martes, 8 de abril de 2008

Curso prematrimonial en Valladolid

Os pongo las fechas de las sesiones del cursillo prematrimonial que tendrá lugar en Valladolid en esta primavera del 2008.

Sábado 19 de abril: La relación conyugal: la dimensión interpersonal
Sábado 3 de mayo: La dimensión social del matrimonio
Sábado 24 de mayo: La dimensión sacramental
Sábado 14 de junio: La fecundidad conyugal

Teléfono 618 86 79 73

Las sesiones tendrán lugar en Paseo Zorrilla 100, 19 B, a las 12:30

domingo, 6 de abril de 2008

Una revolución nupcial: ¿te animas a ponerla en práctica el día de tu matrimonio?


Hace ya un poco de tiempo que tengo olvidado este blog, puesto que me he dedicado más a Familia en construcción. Allí colgué hace unos días esta entrada, en la que tomo prestada la idea central de la película CASOMAI para reconvertirla en una propuesta revolucionaria.

Entraba yo en una iglesia napolitana, junto con un amigo sacerdote, precisamente en el momento en que unos esposos estaban declarando solemnemente la fórmula del consentimiento matrimonial. El comentario de mi amigo me dejó helado:
- ¡Otro matrimonio nulo!
Se le puede disculpar. Era juez diocesano de Nápoles y dedicaba muchas horas a profundizar en historias dramáticas que terminaban en la ruptura matrimonial y en el certificado canónico de defunción vincular.
El signo de la entrega de la persona fue interpretado por este amigo como una realidad vacía e insignificante. Mucha gente en las mismas circunstancias no pensará lo mismo que él, porque su juicio drástico se debió a un claro prejuicio profesional, pero tampoco atribuirá una mayor importancia al consentimiento de los esposos.
En esta sección que ahora inauguramos propongo una iniciativa inspirada en la película italiana Casomai -que en España se ha traducido como Comprométete-. En ella, el párroco celebrante de una boda invita a los amigos y familiares a salir de la iglesia con el fin de que los esposos declaren el consentimiento ante él como único testigo. ¿La razón? Porque no están dispuestos a "comprometerse" con los esposos y, con mucha probabilidad, les abandonarán en los momentos en que éstos necesiten su ayuda y su consejo.

El mensaje de esta película es de una actualidad extraordinaria. Para revitalizar el signo matrimonial no debemos esperar leyes estatales o reformas litúrgicas. No son las instituciones las que pueden arreglar este vacío desolador, sino los mismos esposos que son los protagonistas de la boda y quienes invitan a sus amigos y familiares a participar en ese momento fundacional de la familia.

Que el sacerdote en la homilía nupcial hable de la importancia y trascendencia de la entrega matrimonial tiene una incidencia mínima en la sociedad. ¿De qué va a hablar? No hace otra cosa que cumplir su función. Las bodas están tan estereotipadas que todos intervienen, cada uno a su modo, en una ceremonia insignificante.

Lo que propongo aquí es que sean los esposos los que asuman su protagonismo y que en el momento más solemne (es decir, inmediatamente después de haber pronunciado las palabras del consentimiento) inviten a los presentes a escuchar sentados una declaración formal de intenciones, lo que podríamos denominar una "cláusula explicativa del pacto conyugal". Podría sonar algo así:

"Queridos familiares y amigos: las palabras que acabamos de pronunciar no son una hermosa manera de expresar nuestro amor, sino que en ella se condensan las exigencias de nuestra entrega. Nos sabemos y sentimos íntima y profundamente comprometidos por este sacro vínculo de amor. Queremos que todos vosotros seáis testigos ante Dios del alcance de este compromiso. Haciendo uso de nuestra libertad no hemos establecido un simple contrato, sino un pacto de naturaleza familiar que consiste en la entrega recíproca de nuestras personas. Esta entrega es exclusiva y perpetua en lo conyugal. Por eso renunciamos al divorcio y prometemos sernos fieles hasta que la muerte nos separe.

