una casa en poco más de un mes con ayuda de los vecinos; entonces para vivir sólo precisaban de cuatro paredes y un tejado. El suelo era de tierra apisonada y no tenían fontanería, ni electricidad, ni las diversas tomas de tantos artilugios como se concitan en los modernos habitáculos de la actual sociedad de consumo.
Cuatro siglos después, en el XVI, las cosas no han cambiado demasiado y, a lo más, la edad de matrimoniar se retrasa en un par de años. La madre de Teresa de Jesús, la encantadora doña Beatriz de Ahumada, casó de trece años y alcanzó a tener diez hijos. Catalina de Aragón, la que con el tiempo fuera esposa legítima del temible Enrique VIII de Inglaterra, había casado previamente con el hermano mayor, el príncipe Arturo, ambos rondando los quince años, y produjo gran asombro que no lograran consumar el matrimonio, lo que atribuyeron a enfermedad del príncipe, que murió un año después. En el siglo XIX la cosa se mantiene dentro de unos términos razonables y las doncellas casan de diecisiete, dieciocho o, como mucho, de diecinueve años. La debacle se produce mediado el siglo XX, en el que con pocos lustros de diferencia tanto se demoran los matrimonios -una media de diez años- que las doncellas tienen muy pocas posibilidades de seguir siendo tales cuando lo contraen. Las cosas claras.
¿Por qué se alargan tanto los noviazgos y se demoran los matrimonios? Porque hoy en día los contrayentes entienden que el cariño, para que no se marchite, debe estar debidamente enmarcado; piso, coche/s, televisor, vídeo, cadena musical, viaje de novios transoceánico y suma y sigue. Consecuencia: presupuestos millonarios para la celebración y para su posterior mantenimiento.
-¿Y usted a qué edad se casó?
-Pues yo, amable lectora, me casé de veintitrés años y mi prometida tenía dos menos. De viaje de novios nos fuimos a El Escorial y luego nos acomodamos en un piso viejo, de renta antigua; en eso tuvimos suerte, pero como no disponía ni de ascensor, ni calefacción, ni nevera, ni nada de nada, hay que reconocer que vivíamos por cuatro perras gordas. Comprendo que las cosas han cambiado, pero aquella carencia tenía su encanto. Ibas accediendo al disfrute de las cosas poco a poco. El primer coche utilitario, el primer viaje al extranjero, la primera vez que salías a cenar a un restaurante, los primeros veraneos en la playa. Y, por supuesto, la primera vez que hacías el amor con tu novia que ya era tu esposa.
-¿Pero qué dice usted?
-Por favor no se ofenda. Entonces los noviazgos eran más cortos y más controlados. No digo que saliéramos con carabina, pero tampoco se nos daban tantas facilidades. Ahora esos noviazgos tan largos, con salidas nocturnas hasta altas horas de la madrugada, con viajes colectivos en los que no por eso las parejas dejan de estar individualizadas... En fin, qué le voy a contar que usted no sepa.
-Le veo a usted un poco pesimista.
-No quisiera. Pero insisto en que conviene llegar al matrimonio con un buen bagaje de ilusiones y no irlas desgajando durante el noviazgo. Y, por supuesto, con cierto espíritu de sacrificio. A los novios que se acostumbran a un noviazgo largo, ambos con coche a la puerta, cenas en restaurantes de moda, esquí navideño en los Alpes y vacaciones en el Caribe, cada vez les cuesta más dar el paso al frente.
-¿No estará usted exagerando un poco?
-Eso espero.
Por José Luis Olaizola. Premio Planeta.
Se está volviendo a poner de moda el que la gente se case, pero dentro de la línea de la sociedad de consumo, lo que trae como consecuencia el que muchos se casen tarde y mal. No es insólito el que se oigan comentarios de este porte: «¡Quién lo iba a decir! Fulanito y Zutanita después de catorce años de noviazgo se casan y al año se separan. No será porque no tuvieron tiempo de conocerse.» Por supuesto, tuvieron tiempo de conocerse y de aburrirse de tanto conocerse. Cuando el noviazgo se alarga demasiado, para lo único que sirve es para coger mañas.
Cada caso es un caso en esto de la duración del noviazgo, pero el más frecuente, hoy en día, es que los novios necesitan tener tantas cosas para casarse, que cuando las consiguen ya no les quedan fuerzas para lo principal: quererse, crear una familia, educar a los hijos y educarse ellos mismos en la interesante aventura de perseverar en el amor. Para enamorarse de una encantadora joven de dieciocho años, o viceversa, sirve cualquiera. Para seguir enamorado cuarenta años después hace falta, además, cierta dosis de inteligencia.
Dada mi afición a escribir novelas que me obligan a adentrarme en el pasado, he podido constatar cómo, según discurren los siglos, se retrasa la edad para contraer matrimonio. En tiempos del Cid Campeador -siglo XI- los caballeros se casaban siendo donceles y las doncellas a los doce o trece años, apenas alcanzada la pubertad. Por supuesto no tenían problemas de piso. La gente del pueblo se alzaba una casa en poco más de un mes con ayuda de los vecinos; entonces para vivir sólo precisaban de cuatro paredes y un tejado. El suelo era de tierra apisonada y no tenían fontanería, ni electricidad, ni las diversas tomas de tantos artilugios como se concitan en los modernos habitáculos de la actual sociedad de consumo.
Cuatro siglos después, en el XVI, las cosas no han cambiado demasiado y, a lo más, la edad de matrimoniar se retrasa en un par de años. La madre de Teresa de Jesús, la encantadora doña Beatriz de Ahumada, casó de trece años y alcanzó a tener diez hijos. Catalina de Aragón, la que con el tiempo fuera esposa legítima del temible Enrique VIII de Inglaterra, había casado previamente con el hermano mayor, el príncipe Arturo, ambos rondando los quince años, y produjo gran asombro que no lograran consumar el matrimonio, lo que atribuyeron a enfermedad del príncipe, que murió un año después. En el siglo XIX la cosa se mantiene dentro de unos términos razonables y las doncellas casan de diecisiete, dieciocho o, como mucho, de diecinueve años. La debacle se produce mediado el siglo XX, en el que con pocos lustros de diferencia tanto se demoran los matrimonios -una media de diez años- que las doncellas tienen muy pocas posibilidades de seguir siendo tales cuando lo contraen. Las cosas claras.
¿Por qué se alargan tanto los noviazgos y se demoran los matrimonios? Porque hoy en día los contrayentes entienden que el cariño, para que no se marchite, debe estar debidamente enmarcado; piso, coche/s, televisor, vídeo, cadena musical, viaje de novios transoceánico y suma y sigue. Consecuencia: presupuestos millonarios para la celebración y para su posterior mantenimiento.
-¿Y usted a qué edad se casó?
-Pues yo, amable lectora, me casé de veintitrés años y mi prometida tenía dos menos. De viaje de novios nos fuimos a El Escorial y luego nos acomodamos en un piso viejo, de renta antigua; en eso tuvimos suerte, pero como no disponía ni de ascensor, ni calefacción, ni nevera, ni nada de nada, hay que reconocer que vivíamos por cuatro perras gordas. Comprendo que las cosas han cambiado, pero aquella carencia tenía su encanto. Ibas accediendo al disfrute de las cosas poco a poco. El primer coche utilitario, el primer viaje al extranjero, la primera vez que salías a cenar a un restaurante, los primeros veraneos en la playa. Y, por supuesto, la primera vez que hacías el amor con tu novia que ya era tu esposa.
-¿Pero qué dice usted?
-Por favor no se ofenda. Entonces los noviazgos eran más cortos y más controlados. No digo que saliéramos con carabina, pero tampoco se nos daban tantas facilidades. Ahora esos noviazgos tan largos, con salidas nocturnas hasta altas horas de la madrugada, con viajes colectivos en los que no por eso las parejas dejan de estar individualizadas... En fin, qué le voy a contar que usted no sepa.
-Le veo a usted un poco pesimista.
-No quisiera. Pero insisto en que conviene llegar al matrimonio con un buen bagaje de ilusiones y no irlas desgajando durante el noviazgo. Y, por supuesto, con cierto espíritu de sacrificio. A los novios que se acostumbran a un noviazgo largo, ambos con coche a la puerta, cenas en restaurantes de moda, esquí navideño en los Alpes y vacaciones en el Caribe, cada vez les cuesta más dar el paso al frente.
-¿No estará usted exagerando un poco?
-Eso espero.
sábado, 2 de febrero de 2008
LA HISTORIA DE AMOR DE FERNANDO DE TIROL Y PHILIPPINE WELSER
Philippine procedía de una famosa y adinerada familia de mercaderes, los Welser, radicados en la ciudad alemana de Augsburgo. Bartolomé Welser, prestó al emperador y rey de España Carlos V, doce toneladas de oro, por lo que el soberano le concedió el cargo de consejero secreto. Para la época, la familia Welser tenía en sus manos el mercado mundial de especias y estaño.
Philippine, era una joven hermosa de ojos azules, cabello oscuro, y piel muy blanca. Tuvo muchos pretendientes, pues era un excelente partido pero, en un año rechazó a 28, y es que quería encontrar, para esposo, a un caballero en todo el sentido de la palabra.
El Archiduque del Tirol, Fernando, segundo hijo de los reyes checos, Ana de Jagellón y Fernando I de Habsburgo, era cauteloso también para escoger a su futura esposa. El joven rechazó oportunidades de matrimonio con damas de la alta nobleza de Francia y Portugal, incluso a María Stuart… Hasta que conoció a Philippine Welser.
Ocurrió en Augsburgo durante la visita el emperador Carlos V, tío de Fernando. El soberano, acompañado de su hermano, el rey checo Fernando I, y por su sobrino el Archiduque Fernando, fue recibido con todos los honores en la casa de los Welser, que ofrecieron con ese motivo, un gran festín.
Pero he aquí que la mirada del joven Fernando no podía apartarse de Philippine, a quien tampoco le era indiferente. Durante el resto de la velada, Fernando buscó en todo momento, la oportunidad de acercarse a la joven.
Al día siguiente, el padre de Philippine, hombre perspicaz, para quien no pasó desapercibida la simpatía mutua de los jóvenes, decidió mandar a su hija lejos, para protegerla de un amor prohibido en aquellos tiempos, desde el punto de vista social y político.
Así Philippine Welser, a sus veinte años de edad, fue trasladada al castillo de Breznice, en Bohemia del Sur, donde residía la hermana de su madre, Katerina Loksanská. Si bien este edifico quedaba distante de Augsburgo, resultó más cerca de la corte de Fernando. La vida del castillo era muy activa socialmente, y ahora la frecuentaba el joven Archiduque del Tirol.
En la Primavera del año 1557, diez años después de que Fernando y Philippine se encontrasen por primera vez, se celebró en los bosques alrededor de Breznice, una extenuante partida de caza, después de la cual hubo una gran celebración… Al anochecer, anfitriones, invitados y sirvientes, se retiraron a dormir exhaustos… Sin embargo, la cocinera principal, Margarita, padecía insomnio. En la madrugada, escuchó un golpe de puerta y salió a los corredores para indagar. En una escalera, divisó una figura femenina vestida de blanco, que confundió con un fantasma, y huyó asustada hasta su cuarto.
No se dio tiempo para ver que la dama vestida de blanco, era seguida por una figura masculina, y otras cinco personas más. Todos se dirigieron, sigilosamente, a la capilla del castillo donde se celebró el matrimonio secreto entre Fernando del Tirol y Philippine Welser. Todo había sido preparado cuidadosamente.
Al final de la ceremonia, el sacerdote pronunció unas palabras insólitas: -“Exhorto a los presentes a que confirmen con un juramento solemne, aquí, ante el altar de Dios, que no revelarán a nadie, aún bajo amenaza, que su Alteza Real, el príncipe Fernando, ha tomado por esposa a Philippine Welser”. Seguidamente hizo firmar a los testigos, un escrito en el que constaba su presencia, y que hasta su muerte, mantendrían en secreto el evento.
Un año después, el 15 de Junio de 1558, una hora antes de la medianoche, nació el primer hijo de esta pareja. El alumbramiento fue asistido por Andrea Mattioli, desde 1555 médico privado de Fernando, en Praga, y autor de un famoso herbario con 60 ediciones en distintos idiomas. También tuvo que jurar que jamás diría nada a nadie.
Cuando al día siguiente el portero del castillo de Breznice, abría la puerta principal, vio a un bebe envuelto humildemente, y lo llevo a Philippine…, quien se ofreció a darle cobijo al “niño abandonado”… Le puso por nombre Andreas, y de la misma manera adoptó el 22 de Noviembre de 1560, a Carlos.