Sabemos que esta renuncia nada vale para el Estado, pero no nos importa. No es el Estado quien nos casa, sino nuestra voluntad soberana: la voluntad de un hombre y una mujer que ejercen un poder recibido de Dios, que está inscrito en la naturaleza humana.

Es verdad, la renuncia al divorcio nada vale para el Estado. Sin embargo, queremos que tenga un gran valor para vosotros, familiares y amigos que nos habéis acompañado hasta el altar. Queremos que en este acto de renuncia no veáis algo así como el sacrificio de nuestra libertad, sino, muy al contrario, la expresión suprema de nuestra libérrima voluntad. ¿Qué valor tendría la libertad si no pudiésemos entregar la vida por amor? Al darnos el uno al otro hemos realizado el supremo ejercicio de la libertad. Contamos con la ayuda de Dios y de la Iglesia para poder se fieles a este compromiso.

Deseamos poder contar también con vuestra ayuda. Por eso os suplicamos que también vosotros, familiares y amigos, os comprometáis con nosotros en los siguientes aspectos:

1) Que a lo largo de nuestras vidas y especialmente en las crisis conyugales que podamos atravesar, tengáis siempre presente en vuestros consejos el bien conyugal y familiar.

2) Que en el hipotético supuesto en que alguno de nosotros os invitara a participar en unas segundas nupcias (en vida del otro y exceptuados los casos de legítima disolución o nulidad eclesiástica) declinéis dicha invitación invocando precisamente la fuerza sagrada de este compromiso.

Puesto que dentro de unos momentos sellaremos nuestro pacto de amor comulgando el cuerpo de Cristo y bebiendo su Sangra Preciosa, os invitamos a que asumáis este compromiso ante Dios nuestro Señor. No os pedimos nada extraordinario o que pueda violentar vuestras conciencias. Entendemos que con vuestra presencia aquí durante el banquete eucarístico asumíis este compromiso con nosotros.

martes, 25 de marzo de 2008

"TONIGHT" de West Side Story

Inolvidable escena musical de una película clásica, que refleja la ilusión del amor…

El Camino del Matrimonio: No te Olvides del Amor

Transportémonos a un museo de arte y detengámonos por unos instantes frente a una pintura abstracta. A través de ella podemos vislumbrar colores, formas, figuras, pero también podemos meternos en ella y tratar de pensar qué es lo que quiso transmitir el pintor. Dicha tarea no es fácil, pero es apasionante. Toda obra tiene un sentido para el pintor, no son simples pinceladas hechas al azar como muchos sostienen.

Ahora bien, al enfrentarnos al concepto del amor, podemos entrar con gran facilidad en una “Torre de Babel”, por los múltiples y variados significados, hasta a veces contrapuestos que se le dan en la actualidad. Éste es uno de los términos que más se utiliza, pero a la vez, uno de los que se abusa con más frecuencia, por tanto, tendremos que desenmarañarlo, llegar a entender, a develar lo que éste significa en su totalidad. Esto es fundamental, a la hora de preguntarnos ¿estoy enamorada/o?, al tomar la decisión de ponerse de novia/o, contraer matrimonio, etc.

Para adentrarnos en este tema tan apasionante, trasladémonos ahora a un cerro. A medida que lo escalemos iremos esclareciendo lo que significa el amor romántico, el amor de donación y llegaremos a la cumbre, donde nos encontraremos con el amor conyugal. Esto es un trabajo arduo, y por tanto, es recomendable para personas audaces, valientes y que quieran de verdad luchar contra corriente y consigo mismos.

Es la hora de emprender el viaje, y por tanto, es aconsejable luchar contra las dificultades que van a venir sin lugar a dudas; pero a no desanimarse ya que VALE LA PENA, si se quiere construir un matrimonio sólido.

Como indicamos el primer camino a recorrer es el amor romántico. Éste comprende el conocido enamoramiento. Según Tomás Melendo y Lourdes Millán Puelles (2002, pág 29) es “un amor sentimental, un amor estético y afectivo o de simpatía: de atracción física unida a un interés por la persona concreta de distinto sexo cuyas maravillas se comienzan a vislumbrar, y que, cuando resulta correspondido, despierta en los implicados un afán casi irresistible de verse y hablarse de nuevo, de saber más del otro, de relacionarse”. También expresan que “vivimos más en el otro que en nosotros mismos: es él quien otorga su entero significado a todo aquello con lo que nos relacionamos”. (o.c, 2002, pág.29)

El estar enamorado se caracteriza por estar “flotando en las nubes”, tener la sensación de tocar el techo y saltar de júbilo, por no ver la hora de encontrarse, a su vez, por parecer como si los minutos pasaran muy lentos cuando no se está con el/ella y por el contrario vuelan, cuando se están juntos. Todo esto surge de manera espontánea, nadie decide o se propone estar enamorado de una persona y por tanto, no exige esfuerzo de nuestra parte. Como expresa Hervada (1975, pág. 37): “el amante aparece como sujeto pasivo; el amor es algo que nace en él y no producido por él”. Por esta razón, es muy común sentir frases como esta: “el amor es más fuerte que yo”. Éste afecto inicial es limitado ya que reside en las emociones, en el sentimiento, que por naturaleza es instantáneo y cambiable, y por ello, esto es incapaz para adquirir compromisos y ser fieles a ellos.

De acuerdo a ello, este amor ha de madurar y desarrollarse. El aspecto negativo de este tipo de amor al cual no podemos dejar a un lado, es el de idealizar a la persona a quien se ama, el no ver más que sus cualidades positivas, e incluso magnificarlas, y por esta razón, no amamos tal cual es en verdad la persona, sino sólo un espejismo de la misma. Esto acarrea un desengaño si no se trata de perseguir el camino de querer al otro por lo que realmente es, por lo que tiene de único e irrepetible y no por las cualidades que tiene, como ser su aspecto físico, que en última instancia esto puede ser común a otras personas.

El segundo mojón, que nos encontramos en el camino que estamos recorriendo es el llamado amor de donación, el cual se caracteriza por establecer sus orígenes en el amor romántico, pero tiene otro género. Nace con vocación de una inclinación a la entrega de nuestro propio yo personal para siempre desde lo más profundo del ser, es decir, que nos descentramos de nosotros mismos para querer al otro no ya sólo desde la sensibilidad y las emociones, sino también, a través del entendimiento y la voluntad. También pesan más las cualidades personales, es decir, el quién eres, lo que eres o cómo eres. Las virtudes físicas o espirituales, según Tomás Melendo (2001 en o.c. 2002, pág. 36), “dejan de ser comunes o similares a las de otros individuos … y se atenúa casi hasta el infinito la posibilidad -¡la tentación!- de sentirnos atraídos por atributos semejantes de personas diversas: sencillamente porque al enraizarlos hasta la hondura de la condición personal, los de quien amamos se han trocado inesquivablemente únicos, sin parangón, y nada parecido podríamos encontrar”.

Y ahora nos preguntarnos, ¿cuál es el signo de que estamos frente a una auténtica entrega? No se requiere más que una palabra para contestar, FELICIDAD. Un noviazgo, un matrimonio es más feliz cuanto más grande sea la entrega mutua y esto requiere bajar de la escena al egoísmo, al individualismo, etc. y dejar que pase a ser el actor principal de la obra, la entrega, el desvivirse por el otro.

Después de recorrer un largo trecho, hemos llegado a la meta. Aquí nos encontramos con el amor conyugal. Tomás Melendo y Lourdes Millán-Puelles (o.c. 2002, pág 39) señalan que “es la elección consciente, libremente asumida, de entregarse por completo al otro, aceptándolo y queriéndolo tal como es, con objeto de formar una familia”. De esta manera el matrimonio se construye sobre roca, y no sobre arena. Por otra parte Hervada (o.c. 1975, pág. 30-31)) indica que: “el amor conyugal propiamente dicho no es –en su núcleo esencial- sentimiento afectuoso, ni instinto, ni enamoramiento; es voluntad de y en tendencia a la unión que impele y ordena a las distintas potencias del ser humano hacia ella, hacia la unión, según las exigencias de justicia y de ley natural que son inherentes a esa unión”.