Pero llegó el momento en que Philippine no pudo más con su situación, y decidió aprovechar una audiencia que ofrecía el Emperador, durante la cual, los vasallos que quisieran, podían expresarle alguna súplica.
Vestida de luto regio, y con su hijo mayor en brazos, Philippine suplicó la gracia de que se alejaran un poco los cortesanos para poder hacer una delicada confidencia…Luego, pidió primero perdón al emperador, y seguidamente expresó que su marido era de procedencia noble, y ella una burguesa, y que por eso su esposo temía anunciar su matrimonio a su familia.
El emperador, sin sospechar nada, declaró galantemente que ningún padre podría ser tan severo, como para que la hermosura de su nuera no ablandara su corazón, y no perdonara al hijo el matrimonio desigual. Philippine dio mil gracias y reveló quien era su esposo.
Fue evidente para los distantes observadores, la sorpresa del emperador, se trataba de su propio sobrino... Llamó inmediatamente en privado a Fernando, quien al llegar se puso de rodillas compungido, pidiendo perdón a su augusto tío, mientras abrazaba a Philippine y al hijo de ambos.
El Emperador se retiró entonces, muy serio, en silencio…, se había puesto en juego su autoridad, la de su hermano, el orden social, la política, la línea sucesoral a la corona…, y más tarde les envió su decisión por escrito.
Reconoció ese matrimonio por amor…, pero debería permanecer secreto por siempre… Quitó a Fernando y a sus descendientes el derecho de sucesión al trono checo y húngaro, salvo que se extinguiera toda la estirpe haugsburga. Les adjudicó una renta de 30 mil monedas de oro al año y los exceptuó del pago de impuestos.
Los esposos se trasladaron a vivir al castillo de Krivoklát, y tuvieron dos hijos más, los gemelos Felipe y María. En 1564 subió al trono el Emperador Maximiliano II, quien mandó a Fernando trasladarse al castillo de Ambras, cerca de Innsbruck.
Después de la muerte de Maximiliano, fue coronado emperador su hijo Rodolfo II, en 1576. Ese año, el primogénito de Philippine y Fernando, Andreas, reunía las condiciones que para la época, le permitían acceder a la dignidad de Cardenal, pero su supuesto oscuro origen, se lo impedía… Elevado el caso hasta el Papa, este eximió a Fernando y a Philippine del juramento de silencio, y su matrimonio, por fin, pudo ser reconocido públicamente, y pudieron presentar a sus hijos como legítimos.
Como dato curioso, a la ceremonia de investidura del nuevo Cardenal, asistió como paje de 12 años, el futuro viajero y gran compositor checo Krystof Harant de Polzice…
Fernando y Philippine vivieron felices en su castillo de Ambras (Tirol), hasta la muerte de la esposa en 1580, cuatro años más tarde del reconocimiento público de aquel matrimonio bendecido por Dios hacía tantos años.
Andrea Fajkusová
Philippine, era una joven hermosa de ojos azules, cabello oscuro, y piel muy blanca. Tuvo muchos pretendientes, pues era un excelente partido pero, en un año rechazó a 28, y es que quería encontrar, para esposo, a un caballero en todo el sentido de la palabra.
El Archiduque del Tirol, Fernando, segundo hijo de los reyes checos, Ana de Jagellón y Fernando I de Habsburgo, era cauteloso también para escoger a su futura esposa. El joven rechazó oportunidades de matrimonio con damas de la alta nobleza de Francia y Portugal, incluso a María Stuart… Hasta que conoció a Philippine Welser.
Ocurrió en Augsburgo durante la visita el emperador Carlos V, tío de Fernando. El soberano, acompañado de su hermano, el rey checo Fernando I, y por su sobrino el Archiduque Fernando, fue recibido con todos los honores en la casa de los Welser, que ofrecieron con ese motivo, un gran festín.
Pero he aquí que la mirada del joven Fernando no podía apartarse de Philippine, a quien tampoco le era indiferente. Durante el resto de la velada, Fernando buscó en todo momento, la oportunidad de acercarse a la joven.
Al día siguiente, el padre de Philippine, hombre perspicaz, para quien no pasó desapercibida la simpatía mutua de los jóvenes, decidió mandar a su hija lejos, para protegerla de un amor prohibido en aquellos tiempos, desde el punto de vista social y político.
Así Philippine Welser, a sus veinte años de edad, fue trasladada al castillo de Breznice, en Bohemia del Sur, donde residía la hermana de su madre, Katerina Loksanská. Si bien este edifico quedaba distante de Augsburgo, resultó más cerca de la corte de Fernando. La vida del castillo era muy activa socialmente, y ahora la frecuentaba el joven Archiduque del Tirol.
En la Primavera del año 1557, diez años después de que Fernando y Philippine se encontrasen por primera vez, se celebró en los bosques alrededor de Breznice, una extenuante partida de caza, después de la cual hubo una gran celebración… Al anochecer, anfitriones, invitados y sirvientes, se retiraron a dormir exhaustos… Sin embargo, la cocinera principal, Margarita, padecía insomnio. En la madrugada, escuchó un golpe de puerta y salió a los corredores para indagar. En una escalera, divisó una figura femenina vestida de blanco, que confundió con un fantasma, y huyó asustada hasta su cuarto.
No se dio tiempo para ver que la dama vestida de blanco, era seguida por una figura masculina, y otras cinco personas más. Todos se dirigieron, sigilosamente, a la capilla del castillo donde se celebró el matrimonio secreto entre Fernando del Tirol y Philippine Welser. Todo había sido preparado cuidadosamente.
Al final de la ceremonia, el sacerdote pronunció unas palabras insólitas: -“Exhorto a los presentes a que confirmen con un juramento solemne, aquí, ante el altar de Dios, que no revelarán a nadie, aún bajo amenaza, que su Alteza Real, el príncipe Fernando, ha tomado por esposa a Philippine Welser”. Seguidamente hizo firmar a los testigos, un escrito en el que constaba su presencia, y que hasta su muerte, mantendrían en secreto el evento.
Un año después, el 15 de Junio de 1558, una hora antes de la medianoche, nació el primer hijo de esta pareja. El alumbramiento fue asistido por Andrea Mattioli, desde 1555 médico privado de Fernando, en Praga, y autor de un famoso herbario con 60 ediciones en distintos idiomas. También tuvo que jurar que jamás diría nada a nadie.
Cuando al día siguiente el portero del castillo de Breznice, abría la puerta principal, vio a un bebe envuelto humildemente, y lo llevo a Philippine…, quien se ofreció a darle cobijo al “niño abandonado”… Le puso por nombre Andreas, y de la misma manera adoptó el 22 de Noviembre de 1560, a Carlos.
Pero llegó el momento en que Philippine no pudo más con su situación, y decidió aprovechar una audiencia que ofrecía el Emperador, durante la cual, los vasallos que quisieran, podían expresarle alguna súplica.
Vestida de luto regio, y con su hijo mayor en brazos, Philippine suplicó la gracia de que se alejaran un poco los cortesanos para poder hacer una delicada confidencia…Luego, pidió primero perdón al emperador, y seguidamente expresó que su marido era de procedencia noble, y ella una burguesa, y que por eso su esposo temía anunciar su matrimonio a su familia.
El emperador, sin sospechar nada, declaró galantemente que ningún padre podría ser tan severo, como para que la hermosura de su nuera no ablandara su corazón, y no perdonara al hijo el matrimonio desigual. Philippine dio mil gracias y reveló quien era su esposo.
Fue evidente para los distantes observadores, la sorpresa del emperador, se trataba de su propio sobrino... Llamó inmediatamente en privado a Fernando, quien al llegar se puso de rodillas compungido, pidiendo perdón a su augusto tío, mientras abrazaba a Philippine y al hijo de ambos.
El Emperador se retiró entonces, muy serio, en silencio…, se había puesto en juego su autoridad, la de su hermano, el orden social, la política, la línea sucesoral a la corona…, y más tarde les envió su decisión por escrito.
Reconoció ese matrimonio por amor…, pero debería permanecer secreto por siempre… Quitó a Fernando y a sus descendientes el derecho de sucesión al trono checo y húngaro, salvo que se extinguiera toda la estirpe haugsburga. Les adjudicó una renta de 30 mil monedas de oro al año y los exceptuó del pago de impuestos.
Los esposos se trasladaron a vivir al castillo de Krivoklát, y tuvieron dos hijos más, los gemelos Felipe y María. En 1564 subió al trono el Emperador Maximiliano II, quien mandó a Fernando trasladarse al castillo de Ambras, cerca de Innsbruck.
Después de la muerte de Maximiliano, fue coronado emperador su hijo Rodolfo II, en 1576. Ese año, el primogénito de Philippine y Fernando, Andreas, reunía las condiciones que para la época, le permitían acceder a la dignidad de Cardenal, pero su supuesto oscuro origen, se lo impedía… Elevado el caso hasta el Papa, este eximió a Fernando y a Philippine del juramento de silencio, y su matrimonio, por fin, pudo ser reconocido públicamente, y pudieron presentar a sus hijos como legítimos.
Como dato curioso, a la ceremonia de investidura del nuevo Cardenal, asistió como paje de 12 años, el futuro viajero y gran compositor checo Krystof Harant de Polzice…
Fernando y Philippine vivieron felices en su castillo de Ambras (Tirol), hasta la muerte de la esposa en 1580, cuatro años más tarde del reconocimiento público de aquel matrimonio bendecido por Dios hacía tantos años.
Andrea Fajkusová
lunes, 31 de diciembre de 2007
Sígnificado del término "tálamo"

De acuerdo con su original significado griego, este término se emplea en anatomía y en botánica como nombre de diversas cavidades o receptáculos. Es también la denominación culta del lecho conyugal, otro cultismo con el que denominamos la cama de matrimonio, y del lugar donde se celebra la boda. El ritual mozárabe tiene una solemne bendición del tálamo; también el ritual romano tiene esta ceremonia, pero no tan solemne.
El hecho de que la "cama de matrimonio" tenga nombre propio es indicativo de que se trata de la imagen visible y el símbolo de una institución fundamental de la sociedad, complementario del otro gran símbolo que es la mesa. En torno a una y otra se han desarrollado formas rituales que en fin de cuentas vienen a ordenar y reforzar las conductas que atienden a las dos grandes necesidades de la vida: la alimentación y la reproducción. La denominación no sólo culta, sino también ritual de tálamo, viene a confirmar este aspecto
Fueron los griegos quienes a través del latín nos legaron esta palabra, con su carga ritual, que ya se la dieron ellos. Llamaban qalamoV (zálamos) a la cámara nupcial, al dormitorio de la señora de la casa, al dormitorio en general, a la parte de la casa reservada a las mujeres, y luego a cualquier habitación, aunque como se ve en sus derivados, tendió a usarse en especial para denominar el dormitorio nupcial. La palabra la tomaron de un término de la naturaleza: qalamh (zaláme) que significa abrigo o guarida de un animal, en particular de los peces que viven en los agujeros y los intersticios de las rocas, y luego ya a cualquier cámara, cavidad o ventrículo.
Los griegos formaron el verbo qalameuw (zalaméuo) para referirse a la acción de esposarse o de conducir al lecho nupcial, un rito que ha quedado como última huella del matrimonio por rapto; y también para expresar la mujer la sensación de encierro en su cámara nupcial. Y de acuerdo con su valor original, tiene también el significado de acostarse, pero aplicado a los animales. Tenían asimismo el adjetivo qalameioV (zalaméios), que usaban para calificar todo aquello que tenía que ver con el lecho nupcial.
Queda en pie el hecho de que acostarse en el lecho nupcial se convirtió en una institución general, en el símbolo de una especie de ritualización de las relaciones conyugales, sometidas por tanto a la normativa de los ritos, del mismo modo que la comida estaba sometida también a hermosos rituales en torno a la mesa, la mayoría de los cuales se han perdido ya. El acceso (más bien el ascenso, por lo alto que era) de todas las noches al tálamo, al lecho nupcial, era tan sagrado como el acceso diario a la mesa. En aquél se rendía culto al don de la reproducción; en ésta, al del alimento.
Finalmente, una curiosidad léxica: a la cubierta que se pone en las tartanas y carros para preservarse del sol y del agua, se la llama entalamadura. Y a la acción de cubrir el carro con paños y tapices, se le llama entalamar. Eso es así porque imitaban la especie de entoldado que adornaba y protegía el tálamo.