El acto conyugal, no es un juego, sino una manifestación muy profunda de unión, de quienes se han entregado para siempre por medio del compromiso. Dicho amor conyugal, podrán alcanzarlo si hay un don de sí: fiel, perpetuo y profundo, como mencionan los autores recientemente citados. Ahora bien, no hay que pasar de largo que el acto conyugal para que sea auténtico tiene que ser fruto de la entrega y por tanto, una persona no puede ser usada, cosificada. Un síntoma claro de dicha cosificación, es el hastío, la soledad, la melancolía, la tristeza, el sentirse un vacío en su vida, etc. Por dicha razón, es importante tener presente que no se puede jugar con fuego.

Todo este recorrido que hicimos, puede servirnos como brújula para no perder el Norte, el cual es fundamental para ser feliz. Esto no es poca cosa, ya que es difícil encontrarse a alguien en la vida que decida no serlo. A su vez, como todo camino a recorrer uno puede desviarse por múltiples razones, pero lo más fantástico, es que siempre se pueda volver a empezar.


Por F. Beltrán

Bibliografía:
Melendo, Tomás (2001): “Las dimensiones de la persona”. Palabra. Madrid.
Melendo, Tomás y Millán-Puelles, Lourdes (2002): “Asegurar el amor”. Rialp. Madrid.
Hervada (1975): “Diálogos sobre el Amor y el Matrimonio” EUNSA Pamplona.

jueves, 21 de febrero de 2008

Arquidiócesis de Valencia Ofrece Preparación para el Matrimonio vía Internet

VALENCIA, 21 Feb. 08 /(ACI).- La Arquidiócesis de Valencia informó que gracias a la "Escuela de Novios", cientos de jóvenes españoles e italianos han recibido su formación para el matrimonio a través de Internet.

Desde que hace dos años se inició la modalidad ‘on line’, "ha aumentado muy notablemente el número de parejas de novios que nos solicitan el servicio", indicó el director de la Escuela, P. Enrique Orquín, en una entrevista concedida a la agencia AVAN.

La idea de ofrecer el servicio de formación para el matrimonio a través de internet surgió a pedido de varias parejas de novios que "viven en lugares diferentes y tienen incompatibilidades horarias para asistir a los cursillos prematrimoniales presenciales", indicó el presbítero.

La iniciativa busca que "los cursillos prematrimoniales" se puedan "ampliar a varios meses y adquirir una función de acompañamiento formativo para los novios", pues, si "se reducen a un breve espacio de tiempo antes de la boda, pueden tener una función informadora, pero difícilmente formadora de lo que significa vivir cristianamente en matrimonio", acotó.

La Escuela de Novios, que funciona en su modalidad presencial desde hace ocho años, comenzó a dictar los cursos por Internet hace dos años. El primer año la mayoría de parejas eran de Madrid, "pero este año contamos también con novios de Alicante, Barcelona, Córdoba, Badajoz, Sevilla, Jaén, Huesca, Benidorm, Cáceres, Plasencia, Pamplona o Toledo", afirmó el P. Orquín

Para más información e inscripciones escribir a: escueladenovios@escuelagalilea.com

domingo, 10 de febrero de 2008

LA DURACION DE LOS NOVIAZGOS

ES CORRECTO PLANEAR Y ADQUIRIR LO NECESARIO PARA LLEVAR UNA VIDA FAMILIAR DIGNA, PERO ESTO NO DEBE SER EL PRETEXTO PARA RETRASAR INDEFINIDAMENTE UN COMPROMISO...

Por José Luis Olaizola. Premio Planeta.