Extracto de "http://www.grecianuncamuere.com.ar/turismo/peloponeso/argolida/micenas.htm"
Del pueblo Fijita, atravesado por la carretera principal de Corinto-Argos ... . A la izquierda de este camino se ven, en las cuestas, las entradas de pequeñas tumbas en forma de cuarto rectangular (de las numerosas que se han excavado en la zona). Las tumbas en forma de cuartos o tumbas en “tálamo”, que están talladas en las cuestas rocosas constan de un cuarto “tálamo”, generalmente cuadrado, muy rara vez circular, accesible por un “dromos”, es decir, un corredor que llevaba a la entrada del “tálamo”. Eran tumbas de familia, igual que las tumbas abovedadas, los muertos se metían en el suelo. Raras veces se abrían hoyos y los muertos se enterraban en estos.
El hecho de que la "cama de matrimonio" tenga nombre propio es indicativo de que se trata de la imagen visible y el símbolo de una institución fundamental de la sociedad, complementario del otro gran símbolo que es la mesa. En torno a una y otra se han desarrollado formas rituales que en fin de cuentas vienen a ordenar y reforzar las conductas que atienden a las dos grandes necesidades de la vida: la alimentación y la reproducción. La denominación no sólo culta, sino también ritual de tálamo, viene a confirmar este aspecto
Fueron los griegos quienes a través del latín nos legaron esta palabra, con su carga ritual, que ya se la dieron ellos. Llamaban qalamoV (zálamos) a la cámara nupcial, al dormitorio de la señora de la casa, al dormitorio en general, a la parte de la casa reservada a las mujeres, y luego a cualquier habitación, aunque como se ve en sus derivados, tendió a usarse en especial para denominar el dormitorio nupcial. La palabra la tomaron de un término de la naturaleza: qalamh (zaláme) que significa abrigo o guarida de un animal, en particular de los peces que viven en los agujeros y los intersticios de las rocas, y luego ya a cualquier cámara, cavidad o ventrículo.
Los griegos formaron el verbo qalameuw (zalaméuo) para referirse a la acción de esposarse o de conducir al lecho nupcial, un rito que ha quedado como última huella del matrimonio por rapto; y también para expresar la mujer la sensación de encierro en su cámara nupcial. Y de acuerdo con su valor original, tiene también el significado de acostarse, pero aplicado a los animales. Tenían asimismo el adjetivo qalameioV (zalaméios), que usaban para calificar todo aquello que tenía que ver con el lecho nupcial.
Queda en pie el hecho de que acostarse en el lecho nupcial se convirtió en una institución general, en el símbolo de una especie de ritualización de las relaciones conyugales, sometidas por tanto a la normativa de los ritos, del mismo modo que la comida estaba sometida también a hermosos rituales en torno a la mesa, la mayoría de los cuales se han perdido ya. El acceso (más bien el ascenso, por lo alto que era) de todas las noches al tálamo, al lecho nupcial, era tan sagrado como el acceso diario a la mesa. En aquél se rendía culto al don de la reproducción; en ésta, al del alimento.
Finalmente, una curiosidad léxica: a la cubierta que se pone en las tartanas y carros para preservarse del sol y del agua, se la llama entalamadura. Y a la acción de cubrir el carro con paños y tapices, se le llama entalamar. Eso es así porque imitaban la especie de entoldado que adornaba y protegía el tálamo.
Extracto de "http://www.grecianuncamuere.com.ar/turismo/peloponeso/argolida/micenas.htm"
Del pueblo Fijita, atravesado por la carretera principal de Corinto-Argos ... . A la izquierda de este camino se ven, en las cuestas, las entradas de pequeñas tumbas en forma de cuarto rectangular (de las numerosas que se han excavado en la zona). Las tumbas en forma de cuartos o tumbas en “tálamo”, que están talladas en las cuestas rocosas constan de un cuarto “tálamo”, generalmente cuadrado, muy rara vez circular, accesible por un “dromos”, es decir, un corredor que llevaba a la entrada del “tálamo”. Eran tumbas de familia, igual que las tumbas abovedadas, los muertos se metían en el suelo. Raras veces se abrían hoyos y los muertos se enterraban en estos.
domingo, 16 de diciembre de 2007
El Sexo en el Matrimonio
Cada vez oímos con más frecuencia de casos de matrimonios que se rompen por "incompatibilidad sexual", "frigidez" o "impotencia sexual". En la mayoría de los casos, esto ha sucedido por tener un concepto erróneo o deformado del significado de la unión sexual entre los esposos.
Dios ha querido el encuentro sexual entre varón y mujer, puesto que ha dotado a cada uno de un armonioso conjunto de órganos y funciones tanto corporales como psicológicas y espirituales, encaminados al encuentro pleno y total como expresión de amor. La sexualidad está ordenada al amor conyugal del hombre y de la mujer.
En el matrimonio, la intimidad corporal de los esposos es un signo de la comunión espiritual.
De esta forma, el Papa Juan Pablo II nos dice:
La sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujer se dan el uno al otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal. Ella se realiza de modo verdaderamente humano solamente cuando es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte. (FC, 11).
De esta forma, la persona toda expresa su amor de entrega, el don de sí, a otra persona, que también se entrega, en la fusión de sus cuerpos que se convierten así, sin perder cada uno su individualidad, en una “sola carne”, como reitera Cristo citando al Génesis:
“…Y dijo: El hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá con su mujer, y serán los dos uno solo. De manera que ya no son dos, sino una sola carne”. “Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (MT 19, 5-6).
La unión sexual es pues, la expresión más profunda y completa del amor conyugal. En ella tiene su culmen, pues el amor abarca a toda la persona, desde su espíritu (inteligencia y voluntad), su corazón (sentimientos, emociones y pasiones), hasta su cuerpo (genitalidad).
El Concilio Vaticano II nos dice:
Los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí son honestos y dignos, y, realizados de modo “verdaderamente humano”, significan y fomentan la recíproca donación, con la que se enriquecen mutuamente con alegría y gratitud (GS, 49).
En el encuentro sexual, como en múltiples actividades humanas que la persona desempeña libre y conscientemente, Dios ha impreso una satisfacción, como estímulo y recompensa de aquellas: el placer.
Entonces, el placer no debe ser un fin en si mismo, sino una consecuencia: la satisfacción por un acto bueno, en este caso, la unión intima entre los “esposos”…
Así, en la actividad de alimentarse, tenemos el placer del gusto; al descansar el cuerpo, tenemos el placer del sueño; en la unión carnal, el placer sexual. Pero todas estas actividades deben estar ordenadas a un fin más allá del placer, por ejemplo: comemos para vivir, no vivimos para comer por lo que la alimentación debe tener un orden y alejarse de la gula, asimismo dormimos para reparar fuerzas, cuidándonos de la pereza; la unión carnal entre un hombre y una mujer debe estar ordenada al matrimonio, lo cual es posible formándose en el autodominio y muy especialmente, por amor a Dios y por el reconocimiento de la dignidad y el respeto que nos es propio…
De ahí, que la responsabilidad del ser humano en el encuentro sexual ha de ser, buscar la entrega total y completa al otro, y no buscar como finalidad el placer. El placer es una satisfacción, más no un fin.
El mundo de hoy, tan lleno de erotismo, promueve fuertemente la búsqueda del placer en el encuentro sexual, olvidando la entrega, el don de sí y la fecundidad.
SEXUALIDAD Y GENITALIDAD
La persona humana es sexuada, es decir, es masculina o femenina.
El hombre y la mujer, aunque tienen la misma dignidad como personas, son diferentes por ser sexuados. A su vez se complementan mutuamente.
El instinto sexual en el ser humano es una tendencia natural de los dos sexos que se atraen mutuamente en búsqueda de la unión, de la complementariedad y de la fecundidad. Ha de ser dominada y encauzada por voluntad de la persona.
El amor conyugal es el contexto adecuado para el uso plenamente humano de la tendencia sexual.
La genitalidad es el aspecto corporal de la sexualidad. Conformada por los órganos reproductores masculinos y femeninos y sus funciones propias.
Un grave error contemporáneo es confundir la sexualidad con la genitalidad.
NATURALEZA DEL AMOR CONYUGAL
Amar es un acto de voluntad. Es buscar el bien de la persona amada, en cuanto tal. Es decir, buscar su bien porque es persona.
El amor es darse, es entrega, es generosidad. Amar es el acto más sublime del ser humano. Es actuar como Dios mismo actúa.
El amor conyugal es recíproco, abarca la totalidad de la persona: alma, sentimientos y cuerpo y es fecundo.
La máxima expresión del amor conyugal se encuentra en la intimidad corporal de los esposos. Con la intimidad corporal, los esposos plasman en su matrimonio la entrega total. El don de sí adquiere su plenitud.
Propiedades:
1. La unidad: es la donación mutua de un hombre con una mujer.
2. La indisolubilidad: Para poder cumplir con sus fines plenamente, el amor conyugal exige la permanencia. Cuando hay verdadera donación, no se puede retractar. Para los cristianos, por el sacramento del matrimonio, su amor conyugal se convierte en signo del amor absolutamente fiel que Dios tiene al hombre y que Jesús vive hacia su Iglesia.
Bienes:
1. La mutua fidelidad: Por tratarse de una donación completa, total, esta fidelidad es de corazón, de mente y de cuerpo.
2. Los hijos: son la “materialización, la concreción” del amor total y fecundo de los esposos.
3. El vínculo: es decir, la estabilidad de la relación, fruto de la unidad e indisolubilidad del amor conyugal.
LA UNION SEXUAL DE LOS ESPOSOS
Es la expresión más profunda y completa de amor conyugal, y por lo tanto, tiene los mismos fines del mismo:
El fin unitivo: expresión de la entrega total del don de sí mismo al otro y de la búsqueda de su bien.
La unión de los esposos debe ser para su propio bien, es decir, de ayuda mutua.
Es el empeño constante por desarrollar una auténtica comunidad de personas, para hacer frente a todas las eventualidades, vencer los innumerables obstáculos que surgen inevitablemente en el transcurso de toda existencia humana, por más afortunada que sea, y para construir la felicidad.
El placer de la unión sexual es un medio bueno y lícito para favorecer la unión de los esposos, pero no es el fin de la unión sexual.
El fin pro creativo: Expresión total, plena y generosa del amor fecundo.
Esto significa que dentro de la realización natural y normal (*) de la unión amorosa (es decir, que la eyaculación se lleve a cabo dentro de la vagina), los actos de amor, las caricias, cuando se aceptan de común acuerdo y en consideración a la “dignidad” de la persona humana, son perfectamente legítimos.
(*) Nota: natural-normal, se refiere a lo correspondiente exclusivamente a la Persona Humana, más allá de lo que pueda observarse en los ecosistemas naturales o biológicos, en animales o en sistema de vida inferiores…
En la procreación, el amor conyugal está al servicio de la vida. Cooperar con el amor de Dios Creador… Sin embargo vale acotar que, el fin procreativo del matrimonio, se cumple en cuanto a que todo matrimonio es fecundo, aunque no sea fértil, es decir, aunque la pareja no pueda tener hijos biológicos…, su ordenación a la voluntad de Dios, hará que su amor sea fecundo en múltiples aspectos…
El ejercicio de la sexualidad sólo es lícito dentro del matrimonio legítimo, respetando el plan que la Sabiduría divina manifiesta al hombre en los dos aspectos que encierra el acto conyugal (el aspecto unitivo y el procreativo) y en los ritmos biológicos de la sexualidad.
a) Apertura a la vida
Reconocer que uno de los fines del unión conyugal es la procreación. Los hijos no sólo forman parte de la familia, sino que son la “materialización o concreción” del amor profundo que se tienen los esposos.
Dios te hace partícipe de su poder creador. Colaboras a crear hombres/seres para la eternidad. El acto conyugal, hace a los esposos co-creadores con Dios, mostrando en cada criatura la nueva acción de Dios; es una historificación de Dios, un permitirle hacerse nuevamente presente en el mundo como creador.
b) Procreación responsable
Uso de la inteligencia y libertad para usar responsablemente la capacidad procreadora. (Responsabilidad de responder ante Dios del don que me ha dado).
Pueden existir razones válidas para posponer temporalmente un nuevo nacimiento, pero hay que juzgar con rectitud, evitando sobre todo el egoísmo.
c) Los criterios
-Análisis de los deberes con Dios, y con la familia.
-Procrear es comunicar la vida en plenitud: lo material, lo humano y lo espiritual.
-Análisis de las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales.
-Uso de los medios morales para ejercer la procreación responsable, son los medios que respetan los fines del acto conyugal.
d) Aceptación del designio de Dios sobre mi matrimonio en cuanto a la fecundidad:
* El dueño de la vida es Dios, no el hombre.