Se está volviendo a poner de moda el que la gente se case, pero dentro de la línea de la sociedad de consumo, lo que trae como consecuencia el que muchos se casen tarde y mal. No es insólito el que se oigan comentarios de este porte: «¡Quién lo iba a decir! Fulanito y Zutanita después de catorce años de noviazgo se casan y al año se separan. No será porque no tuvieron tiempo de conocerse.» Por supuesto, tuvieron tiempo de conocerse y de aburrirse de tanto conocerse. Cuando el noviazgo se alarga demasiado, para lo único que sirve es para coger mañas.

Cada caso es un caso en esto de la duración del noviazgo, pero el más frecuente, hoy en día, es que los novios necesitan tener tantas cosas para casarse, que cuando las consiguen ya no les quedan fuerzas para lo principal: quererse, crear una familia, educar a los hijos y educarse ellos mismos en la interesante aventura de perseverar en el amor. Para enamorarse de una encantadora joven de dieciocho años, o viceversa, sirve cualquiera. Para seguir enamorado cuarenta años después hace falta, además, cierta dosis de inteligencia.

Dada mi afición a escribir novelas que me obligan a adentrarme en el pasado, he podido constatar cómo, según discurren los siglos, se retrasa la edad para contraer matrimonio. En tiempos del Cid Campeador -siglo XI- los caballeros se casaban siendo donceles y las doncellas a los doce o trece años, apenas alcanzada la pubertad. Por supuesto no tenían problemas de piso. La gente del pueblo se alzaba una casa en poco más de un mes con ayuda de los vecinos; entonces para vivir sólo precisaban de cuatro paredes y un tejado. El suelo era de tierra apisonada y no tenían fontanería, ni electricidad, ni las diversas tomas de tantos artilugios como se concitan en los modernos habitáculos de la actual sociedad de consumo.

Cuatro siglos después, en el XVI, las cosas no han cambiado demasiado y, a lo más, la edad de matrimoniar se retrasa en un par de años. La madre de Teresa de Jesús, la encantadora doña Beatriz de Ahumada, casó de trece años y alcanzó a tener diez hijos. Catalina de Aragón, la que con el tiempo fuera esposa legítima del temible Enrique VIII de Inglaterra, había casado previamente con el hermano mayor, el príncipe Arturo, ambos rondando los quince años, y produjo gran asombro que no lograran consumar el matrimonio, lo que atribuyeron a enfermedad del príncipe, que murió un año después. En el siglo XIX la cosa se mantiene dentro de unos términos razonables y las doncellas casan de diecisiete, dieciocho o, como mucho, de diecinueve años. La debacle se produce mediado el siglo XX, en el que con pocos lustros de diferencia tanto se demoran los matrimonios -una media de diez años- que las doncellas tienen muy pocas posibilidades de seguir siendo tales cuando lo contraen. Las cosas claras.

¿Por qué se alargan tanto los noviazgos y se demoran los matrimonios? Porque hoy en día los contrayentes entienden que el cariño, para que no se marchite, debe estar debidamente enmarcado; piso, coche/s, televisor, vídeo, cadena musical, viaje de novios transoceánico y suma y sigue. Consecuencia: presupuestos millonarios para la celebración y para su posterior mantenimiento.

-¿Y usted a qué edad se casó?

-Pues yo, amable lectora, me casé de veintitrés años y mi prometida tenía dos menos. De viaje de novios nos fuimos a El Escorial y luego nos acomodamos en un piso viejo, de renta antigua; en eso tuvimos suerte, pero como no disponía ni de ascensor, ni calefacción, ni nevera, ni nada de nada, hay que reconocer que vivíamos por cuatro perras gordas. Comprendo que las cosas han cambiado, pero aquella carencia tenía su encanto. Ibas accediendo al disfrute de las cosas poco a poco. El primer coche utilitario, el primer viaje al extranjero, la primera vez que salías a cenar a un restaurante, los primeros veraneos en la playa. Y, por supuesto, la primera vez que hacías el amor con tu novia que ya era tu esposa.