* Los hijos son un don, no un derecho.
* Usar los medios morales para procurar la fecundidad. Son los medios que respetan la dignidad de las personas involucradas: los esposos y el hijo y los fines del acto conyugal.
* Aceptar la esterilidad si estos medios no la resuelven (pues el amor conyugar va más allá de lo fértil, es fecundo). Otras formas de fecundidad: la adopción, el dedicarse al apostolado, a la ayuda del prójimo, etc.
LAS REGLAS DE LA RELACIÓN SEXUAL
1. La entrega u obligación básica
El deseo de los esposos no puede ser sólo pensar en sí mismo, buscar el propio placer, desear al otro sólo para el goce personal.
Si el encuentro es realmente por amor, con madurez, con entrega total, será para buscar el bien del otro. Ambos, marido y mujer, se ofrecerán, se entregarán generosamente para la felicidad del otro.
Podemos ver con claridad las dos posturas. La primera intenta aprisionar al cónyuge, convertirlo en cosa propia, servirse de él.
Es la negación del amor y la culminación de la egolatría. La segunda, por el contrario, se centra en el otro, quiere darse al amado, ofrecerse a él, ir a su encuentro con el propósito de que en la unión, pueda encontrar la alegría y, en la paz de su carne, logre la paz en su corazón.
Salir al encuentro del otro. Buscarlo para entregarse a él. Buscar su bien, su felicidad.
2. El dominio de sí
Recordemos que la tendencia sexual del hombre ha de ser gobernada por su inteligencia y por su voluntad. Debe estar sometida al servicio del hombre y no éste al servicio de la primera. El hombre dueño de sí mismo, amo y señor de todo su ser. Por tanto, la sexualidad y el placer inherente a la misma no han de ofuscar a la inteligencia y no han de descarriarse lejos de la voluntad.
Amar es, ante todo, un acto de la voluntad. El encuentro sexual es una entrega generosa al otro. La pareja no se perderá en el egoísmo, únicamente cuando ambos sean dueños de sí mismos.
La disciplina interior de cada uno se impone aquí, so pena del fracaso más lamentable.
De esta forma, la regla se podrá establecer así:
Para tratar al cónyuge con justicia y con amor, se debe adquirir un sólido dominio de sí mismo, puesto que sólo este dominio hace posible la unión generosa y de entrega mutua.
3. El contenido interior
El dominio de sí es además, el único medio que posibilita que la unión sea una comunicación de amor, más bien que una explosión de placer. Lo que es más importante en el encuentro sexual no es el placer que pasa, sino el amor que lo prepara y permanece.
Los gestos exteriores son solamente la expresión corporal de una realidad interior: el amor, la entrega total, la unión. Si no hay amor detrás de cada uno de los gestos, éstos carecerán de sentido. Una mirada, una sonrisa, una caricia, si no son inspirados por el amor, no son nada. La verdad del amor es la que reviste a cada uno de ellos.
4. La ternura
He aquí una de las reglas más preciosas para la vida matrimonial: la ternura.
La podremos definir como: La delicadeza del corazón que se traduce en la delicadeza del gesto.
Para quienes se aman verdaderamente, además de la tendencia sexual existe la ternura.
Nace con espontaneidad del ser entero de los amantes; es el amor que se convierte en caricia, mirada, beso, en la más plena y total gratuidad, sin pedir nada a cambio. El gesto interno, en suma, es aquel que nada pide, nada solicita y que, por ello, lo significa todo. El amor es el reino de lo gratuito. Te doy porque te amo, no porque espero nada a cambio. por ello, donde florezca el amor, como la flor en el tallo, florecerá también la ternura. ¡Cuán importante es cultivarla! Es el perfume que otorga su aroma a la trivialidad de lo cotidiano. Son esos mil pequeños detalles de los que se alimenta el amor.
5. Los gestos del amor
La gratuidad y la ternura han de transportarse a la propia unión sexual. Ahí se revelarán de la mayor importancia, pues prepararán y seguirán a la unión, en el transcurso de los actos preparativos y posteriores a dicha unión.
La gratuidad que debe impregnar los gestos de ternura ha de extenderse a estas dos fases, una preliminar y la otra consecutiva, en el momento de la comunión sexual.
Recordemos lo que la Constitución Gaudium et Spes nos sigue diciendo:
Este amor (el amor conyugal) tiene su manera propia de expresarse y de realizarse. En consecuencia los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí, son honestos y dignos, y, ejecutados de manera verdaderamente humana, significan y favorecen el don recíproco con que se enriquecen mutuamente en un clima de gozosa gratitud. Este amor, ratificado por el mutuo compromiso y sobre todo por el sacramento de Cristo, resulta indisolublemente fiel, en cuerpo y espíritu, en la prosperidad y en la adversidad, y, por tanto queda excluido de él todo adulterio y divorcio (GS, 49).
De aquí, que los límites de los gestos de amor conyugal sean los siguientes:
1. La dignidad mutua del matrimonio y su espontaneidad amorosa.
2. Dentro de la realización natural y normal de la unión amorosa (que la eyaculación se lleve a cabo dentro de la vagina), los actos de amor, las caricias, cuando se aceptan de común acuerdo y en atención a la dignidad de la persona humana, son perfectamente legítimos.
Nota: Hay que advertir que la seudo especialidad médica conocida como Sexología, parte de una postura ideológica que ordena a ésta, el campo de la ciencia que investiga la sexualidad humana, restándole objetividad y desvinculándola de la verdadera antropología humana, por lo que promueve practicas contrarias a la dignidad de la persona…Un matrimonio cristiano, de tener necesidad de orientación a este respecto, deberá buscar a un profesional que comparta sus principios.
LA CASTIDAD
La castidad es la virtud que defiende al amor de los peligros del egoísmo y de la agresividad, y lo promueve hacia su realización plena.
La castidad integra la sexualidad de la persona en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual.
Ser casto o casta, es lograr que toda nuestra persona: inteligencia, voluntad, afectos y cuerpo estén regidos por nosotros mismos.
La persona casta siente los impulsos de su tendencia sexual y los controla (no los reprime, los sublima), promueve el amor a su cónyuge manifestándoselo de muy variadas maneras y es dueña de todo su ser.
Para ser castos se requiere: conocerse a si mismo, aceptarse, superarse, practicar las virtudes morales y pedir a Dios la ayuda sobrenatural para lograr la plena integración de todas nuestras facultades, a través de la participación en los sacramentos y la oración.
Debe haber castidad en el matrimonio, pues los esposos se deben “completa” fidelidad y amor uno al otro. Lo cual exige el dominio de los sentidos de cada uno, para afrontar la degradación actual de la sociedad, que muchas veces no respeta la condición de casados, sometiendo a los cónyuges a tentaciones frecuentes…
“No hay duda de que entre estas condiciones se deben incluir la constancia y la paciencia, la humildad y la fortaleza de ánimo, la confianza filial en Dios y en su gracia, el recurso frecuente a la oración y a los sacramentos de la Eucaristía y de la reconciliación. Confortados así, los esposos cristianos podrán mantener viva la conciencia de la influencia singular que la gracia del sacramento del matrimonio ejerce sobre todas las realidades de la vida conyugal, y por consiguiente también sobre su sexualidad: El don del Espíritu, acogido y correspondido por los esposos, les ayuda a vivir la sexualidad humana según el plan de Dios como signo del amor unitivo y fecundo de Cristo por su Iglesia...” Familiaris Consortio número 33 párrafo sexto
Autores: Francisco Castañera y Francisco Antillón
Dios ha querido el encuentro sexual entre varón y mujer, puesto que ha dotado a cada uno de un armonioso conjunto de órganos y funciones tanto corporales como psicológicas y espirituales, encaminados al encuentro pleno y total como expresión de amor. La sexualidad está ordenada al amor conyugal del hombre y de la mujer.
En el matrimonio, la intimidad corporal de los esposos es un signo de la comunión espiritual.
De esta forma, el Papa Juan Pablo II nos dice:
La sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujer se dan el uno al otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal. Ella se realiza de modo verdaderamente humano solamente cuando es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte. (FC, 11).
De esta forma, la persona toda expresa su amor de entrega, el don de sí, a otra persona, que también se entrega, en la fusión de sus cuerpos que se convierten así, sin perder cada uno su individualidad, en una “sola carne”, como reitera Cristo citando al Génesis:
“…Y dijo: El hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá con su mujer, y serán los dos uno solo. De manera que ya no son dos, sino una sola carne”. “Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (MT 19, 5-6).
La unión sexual es pues, la expresión más profunda y completa del amor conyugal. En ella tiene su culmen, pues el amor abarca a toda la persona, desde su espíritu (inteligencia y voluntad), su corazón (sentimientos, emociones y pasiones), hasta su cuerpo (genitalidad).
El Concilio Vaticano II nos dice:
Los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí son honestos y dignos, y, realizados de modo “verdaderamente humano”, significan y fomentan la recíproca donación, con la que se enriquecen mutuamente con alegría y gratitud (GS, 49).
En el encuentro sexual, como en múltiples actividades humanas que la persona desempeña libre y conscientemente, Dios ha impreso una satisfacción, como estímulo y recompensa de aquellas: el placer.
Entonces, el placer no debe ser un fin en si mismo, sino una consecuencia: la satisfacción por un acto bueno, en este caso, la unión intima entre los “esposos”…
Así, en la actividad de alimentarse, tenemos el placer del gusto; al descansar el cuerpo, tenemos el placer del sueño; en la unión carnal, el placer sexual. Pero todas estas actividades deben estar ordenadas a un fin más allá del placer, por ejemplo: comemos para vivir, no vivimos para comer por lo que la alimentación debe tener un orden y alejarse de la gula, asimismo dormimos para reparar fuerzas, cuidándonos de la pereza; la unión carnal entre un hombre y una mujer debe estar ordenada al matrimonio, lo cual es posible formándose en el autodominio y muy especialmente, por amor a Dios y por el reconocimiento de la dignidad y el respeto que nos es propio…
De ahí, que la responsabilidad del ser humano en el encuentro sexual ha de ser, buscar la entrega total y completa al otro, y no buscar como finalidad el placer. El placer es una satisfacción, más no un fin.
El mundo de hoy, tan lleno de erotismo, promueve fuertemente la búsqueda del placer en el encuentro sexual, olvidando la entrega, el don de sí y la fecundidad.
SEXUALIDAD Y GENITALIDAD
La persona humana es sexuada, es decir, es masculina o femenina.
El hombre y la mujer, aunque tienen la misma dignidad como personas, son diferentes por ser sexuados. A su vez se complementan mutuamente.
El instinto sexual en el ser humano es una tendencia natural de los dos sexos que se atraen mutuamente en búsqueda de la unión, de la complementariedad y de la fecundidad. Ha de ser dominada y encauzada por voluntad de la persona.
El amor conyugal es el contexto adecuado para el uso plenamente humano de la tendencia sexual.
La genitalidad es el aspecto corporal de la sexualidad. Conformada por los órganos reproductores masculinos y femeninos y sus funciones propias.
Un grave error contemporáneo es confundir la sexualidad con la genitalidad.
NATURALEZA DEL AMOR CONYUGAL
Amar es un acto de voluntad. Es buscar el bien de la persona amada, en cuanto tal. Es decir, buscar su bien porque es persona.
El amor es darse, es entrega, es generosidad. Amar es el acto más sublime del ser humano. Es actuar como Dios mismo actúa.
El amor conyugal es recíproco, abarca la totalidad de la persona: alma, sentimientos y cuerpo y es fecundo.
La máxima expresión del amor conyugal se encuentra en la intimidad corporal de los esposos. Con la intimidad corporal, los esposos plasman en su matrimonio la entrega total. El don de sí adquiere su plenitud.
Propiedades:
1. La unidad: es la donación mutua de un hombre con una mujer.
2. La indisolubilidad: Para poder cumplir con sus fines plenamente, el amor conyugal exige la permanencia. Cuando hay verdadera donación, no se puede retractar. Para los cristianos, por el sacramento del matrimonio, su amor conyugal se convierte en signo del amor absolutamente fiel que Dios tiene al hombre y que Jesús vive hacia su Iglesia.
Bienes:
1. La mutua fidelidad: Por tratarse de una donación completa, total, esta fidelidad es de corazón, de mente y de cuerpo.
2. Los hijos: son la “materialización, la concreción” del amor total y fecundo de los esposos.
3. El vínculo: es decir, la estabilidad de la relación, fruto de la unidad e indisolubilidad del amor conyugal.
LA UNION SEXUAL DE LOS ESPOSOS
Es la expresión más profunda y completa de amor conyugal, y por lo tanto, tiene los mismos fines del mismo:
El fin unitivo: expresión de la entrega total del don de sí mismo al otro y de la búsqueda de su bien.
La unión de los esposos debe ser para su propio bien, es decir, de ayuda mutua.
Es el empeño constante por desarrollar una auténtica comunidad de personas, para hacer frente a todas las eventualidades, vencer los innumerables obstáculos que surgen inevitablemente en el transcurso de toda existencia humana, por más afortunada que sea, y para construir la felicidad.
El placer de la unión sexual es un medio bueno y lícito para favorecer la unión de los esposos, pero no es el fin de la unión sexual.
El fin pro creativo: Expresión total, plena y generosa del amor fecundo.
Esto significa que dentro de la realización natural y normal (*) de la unión amorosa (es decir, que la eyaculación se lleve a cabo dentro de la vagina), los actos de amor, las caricias, cuando se aceptan de común acuerdo y en consideración a la “dignidad” de la persona humana, son perfectamente legítimos.
(*) Nota: natural-normal, se refiere a lo correspondiente exclusivamente a la Persona Humana, más allá de lo que pueda observarse en los ecosistemas naturales o biológicos, en animales o en sistema de vida inferiores…
En la procreación, el amor conyugal está al servicio de la vida. Cooperar con el amor de Dios Creador… Sin embargo vale acotar que, el fin procreativo del matrimonio, se cumple en cuanto a que todo matrimonio es fecundo, aunque no sea fértil, es decir, aunque la pareja no pueda tener hijos biológicos…, su ordenación a la voluntad de Dios, hará que su amor sea fecundo en múltiples aspectos…
El ejercicio de la sexualidad sólo es lícito dentro del matrimonio legítimo, respetando el plan que la Sabiduría divina manifiesta al hombre en los dos aspectos que encierra el acto conyugal (el aspecto unitivo y el procreativo) y en los ritmos biológicos de la sexualidad.
a) Apertura a la vida
Reconocer que uno de los fines del unión conyugal es la procreación. Los hijos no sólo forman parte de la familia, sino que son la “materialización o concreción” del amor profundo que se tienen los esposos.
Dios te hace partícipe de su poder creador. Colaboras a crear hombres/seres para la eternidad. El acto conyugal, hace a los esposos co-creadores con Dios, mostrando en cada criatura la nueva acción de Dios; es una historificación de Dios, un permitirle hacerse nuevamente presente en el mundo como creador.
b) Procreación responsable
Uso de la inteligencia y libertad para usar responsablemente la capacidad procreadora. (Responsabilidad de responder ante Dios del don que me ha dado).
Pueden existir razones válidas para posponer temporalmente un nuevo nacimiento, pero hay que juzgar con rectitud, evitando sobre todo el egoísmo.
c) Los criterios
-Análisis de los deberes con Dios, y con la familia.
-Procrear es comunicar la vida en plenitud: lo material, lo humano y lo espiritual.
-Análisis de las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales.
-Uso de los medios morales para ejercer la procreación responsable, son los medios que respetan los fines del acto conyugal.
d) Aceptación del designio de Dios sobre mi matrimonio en cuanto a la fecundidad:
* El dueño de la vida es Dios, no el hombre.
* Los hijos son un don, no un derecho.
* Usar los medios morales para procurar la fecundidad. Son los medios que respetan la dignidad de las personas involucradas: los esposos y el hijo y los fines del acto conyugal.
* Aceptar la esterilidad si estos medios no la resuelven (pues el amor conyugar va más allá de lo fértil, es fecundo). Otras formas de fecundidad: la adopción, el dedicarse al apostolado, a la ayuda del prójimo, etc.
LAS REGLAS DE LA RELACIÓN SEXUAL
1. La entrega u obligación básica
El deseo de los esposos no puede ser sólo pensar en sí mismo, buscar el propio placer, desear al otro sólo para el goce personal.
Si el encuentro es realmente por amor, con madurez, con entrega total, será para buscar el bien del otro. Ambos, marido y mujer, se ofrecerán, se entregarán generosamente para la felicidad del otro.
Podemos ver con claridad las dos posturas. La primera intenta aprisionar al cónyuge, convertirlo en cosa propia, servirse de él.
Es la negación del amor y la culminación de la egolatría. La segunda, por el contrario, se centra en el otro, quiere darse al amado, ofrecerse a él, ir a su encuentro con el propósito de que en la unión, pueda encontrar la alegría y, en la paz de su carne, logre la paz en su corazón.
Salir al encuentro del otro. Buscarlo para entregarse a él. Buscar su bien, su felicidad.
2. El dominio de sí
Recordemos que la tendencia sexual del hombre ha de ser gobernada por su inteligencia y por su voluntad. Debe estar sometida al servicio del hombre y no éste al servicio de la primera. El hombre dueño de sí mismo, amo y señor de todo su ser. Por tanto, la sexualidad y el placer inherente a la misma no han de ofuscar a la inteligencia y no han de descarriarse lejos de la voluntad.
Amar es, ante todo, un acto de la voluntad. El encuentro sexual es una entrega generosa al otro. La pareja no se perderá en el egoísmo, únicamente cuando ambos sean dueños de sí mismos.
La disciplina interior de cada uno se impone aquí, so pena del fracaso más lamentable.
De esta forma, la regla se podrá establecer así:
Para tratar al cónyuge con justicia y con amor, se debe adquirir un sólido dominio de sí mismo, puesto que sólo este dominio hace posible la unión generosa y de entrega mutua.
3. El contenido interior
El dominio de sí es además, el único medio que posibilita que la unión sea una comunicación de amor, más bien que una explosión de placer. Lo que es más importante en el encuentro sexual no es el placer que pasa, sino el amor que lo prepara y permanece.
Los gestos exteriores son solamente la expresión corporal de una realidad interior: el amor, la entrega total, la unión. Si no hay amor detrás de cada uno de los gestos, éstos carecerán de sentido. Una mirada, una sonrisa, una caricia, si no son inspirados por el amor, no son nada. La verdad del amor es la que reviste a cada uno de ellos.
4. La ternura
He aquí una de las reglas más preciosas para la vida matrimonial: la ternura.
La podremos definir como: La delicadeza del corazón que se traduce en la delicadeza del gesto.
Para quienes se aman verdaderamente, además de la tendencia sexual existe la ternura.
Nace con espontaneidad del ser entero de los amantes; es el amor que se convierte en caricia, mirada, beso, en la más plena y total gratuidad, sin pedir nada a cambio. El gesto interno, en suma, es aquel que nada pide, nada solicita y que, por ello, lo significa todo. El amor es el reino de lo gratuito. Te doy porque te amo, no porque espero nada a cambio. por ello, donde florezca el amor, como la flor en el tallo, florecerá también la ternura. ¡Cuán importante es cultivarla! Es el perfume que otorga su aroma a la trivialidad de lo cotidiano. Son esos mil pequeños detalles de los que se alimenta el amor.
5. Los gestos del amor
La gratuidad y la ternura han de transportarse a la propia unión sexual. Ahí se revelarán de la mayor importancia, pues prepararán y seguirán a la unión, en el transcurso de los actos preparativos y posteriores a dicha unión.
La gratuidad que debe impregnar los gestos de ternura ha de extenderse a estas dos fases, una preliminar y la otra consecutiva, en el momento de la comunión sexual.
Recordemos lo que la Constitución Gaudium et Spes nos sigue diciendo:
Este amor (el amor conyugal) tiene su manera propia de expresarse y de realizarse. En consecuencia los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí, son honestos y dignos, y, ejecutados de manera verdaderamente humana, significan y favorecen el don recíproco con que se enriquecen mutuamente en un clima de gozosa gratitud. Este amor, ratificado por el mutuo compromiso y sobre todo por el sacramento de Cristo, resulta indisolublemente fiel, en cuerpo y espíritu, en la prosperidad y en la adversidad, y, por tanto queda excluido de él todo adulterio y divorcio (GS, 49).
De aquí, que los límites de los gestos de amor conyugal sean los siguientes:
1. La dignidad mutua del matrimonio y su espontaneidad amorosa.
2. Dentro de la realización natural y normal de la unión amorosa (que la eyaculación se lleve a cabo dentro de la vagina), los actos de amor, las caricias, cuando se aceptan de común acuerdo y en atención a la dignidad de la persona humana, son perfectamente legítimos.
Nota: Hay que advertir que la seudo especialidad médica conocida como Sexología, parte de una postura ideológica que ordena a ésta, el campo de la ciencia que investiga la sexualidad humana, restándole objetividad y desvinculándola de la verdadera antropología humana, por lo que promueve practicas contrarias a la dignidad de la persona…Un matrimonio cristiano, de tener necesidad de orientación a este respecto, deberá buscar a un profesional que comparta sus principios.
LA CASTIDAD
La castidad es la virtud que defiende al amor de los peligros del egoísmo y de la agresividad, y lo promueve hacia su realización plena.
La castidad integra la sexualidad de la persona en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual.
Ser casto o casta, es lograr que toda nuestra persona: inteligencia, voluntad, afectos y cuerpo estén regidos por nosotros mismos.
La persona casta siente los impulsos de su tendencia sexual y los controla (no los reprime, los sublima), promueve el amor a su cónyuge manifestándoselo de muy variadas maneras y es dueña de todo su ser.
Para ser castos se requiere: conocerse a si mismo, aceptarse, superarse, practicar las virtudes morales y pedir a Dios la ayuda sobrenatural para lograr la plena integración de todas nuestras facultades, a través de la participación en los sacramentos y la oración.
Debe haber castidad en el matrimonio, pues los esposos se deben “completa” fidelidad y amor uno al otro. Lo cual exige el dominio de los sentidos de cada uno, para afrontar la degradación actual de la sociedad, que muchas veces no respeta la condición de casados, sometiendo a los cónyuges a tentaciones frecuentes…
“No hay duda de que entre estas condiciones se deben incluir la constancia y la paciencia, la humildad y la fortaleza de ánimo, la confianza filial en Dios y en su gracia, el recurso frecuente a la oración y a los sacramentos de la Eucaristía y de la reconciliación. Confortados así, los esposos cristianos podrán mantener viva la conciencia de la influencia singular que la gracia del sacramento del matrimonio ejerce sobre todas las realidades de la vida conyugal, y por consiguiente también sobre su sexualidad: El don del Espíritu, acogido y correspondido por los esposos, les ayuda a vivir la sexualidad humana según el plan de Dios como signo del amor unitivo y fecundo de Cristo por su Iglesia...” Familiaris Consortio número 33 párrafo sexto
Autores: Francisco Castañera y Francisco Antillón
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martes, 27 de noviembre de 2007
Un Gran Concierto Vital; el Amor de la Pareja
DESCUBRAMOS AL NOVIO(A) QUE LLEVAMOS DENTRO, AQUELLAS CITAS, AYUNAS DE NADIE MAS...
Sabemos todos que comunicar es algo más que hablar y escuchar. En el trato humano, comunicarse es, en primer término y por encima de todo, medio insustituible para alcanzar la verdad. Es clave para resolver los problemas que se puedan plantear, en las diversísimas circunstancias personales y de relación.
Hablar y avenirse es, por lo que respecta a la familia, un precioso instrumento para facilitar el amor, haciendo partícipes a los más próximos de los propios sentimientos, de las propias necesidades, alegrías, expectativas y esperanzas.
Somos conscientes de que, para robustecer y progresar en la convivencia diaria se precisa una cierta sintonía. Pues bien, para entendernos hemos de asegurar dos asuntos. Por un lado, “querer-buscar” un conocimiento efectivo de la realidad, saber de las cosas tal como son. Y de otra parte, un respetuoso reconocimiento de la dignidad de las demás personas, por encima de prejuicios y particularismos.
Ocurre que ahora, sólo lo automático, lo rápido, lo inmediato es lo considerado bueno. Pero, no olvidemos que en la comunicación familiar y entre personas que se aprecien, existe una lógica de tiempo y espacio que nos lleva mucho más lejos. Hemos de aprender a saber esperar la reflexión, dar tiempo a una respuesta, a una mejora, a una decisión libre y responsable. Eso, aunque sea sobre algún pequeño asunto, es entrenamiento de convivencia, es ternura y cálida presencia.
Es así que surge, más encendida que nunca, la necesidad de poner en gran valor el trabajo del hogar y la familia, de esmerarnos en un reparto de tareas prudente y generoso, de evitar estereotipos machistas y también feministas. Amar adelantándose a lo que necesite el otro, comprender sus diferencias, quererlo o quererla en su integridad.
Por ejemplo, si una esposa comprende la falta de orden material del marido significa que le ayudará a mejorar, se lo dice, tiene paciencia e incluso sonríe al ver los esfuerzos que él hace. Idéntica actitud ante el desarrollo de virtudes en los hijos, facilitará en ellos la mejora real, espontánea, agradable, deportiva; con esfuerzo, por supuesto.
En el itinerario del amor es seguro que aparecen dificultades. Puede ocurrir que alguien pase temporadas de especiales complicaciones de salud, anímicas, laborales, etcétera. Pero, como el amor de verdad está centrado en la persona del otro, no nos puede ser ajeno cualquier asunto que le afecte, poco o mucho, a esa otra persona.
-El Peligro de la Dejadez:
La verdad que ha de haber en el amor, se convierte en mentira si hay dejadez para saber cómo se encuentra él o ella; si nos desentendemos de cómo interpreta las acciones o datos que recibe por nuestra parte. Afinar en la compenetración del “equipo” es ocupación diaria. Y en ocasiones, tal vez precise esfuerzos extras para evitar fijaciones y susceptibilidades.
También es verdad que, en ciertos momentos y circunstancias, algún desconsuelo o alguna ausencia nos van a resultar impulso de buena reflexión. Nos motivarán para retomar, con un tierno guiño, el amor y la esperanza compartidos.
No dudemos que se puede, y se debe, encontrar caminos para enamorarse otra vez de la propia esposa o esposo. Urge abrir vías de comunicación. Es verdad que hay períodos de sequedad sentimental pero, precisamente éstos son los que hacen más maduro al amor, pues vamos a trabajar mejor los sentimientos y las pasiones. Así, la razón nos atrae para querer más y más, con toda la persona, cuerpo, afectos y voluntad.
Pero, en todo caso, descubramos al novio o novia que todos llevamos dentro. Cultivemos nuevamente aquellas largas citas, ayunas de nadie más. Eso nos facilitará ser más hombres y mujeres, para después ser mejores padres, madres, esposas y esposos.
-No es un Momento, es un Proceso:
Por otra parte, vale la pena recordar que el amor matrimonial no es un momento, un hecho estático en la vida de las personas. Es un estado en desarrollo, que evoluciona. Tan es así, que el verdadero amor es creciente. El tiempo que vaya transcurriendo y las pruebas por las que pase el amor, consiguen acrisolarlo, hacerlo más limpio y elevado. Es un amor enamorado, incluso con estupendas pasiones, amor entero.
La relación de pareja se refuerza superando y canalizando las tensiones, perdonando y aprendiendo a perdonar. Para ello, es imprescindible establecer hábitos estables de trato sincero. Facilitemos que nuestro cónyuge nos explique su opinión, sus inquietudes, que los problemas que puedan aparecer sean objeto de estudio, no de discusión, que nos adelantemos a cambiar o rectificar. Eso es un buen punto de partida para la rectificación del esposo o la esposa. Y siempre, el olvido de sí y la amorosa aceptación del otro.
Dios quiera que, cada día, todos aprendamos un poco más a avenirnos. Y que, de las tensiones, como de los buenos instrumentos musicales, saquemos estupenda armonía.
Emili Avilés Cutillas
Forumlibertas, 26/11/2007
Sabemos todos que comunicar es algo más que hablar y escuchar. En el trato humano, comunicarse es, en primer término y por encima de todo, medio insustituible para alcanzar la verdad. Es clave para resolver los problemas que se puedan plantear, en las diversísimas circunstancias personales y de relación.
Hablar y avenirse es, por lo que respecta a la familia, un precioso instrumento para facilitar el amor, haciendo partícipes a los más próximos de los propios sentimientos, de las propias necesidades, alegrías, expectativas y esperanzas.
Somos conscientes de que, para robustecer y progresar en la convivencia diaria se precisa una cierta sintonía. Pues bien, para entendernos hemos de asegurar dos asuntos. Por un lado, “querer-buscar” un conocimiento efectivo de la realidad, saber de las cosas tal como son. Y de otra parte, un respetuoso reconocimiento de la dignidad de las demás personas, por encima de prejuicios y particularismos.
Ocurre que ahora, sólo lo automático, lo rápido, lo inmediato es lo considerado bueno. Pero, no olvidemos que en la comunicación familiar y entre personas que se aprecien, existe una lógica de tiempo y espacio que nos lleva mucho más lejos. Hemos de aprender a saber esperar la reflexión, dar tiempo a una respuesta, a una mejora, a una decisión libre y responsable. Eso, aunque sea sobre algún pequeño asunto, es entrenamiento de convivencia, es ternura y cálida presencia.
Es así que surge, más encendida que nunca, la necesidad de poner en gran valor el trabajo del hogar y la familia, de esmerarnos en un reparto de tareas prudente y generoso, de evitar estereotipos machistas y también feministas. Amar adelantándose a lo que necesite el otro, comprender sus diferencias, quererlo o quererla en su integridad.
Por ejemplo, si una esposa comprende la falta de orden material del marido significa que le ayudará a mejorar, se lo dice, tiene paciencia e incluso sonríe al ver los esfuerzos que él hace. Idéntica actitud ante el desarrollo de virtudes en los hijos, facilitará en ellos la mejora real, espontánea, agradable, deportiva; con esfuerzo, por supuesto.
En el itinerario del amor es seguro que aparecen dificultades. Puede ocurrir que alguien pase temporadas de especiales complicaciones de salud, anímicas, laborales, etcétera. Pero, como el amor de verdad está centrado en la persona del otro, no nos puede ser ajeno cualquier asunto que le afecte, poco o mucho, a esa otra persona.
-El Peligro de la Dejadez:
La verdad que ha de haber en el amor, se convierte en mentira si hay dejadez para saber cómo se encuentra él o ella; si nos desentendemos de cómo interpreta las acciones o datos que recibe por nuestra parte. Afinar en la compenetración del “equipo” es ocupación diaria. Y en ocasiones, tal vez precise esfuerzos extras para evitar fijaciones y susceptibilidades.
También es verdad que, en ciertos momentos y circunstancias, algún desconsuelo o alguna ausencia nos van a resultar impulso de buena reflexión. Nos motivarán para retomar, con un tierno guiño, el amor y la esperanza compartidos.
No dudemos que se puede, y se debe, encontrar caminos para enamorarse otra vez de la propia esposa o esposo. Urge abrir vías de comunicación. Es verdad que hay períodos de sequedad sentimental pero, precisamente éstos son los que hacen más maduro al amor, pues vamos a trabajar mejor los sentimientos y las pasiones. Así, la razón nos atrae para querer más y más, con toda la persona, cuerpo, afectos y voluntad.
Pero, en todo caso, descubramos al novio o novia que todos llevamos dentro. Cultivemos nuevamente aquellas largas citas, ayunas de nadie más. Eso nos facilitará ser más hombres y mujeres, para después ser mejores padres, madres, esposas y esposos.
-No es un Momento, es un Proceso:
Por otra parte, vale la pena recordar que el amor matrimonial no es un momento, un hecho estático en la vida de las personas. Es un estado en desarrollo, que evoluciona. Tan es así, que el verdadero amor es creciente. El tiempo que vaya transcurriendo y las pruebas por las que pase el amor, consiguen acrisolarlo, hacerlo más limpio y elevado. Es un amor enamorado, incluso con estupendas pasiones, amor entero.
La relación de pareja se refuerza superando y canalizando las tensiones, perdonando y aprendiendo a perdonar. Para ello, es imprescindible establecer hábitos estables de trato sincero. Facilitemos que nuestro cónyuge nos explique su opinión, sus inquietudes, que los problemas que puedan aparecer sean objeto de estudio, no de discusión, que nos adelantemos a cambiar o rectificar. Eso es un buen punto de partida para la rectificación del esposo o la esposa. Y siempre, el olvido de sí y la amorosa aceptación del otro.
Dios quiera que, cada día, todos aprendamos un poco más a avenirnos. Y que, de las tensiones, como de los buenos instrumentos musicales, saquemos estupenda armonía.
Emili Avilés Cutillas
Forumlibertas, 26/11/2007
viernes, 16 de noviembre de 2007
HABLANDO SOBRE PLANIFICACIÓN FAMILIAR
Una forma de realización a plenitud, para el hombre y la mujer, es la entrega generosa que de sí mismos hacen en el matrimonio, y al unirse en el acto conyugal, en el cual, además, son capaces de transmitir la vida.
Unión y capacidad reproductora son, pues, dos aspectos inseparables del acto conyugal. No pueden ser moralmente aceptados como buenos los métodos de planificación de la familia que, como los artificiales, interfieren de diferentes formas entre ambos aspectos y con ello actúan contra la naturaleza misma del acto conyugal.
Sin embargo, hay situaciones en las cuales se hace necesario planificar la llegada de los hijos, colocándose siempre, claro está, bajo la voluntad de Dios. En atención a ello, debéis saber que existen otras formas de llevar a cabo la planificación de la familia ejerciendo la paternidad de manera responsable. Los últimos treinta años, el desarrollo científico ha hecho posible conocer profundamente la naturaleza de la mujer y también poder emplearla para conseguir o espaciar los embarazos (cuando existen razones serias), al poder identificar los momentos fértiles de su ciclo. Se trata de los “métodos naturales de planificación de la familia”.
Los distintos métodos naturales que hoy existen para espaciar los embarazos:
• ofrecen un alto índice de seguridad
• no dependen de que el ciclo femenino sea regular
• son fáciles de aprender
• contribuyen a la comunicación en el matrimonio
• no tienen efectos perjudiciales
PRINCIPALES METODOS NATURALES
-El Método Sintotérmico no es un método como tal, sino la combinación de varios métodos pues combina el cálculo pre-ovular de Ogino, los cambios del moco cervical del Método de Billings, el registro de la Temperatura Basal, la autopalpación del cuello y el dolor intermenstrual de la ovulación. Pudiéndose utilizar la combinación de todos estos métodos o solo algunos de ellos. Cuando se desea posponer el embarazo, se practica la abstinencia ante el primero de los signos o cálculos de fertilidad que aparezca en la mujer, y luego se termina la abstinencia, el último día del último método. Después de aprendido, es muy fácil.
-El Método de la Ovulación ó Método Billings es un sistema natural y gratuito de regulación de la fertilidad basado en la determinación, por parte de la propia mujer, de las fases fértiles o infértiles de su ciclo menstrual, reconocidas por la observación diaria del moco cervical recogido a la entrada de la vagina. Este método consiste en que cada día la mujer lleva un gráfico donde anota los cambios que observa en el moco cervical. Con este método la mujer debe pasar papel sanitario por el introito vaginal antes y después de realizar sus necesidades y observar si encuentra o no moco así como sus características. Es un método muy seguro pero debe enseñarse por personal calificado y, al menos, durante tres ciclos.
-El Método de la Temperatura Basal tiene como fundamento el aumento de la temperatura que la progesterona provoca en la mujer. Esta hormona comienza a circular en la segunda fase del ciclo menstrual o sea, una vez que el folículo se ha convertido en el cuerpo lúteo, después de producirse la ovulación. Cuando a una mujer le sube la temperatura es señal que ha ovulado. Regularmente la temperatura sube 2 décimas de grado Centígrado, o 4 Farenheit. Para llevar el registro hay que tomar todos los días la temperatura basal con el mismo termómetro en las mismas condiciones y a la misma hora, después de al menos dos horas de reposo. Para posponer el embarazo por el Método de la Temperatura Basal debe guardarse abstinencia sexual desde la menstruación hasta tres días después de que se produce el aumento de la temperatura (2gC ó 4gF) por encima de los seis días anteriores, es la llamada regla de 3/6. Este método tiene una seguridad del 99% pero requiere de una abstinencia muy prolongada.
-El Método de la Autopalpación Cervical se basa en que el cuello uterino sufre variaciones en sus características según el momento del ciclo menstrual por las influencias hormonales. Cuando la mujer es fértil el cuello está alto, blando y con el orificio central entreabierto, mientras que en la fase infértil el cuello está bajo, encontrándosele muy fácilmente al introducir los dedos en la vagina, y es duro, con el orificio externo cerrado.
Existen otros métodos que también son naturales, pues se basan en la determinación de los momentos fértiles o infértiles para que la pareja utilice su paternidad de manera responsable, pero que no son gratuitos, ya que para la determinación de los momentos fértiles o infértiles utilizan accesorios o equipos creados por el hombre y que con frecuencia resultan costosos, como son:
-Método Persona (www. metodopersona.com). Muy práctico y eficiente.
-Los microscopios de bolsillo: La estructura microscópica de la saliva y el mucus cervical varían si la mujer es fértil o no. Observando en estos equipos la saliva y/o el moco cervical con un entrenamiento muy sencillo, las parejas pueden determinar si la mujer es fértil o no. Existen de diferentes marcas, siendo los más conocidos el Ovulator y el PG-53.
-Los Métodos Monoclonales son muy sencillos en su utilización. Consisten en hacer una prueba en orina buscando la presencia de la hormona luteinizante que, aunque siempre está presente, tiene un aumento brusco de 24 a 36 horas antes de la ovulación. El fundamento es un Test de Elisa basado en anticuerpos monoclonales que utiliza una técnica de tiras reactivas impregnadas, cuando la hormona luteinizante está baja la tira se mantiene blanca al ponerse en contacto con la orina, pero cuando la luteinizante está alta, lo que ocurre cuando la mujer es fértil, la tira se pone azul, por lo que lleva el nombre de Bluetest. Existen otros similares pero con productos en gotas en lugar de tiras impregnadas.
-El Bioself es un pequeño aparato que tiene un termómetro electrónico y un microordenador que mide, registra y analiza la temperatura basal y, por medio de señales de luz, indica el estado de la fertilidad.
-El Sofía es un pequeño equipo computarizado que, introduciéndole los datos de temperatura y mucus cervical, es capaz de dar datos sobre la fertilidad.
La Declaración Final de la Reunión Mundial de Expertos en Métodos Naturales de Planificación Familiar reafirma la importancia de dichos métodos cuando afirma lo siguiente:
• "Durante los últimos sesenta años, el estudio de los síntomas que acompañan el ciclo de la fertilidad de la mujer ha modificado sensiblemente el distanciamiento de los nacimientos. Los métodos modernos constituyen modos seguros y precisos para conseguir el embarazo o postergarlo. Los métodos naturales se apoyan en una sólida base científica.
• "La salud de las madres y de los niños mejora con el distanciamiento natural de los nacimientos, y no comporta daño alguno ni a la madre ni al niño. Los métodos naturales no hacen daño a la salud de los cónyuges.
• "La libertad y los derechos de la mujer o del marido son respetados por medio de estos métodos, que se centran en la mujer y en la integridad de su cuerpo.
• "Los métodos naturales desarrollan una relación interpersonal más profunda entre los esposos, basada en la comunicación, las decisiones compartidas y el respeto recíproco, fortalecen el matrimonio y, por tanto, la vida familiar."
Conozca los Efectos Dañinos de los Métodos Artificiales de Planificación de la Familia:
Hoy en día se conoce una amplia variedad de métodos de planificación de la familia, pero no todos los métodos son anticonceptivos como muchos equivocadamente creen.
Anticonceptivos serán sólo aquellos métodos que impidan el encuentro del espermatozoide con el óvulo. Aún así, los que verdaderamente actúan como anticonceptivos tampoco son beneficiosos.
La concepción o fecundación se produce en el instante mismo en que el espermatozoide penetra al óvulo, a partir del cual no cabe duda alguna de que existe una nueva vida humana.
Los anticonceptivos:
-Los preservativos y diafragmas colocan barreras para bloquear el camino al espermatozoide, interfiriendo así con el proceso natural de la procreación. Pero éstos, además de que pueden resultar incómodos, pueden fallar, producir frustración en la relación sexual, afectar la sensibilidad y causar infecciones, alergias al látex o lesiones locales.
-La esterilización consiste en diversas técnicas operatorias por las cuales se ligan, queman o cortan los conductos deferentes del hombre (vasectomía) o las trompas de la mujer (salpingectomía), que son los conductos necesarios para el tránsito del espermatozoide al encuentro del óvulo. Efectos dañinos: En algunos casos, ponen en peligro la vida de la mujer, debido a la posibilidad de un embarazo extrauterino. Generalmente estas técnicas son irreversibles y ésto puede causar futuros desajustes emocionales en la mujer y la pareja, si se cambia de opinión y luego se desea un embarazo. Además, tienen los riesgos de toda intervención quirúrgica, desde las reacciones anestésicas, hemorragias, infecciones y otras, hasta la muerte.
-Los espermaticidas. También resultan anticonceptivos los espermaticidas que son productos químicos con diferentes formas de presentación, como las jaleas, las cremas y los supositorios, que actúan sobre la vagina y el cuello del útero para impedir el paso del espermatozoide y, fundamentalmente, matarlo. Efectos dañinos: Su uso puede causar molestias e inflamaciones o infecciones, y puede ocurrir que sólo dañen al espermatozoide sin llegar a destruirlo, causando así el nacimiento de niños malformados.
Los falsos anticonceptivos:
-Los dispositivos intrauterinos (DIU), tales como el ASA, la T de cobre y el Anillo, son cuerpos extraños de diferentes materiales que se introducen en el útero para evitar la procreación. Actúan química y mecánicamente, para impedir que el óvulo ya fecundado se pueda anidar en el útero. Es decir, son antimplantatorios y, por tanto, abortivos. Efectos abortivos: Aceleran el transporte del óvulo fecundado (o sea de una vida humana recién comenzada), a través de la trompa, por lo que al llegar al útero éste no está capacitado para recibirlo y lo aborta2; producen destrucción por lisis del blastocisto (el ser humano en sus primeras etapas de desarrollo)1; desplazan mecánicamente del endometrio (la capa que recubre internamente al útero) al blastocisto ya implantado;1,3,9 impiden la implantación debido a la respuesta inflamatoria al cuerpo extraño que se produce en el endometrio;3,9 y alteran el proceso de maduración y proliferación del endometrio afectando la implantación. Efectos dañinos: Es verdad que a veces los efectos abortivos de los DIUs pueden fallar y el embarazo continúa. Sin embargo, estos dispositivos también tienen efectos secundarios dañinos para la mujer. Pueden causar crisis vagales (desmayos de causa orgánica) al ser introducidos en el útero; pequeñas heridas e infecciones en el cuello del útero cuando se está colocando el DIU; e infecciones en el tractus reproductor que pueden llevar al flujo infeccioso, a la obstrucción tubaria y a la esterilidad. En algunas ocasiones, estas infecciones pueden ser tan graves que llevan al shock séptico y a la muerte. También pueden causar incrustaciones y perforaciones cervicales, así como perforaciones del útero que llevan a una operación con todos sus riesgos y a una posible esterilidad; sangramientos intermenstruales y menstruaciones muy abundantes que pueden causar anemia y déficit de hierro; y embarazos ectópicos, que al romperse llevan a la hemorragia interna y a la muerte, si no se interviene quirúgicamente a tiempo.
-Los anticonceptivos orales o píldoras son tabletas que contienen hormonas, las cuales pueden tener efectos variados en la mujer, ya sea alterando el ciclo menstrual femenino o impidiendo que se produzca la ovulación. Además, causan cambios en la mucosidad que se produce en el cuello del útero, de modo tal, que ésta ocluye dicho orificio e impide el paso a los espermatozoides, teniendo en ambos casos un efecto anticonceptivo. Efectos abortivos: También actúan produciendo cambios en el endometrio uterino que impiden que el óvulo ya fecundado se anide, siendo este efecto antimplantatorio y abortivo. Es imposible determinar cuándo lo hace de una u otra forma en una misma mujer, cosa que puede suceder. Los estrógenos producen hipermotilidad de la trompa y los progestágenos hipomotilidad, por lo que al llegar el óvulo fecundado (la nueva vida humana) demasiado tarde o demasiado temprano al útero, el endometrio no está preparado adecuadamente para implantarse. Efectos dañinos: Las píldoras y los demás anticonceptivos hormonales pueden causar también embarazos ectópicos, esterilidad por atrofia ovárica, trastornos psíquicos, trastornos circulatorios y de la coagulación de la sangre que causan accidentes trombóticos cerebrovasculares, coronarios, de extremidades, oculares, embolias e infartos en diferentes órganos y que pueden llevar a la muerte. Además pueden causar manchas oscuras en la piel (cloasma), enfermedades del hígado (hepatopatías), nódulos y cáncer de mama, dolores de cabeza (cefáleas), aumento de los lípidos en la sangre, especialmente de los triglicéridos, aumento de peso, ectopias de cuello uterino que predisponen a la inflamación del cuello del útero (cervicitis), envejecimiento del cuello uterino que lleva a la infertilidad, agravamiento de la hipertensión arterial, trastornos menstruales y trastornos en el sistema inmunológico, por lo que quien las toma es más propensa a adquirir varicela y enfermedades de transmisión sexual.
Los implantes como el Norplant y los inyectables como la Depo-Provera, tienen el mismo mecanismo de acción abortiva que la píldora. Tanto el uno como el otro tienen sólo progestágenos.
-El Norplant, además de todos los efectos secundarios antes citados, tiene los riesgos de una cirugía menor, a la que tiene que someterse la mujer para implantárselo, y sobre todo las complicaciones de cuando se retira, operación que resulta siempre muy trabajosa. Por otro lado, el uso del Norplant manipula a la mujer durante un tiempo muy prolongado.
-El Depo-Provera acelera el desarrollo de cánceres al igual que las píldoras. Un gran número de mujeres vietnamitas, refugiadas en Hong Kong, han sufrido grandes efectos colaterales como resultado de estos inyectables.
Anticonceptivos post-coito
Los "anticonceptivos post-coito" o “píldoras del día después” constituyen una forma de "evitar" la procreación basada en la falsa teoría de que el embarazo comienza con la implantación y no con la fecundación. Esta idea errónea es la que les da el nombre de "anticonceptivos de emergencia" o "post-coito", cuando en realidad se trata de abortivos. Para lograr su objetivo utilizan diferentes métodos, tales como el dispositivo intrauterino (DIU) y ciertas dosis de la píldora abortiva RU 486 y de la misma píldora anticonceptiva durante cierto tiempo después del acto sexual.
OBSERVACIONES GENERALES
En todos estos métodos generalmente lo que se busca es evitar la implantación del óvulo ya fecundado, por lo que son métodos abortivos.
El aborto jamás puede considerarse un método de planificación de la familia y mucho menos un anticonceptivo, pues el aborto consiste en extraer del útero al niño ya concebido en etapas tempranas o tardías de su desarrollo, haciendo uso de diferentes formas de violencia.
El aborto puede ocasionar graves daños físicos y psicológicos en la mujer, aparte de privar de la vida a un pequeño ser humano vivo, inocente e indefenso.
Fuente: Human Life International
Unión y capacidad reproductora son, pues, dos aspectos inseparables del acto conyugal. No pueden ser moralmente aceptados como buenos los métodos de planificación de la familia que, como los artificiales, interfieren de diferentes formas entre ambos aspectos y con ello actúan contra la naturaleza misma del acto conyugal.
Sin embargo, hay situaciones en las cuales se hace necesario planificar la llegada de los hijos, colocándose siempre, claro está, bajo la voluntad de Dios. En atención a ello, debéis saber que existen otras formas de llevar a cabo la planificación de la familia ejerciendo la paternidad de manera responsable. Los últimos treinta años, el desarrollo científico ha hecho posible conocer profundamente la naturaleza de la mujer y también poder emplearla para conseguir o espaciar los embarazos (cuando existen razones serias), al poder identificar los momentos fértiles de su ciclo. Se trata de los “métodos naturales de planificación de la familia”.
Los distintos métodos naturales que hoy existen para espaciar los embarazos:
• ofrecen un alto índice de seguridad
• no dependen de que el ciclo femenino sea regular
• son fáciles de aprender
• contribuyen a la comunicación en el matrimonio
• no tienen efectos perjudiciales
PRINCIPALES METODOS NATURALES
-El Método Sintotérmico no es un método como tal, sino la combinación de varios métodos pues combina el cálculo pre-ovular de Ogino, los cambios del moco cervical del Método de Billings, el registro de la Temperatura Basal, la autopalpación del cuello y el dolor intermenstrual de la ovulación. Pudiéndose utilizar la combinación de todos estos métodos o solo algunos de ellos. Cuando se desea posponer el embarazo, se practica la abstinencia ante el primero de los signos o cálculos de fertilidad que aparezca en la mujer, y luego se termina la abstinencia, el último día del último método. Después de aprendido, es muy fácil.
-El Método de la Ovulación ó Método Billings es un sistema natural y gratuito de regulación de la fertilidad basado en la determinación, por parte de la propia mujer, de las fases fértiles o infértiles de su ciclo menstrual, reconocidas por la observación diaria del moco cervical recogido a la entrada de la vagina. Este método consiste en que cada día la mujer lleva un gráfico donde anota los cambios que observa en el moco cervical. Con este método la mujer debe pasar papel sanitario por el introito vaginal antes y después de realizar sus necesidades y observar si encuentra o no moco así como sus características. Es un método muy seguro pero debe enseñarse por personal calificado y, al menos, durante tres ciclos.
-El Método de la Temperatura Basal tiene como fundamento el aumento de la temperatura que la progesterona provoca en la mujer. Esta hormona comienza a circular en la segunda fase del ciclo menstrual o sea, una vez que el folículo se ha convertido en el cuerpo lúteo, después de producirse la ovulación. Cuando a una mujer le sube la temperatura es señal que ha ovulado. Regularmente la temperatura sube 2 décimas de grado Centígrado, o 4 Farenheit. Para llevar el registro hay que tomar todos los días la temperatura basal con el mismo termómetro en las mismas condiciones y a la misma hora, después de al menos dos horas de reposo. Para posponer el embarazo por el Método de la Temperatura Basal debe guardarse abstinencia sexual desde la menstruación hasta tres días después de que se produce el aumento de la temperatura (2gC ó 4gF) por encima de los seis días anteriores, es la llamada regla de 3/6. Este método tiene una seguridad del 99% pero requiere de una abstinencia muy prolongada.
-El Método de la Autopalpación Cervical se basa en que el cuello uterino sufre variaciones en sus características según el momento del ciclo menstrual por las influencias hormonales. Cuando la mujer es fértil el cuello está alto, blando y con el orificio central entreabierto, mientras que en la fase infértil el cuello está bajo, encontrándosele muy fácilmente al introducir los dedos en la vagina, y es duro, con el orificio externo cerrado.
Existen otros métodos que también son naturales, pues se basan en la determinación de los momentos fértiles o infértiles para que la pareja utilice su paternidad de manera responsable, pero que no son gratuitos, ya que para la determinación de los momentos fértiles o infértiles utilizan accesorios o equipos creados por el hombre y que con frecuencia resultan costosos, como son:
-Método Persona (www. metodopersona.com). Muy práctico y eficiente.
-Los microscopios de bolsillo: La estructura microscópica de la saliva y el mucus cervical varían si la mujer es fértil o no. Observando en estos equipos la saliva y/o el moco cervical con un entrenamiento muy sencillo, las parejas pueden determinar si la mujer es fértil o no. Existen de diferentes marcas, siendo los más conocidos el Ovulator y el PG-53.
-Los Métodos Monoclonales son muy sencillos en su utilización. Consisten en hacer una prueba en orina buscando la presencia de la hormona luteinizante que, aunque siempre está presente, tiene un aumento brusco de 24 a 36 horas antes de la ovulación. El fundamento es un Test de Elisa basado en anticuerpos monoclonales que utiliza una técnica de tiras reactivas impregnadas, cuando la hormona luteinizante está baja la tira se mantiene blanca al ponerse en contacto con la orina, pero cuando la luteinizante está alta, lo que ocurre cuando la mujer es fértil, la tira se pone azul, por lo que lleva el nombre de Bluetest. Existen otros similares pero con productos en gotas en lugar de tiras impregnadas.
-El Bioself es un pequeño aparato que tiene un termómetro electrónico y un microordenador que mide, registra y analiza la temperatura basal y, por medio de señales de luz, indica el estado de la fertilidad.
-El Sofía es un pequeño equipo computarizado que, introduciéndole los datos de temperatura y mucus cervical, es capaz de dar datos sobre la fertilidad.
La Declaración Final de la Reunión Mundial de Expertos en Métodos Naturales de Planificación Familiar reafirma la importancia de dichos métodos cuando afirma lo siguiente:
• "Durante los últimos sesenta años, el estudio de los síntomas que acompañan el ciclo de la fertilidad de la mujer ha modificado sensiblemente el distanciamiento de los nacimientos. Los métodos modernos constituyen modos seguros y precisos para conseguir el embarazo o postergarlo. Los métodos naturales se apoyan en una sólida base científica.
• "La salud de las madres y de los niños mejora con el distanciamiento natural de los nacimientos, y no comporta daño alguno ni a la madre ni al niño. Los métodos naturales no hacen daño a la salud de los cónyuges.
• "La libertad y los derechos de la mujer o del marido son respetados por medio de estos métodos, que se centran en la mujer y en la integridad de su cuerpo.
• "Los métodos naturales desarrollan una relación interpersonal más profunda entre los esposos, basada en la comunicación, las decisiones compartidas y el respeto recíproco, fortalecen el matrimonio y, por tanto, la vida familiar."
Conozca los Efectos Dañinos de los Métodos Artificiales de Planificación de la Familia:
Hoy en día se conoce una amplia variedad de métodos de planificación de la familia, pero no todos los métodos son anticonceptivos como muchos equivocadamente creen.
Anticonceptivos serán sólo aquellos métodos que impidan el encuentro del espermatozoide con el óvulo. Aún así, los que verdaderamente actúan como anticonceptivos tampoco son beneficiosos.
La concepción o fecundación se produce en el instante mismo en que el espermatozoide penetra al óvulo, a partir del cual no cabe duda alguna de que existe una nueva vida humana.
Los anticonceptivos:
-Los preservativos y diafragmas colocan barreras para bloquear el camino al espermatozoide, interfiriendo así con el proceso natural de la procreación. Pero éstos, además de que pueden resultar incómodos, pueden fallar, producir frustración en la relación sexual, afectar la sensibilidad y causar infecciones, alergias al látex o lesiones locales.
-La esterilización consiste en diversas técnicas operatorias por las cuales se ligan, queman o cortan los conductos deferentes del hombre (vasectomía) o las trompas de la mujer (salpingectomía), que son los conductos necesarios para el tránsito del espermatozoide al encuentro del óvulo. Efectos dañinos: En algunos casos, ponen en peligro la vida de la mujer, debido a la posibilidad de un embarazo extrauterino. Generalmente estas técnicas son irreversibles y ésto puede causar futuros desajustes emocionales en la mujer y la pareja, si se cambia de opinión y luego se desea un embarazo. Además, tienen los riesgos de toda intervención quirúrgica, desde las reacciones anestésicas, hemorragias, infecciones y otras, hasta la muerte.
-Los espermaticidas. También resultan anticonceptivos los espermaticidas que son productos químicos con diferentes formas de presentación, como las jaleas, las cremas y los supositorios, que actúan sobre la vagina y el cuello del útero para impedir el paso del espermatozoide y, fundamentalmente, matarlo. Efectos dañinos: Su uso puede causar molestias e inflamaciones o infecciones, y puede ocurrir que sólo dañen al espermatozoide sin llegar a destruirlo, causando así el nacimiento de niños malformados.
Los falsos anticonceptivos:
-Los dispositivos intrauterinos (DIU), tales como el ASA, la T de cobre y el Anillo, son cuerpos extraños de diferentes materiales que se introducen en el útero para evitar la procreación. Actúan química y mecánicamente, para impedir que el óvulo ya fecundado se pueda anidar en el útero. Es decir, son antimplantatorios y, por tanto, abortivos. Efectos abortivos: Aceleran el transporte del óvulo fecundado (o sea de una vida humana recién comenzada), a través de la trompa, por lo que al llegar al útero éste no está capacitado para recibirlo y lo aborta2; producen destrucción por lisis del blastocisto (el ser humano en sus primeras etapas de desarrollo)1; desplazan mecánicamente del endometrio (la capa que recubre internamente al útero) al blastocisto ya implantado;1,3,9 impiden la implantación debido a la respuesta inflamatoria al cuerpo extraño que se produce en el endometrio;3,9 y alteran el proceso de maduración y proliferación del endometrio afectando la implantación. Efectos dañinos: Es verdad que a veces los efectos abortivos de los DIUs pueden fallar y el embarazo continúa. Sin embargo, estos dispositivos también tienen efectos secundarios dañinos para la mujer. Pueden causar crisis vagales (desmayos de causa orgánica) al ser introducidos en el útero; pequeñas heridas e infecciones en el cuello del útero cuando se está colocando el DIU; e infecciones en el tractus reproductor que pueden llevar al flujo infeccioso, a la obstrucción tubaria y a la esterilidad. En algunas ocasiones, estas infecciones pueden ser tan graves que llevan al shock séptico y a la muerte. También pueden causar incrustaciones y perforaciones cervicales, así como perforaciones del útero que llevan a una operación con todos sus riesgos y a una posible esterilidad; sangramientos intermenstruales y menstruaciones muy abundantes que pueden causar anemia y déficit de hierro; y embarazos ectópicos, que al romperse llevan a la hemorragia interna y a la muerte, si no se interviene quirúgicamente a tiempo.
-Los anticonceptivos orales o píldoras son tabletas que contienen hormonas, las cuales pueden tener efectos variados en la mujer, ya sea alterando el ciclo menstrual femenino o impidiendo que se produzca la ovulación. Además, causan cambios en la mucosidad que se produce en el cuello del útero, de modo tal, que ésta ocluye dicho orificio e impide el paso a los espermatozoides, teniendo en ambos casos un efecto anticonceptivo. Efectos abortivos: También actúan produciendo cambios en el endometrio uterino que impiden que el óvulo ya fecundado se anide, siendo este efecto antimplantatorio y abortivo. Es imposible determinar cuándo lo hace de una u otra forma en una misma mujer, cosa que puede suceder. Los estrógenos producen hipermotilidad de la trompa y los progestágenos hipomotilidad, por lo que al llegar el óvulo fecundado (la nueva vida humana) demasiado tarde o demasiado temprano al útero, el endometrio no está preparado adecuadamente para implantarse. Efectos dañinos: Las píldoras y los demás anticonceptivos hormonales pueden causar también embarazos ectópicos, esterilidad por atrofia ovárica, trastornos psíquicos, trastornos circulatorios y de la coagulación de la sangre que causan accidentes trombóticos cerebrovasculares, coronarios, de extremidades, oculares, embolias e infartos en diferentes órganos y que pueden llevar a la muerte. Además pueden causar manchas oscuras en la piel (cloasma), enfermedades del hígado (hepatopatías), nódulos y cáncer de mama, dolores de cabeza (cefáleas), aumento de los lípidos en la sangre, especialmente de los triglicéridos, aumento de peso, ectopias de cuello uterino que predisponen a la inflamación del cuello del útero (cervicitis), envejecimiento del cuello uterino que lleva a la infertilidad, agravamiento de la hipertensión arterial, trastornos menstruales y trastornos en el sistema inmunológico, por lo que quien las toma es más propensa a adquirir varicela y enfermedades de transmisión sexual.
Los implantes como el Norplant y los inyectables como la Depo-Provera, tienen el mismo mecanismo de acción abortiva que la píldora. Tanto el uno como el otro tienen sólo progestágenos.
-El Norplant, además de todos los efectos secundarios antes citados, tiene los riesgos de una cirugía menor, a la que tiene que someterse la mujer para implantárselo, y sobre todo las complicaciones de cuando se retira, operación que resulta siempre muy trabajosa. Por otro lado, el uso del Norplant manipula a la mujer durante un tiempo muy prolongado.
-El Depo-Provera acelera el desarrollo de cánceres al igual que las píldoras. Un gran número de mujeres vietnamitas, refugiadas en Hong Kong, han sufrido grandes efectos colaterales como resultado de estos inyectables.
Anticonceptivos post-coito
Los "anticonceptivos post-coito" o “píldoras del día después” constituyen una forma de "evitar" la procreación basada en la falsa teoría de que el embarazo comienza con la implantación y no con la fecundación. Esta idea errónea es la que les da el nombre de "anticonceptivos de emergencia" o "post-coito", cuando en realidad se trata de abortivos. Para lograr su objetivo utilizan diferentes métodos, tales como el dispositivo intrauterino (DIU) y ciertas dosis de la píldora abortiva RU 486 y de la misma píldora anticonceptiva durante cierto tiempo después del acto sexual.
OBSERVACIONES GENERALES
En todos estos métodos generalmente lo que se busca es evitar la implantación del óvulo ya fecundado, por lo que son métodos abortivos.
El aborto jamás puede considerarse un método de planificación de la familia y mucho menos un anticonceptivo, pues el aborto consiste en extraer del útero al niño ya concebido en etapas tempranas o tardías de su desarrollo, haciendo uso de diferentes formas de violencia.
El aborto puede ocasionar graves daños físicos y psicológicos en la mujer, aparte de privar de la vida a un pequeño ser humano vivo, inocente e indefenso.
Fuente: Human Life International
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Fecundidad y fertilidad,
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