-¿Pero qué dice usted?

-Por favor no se ofenda. Entonces los noviazgos eran más cortos y más controlados. No digo que saliéramos con carabina, pero tampoco se nos daban tantas facilidades. Ahora esos noviazgos tan largos, con salidas nocturnas hasta altas horas de la madrugada, con viajes colectivos en los que no por eso las parejas dejan de estar individualizadas... En fin, qué le voy a contar que usted no sepa.

-Le veo a usted un poco pesimista.

-No quisiera. Pero insisto en que conviene llegar al matrimonio con un buen bagaje de ilusiones y no irlas desgajando durante el noviazgo. Y, por supuesto, con cierto espíritu de sacrificio. A los novios que se acostumbran a un noviazgo largo, ambos con coche a la puerta, cenas en restaurantes de moda, esquí navideño en los Alpes y vacaciones en el Caribe, cada vez les cuesta más dar el paso al frente.

-¿No estará usted exagerando un poco?

-Eso espero.

sábado, 2 de febrero de 2008

LA HISTORIA DE AMOR DE FERNANDO DE TIROL Y PHILIPPINE WELSER

Philippine procedía de una famosa y adinerada familia de mercaderes, los Welser, radicados en la ciudad alemana de Augsburgo. Bartolomé Welser, prestó al emperador y rey de España Carlos V, doce toneladas de oro, por lo que el soberano le concedió el cargo de consejero secreto. Para la época, la familia Welser tenía en sus manos el mercado mundial de especias y estaño.

Philippine, era una joven hermosa de ojos azules, cabello oscuro, y piel muy blanca. Tuvo muchos pretendientes, pues era un excelente partido pero, en un año rechazó a 28, y es que quería encontrar, para esposo, a un caballero en todo el sentido de la palabra.

El Archiduque del Tirol, Fernando, segundo hijo de los reyes checos, Ana de Jagellón y Fernando I de Habsburgo, era cauteloso también para escoger a su futura esposa. El joven rechazó oportunidades de matrimonio con damas de la alta nobleza de Francia y Portugal, incluso a María Stuart… Hasta que conoció a Philippine Welser.

Ocurrió en Augsburgo durante la visita el emperador Carlos V, tío de Fernando. El soberano, acompañado de su hermano, el rey checo Fernando I, y por su sobrino el Archiduque Fernando, fue recibido con todos los honores en la casa de los Welser, que ofrecieron con ese motivo, un gran festín.

Pero he aquí que la mirada del joven Fernando no podía apartarse de Philippine, a quien tampoco le era indiferente. Durante el resto de la velada, Fernando buscó en todo momento, la oportunidad de acercarse a la joven.

Al día siguiente, el padre de Philippine, hombre perspicaz, para quien no pasó desapercibida la simpatía mutua de los jóvenes, decidió mandar a su hija lejos, para protegerla de un amor prohibido en aquellos tiempos, desde el punto de vista social y político.

Así Philippine Welser, a sus veinte años de edad, fue trasladada al castillo de Breznice, en Bohemia del Sur, donde residía la hermana de su madre, Katerina Loksanská. Si bien este edifico quedaba distante de Augsburgo, resultó más cerca de la corte de Fernando. La vida del castillo era muy activa socialmente, y ahora la frecuentaba el joven Archiduque del Tirol.

En la Primavera del año 1557, diez años después de que Fernando y Philippine se encontrasen por primera vez, se celebró en los bosques alrededor de Breznice, una extenuante partida de caza, después de la cual hubo una gran celebración… Al anochecer, anfitriones, invitados y sirvientes, se retiraron a dormir exhaustos… Sin embargo, la cocinera principal, Margarita, padecía insomnio. En la madrugada, escuchó un golpe de puerta y salió a los corredores para indagar. En una escalera, divisó una figura femenina vestida de blanco, que confundió con un fantasma, y huyó asustada hasta su cuarto.

No se dio tiempo para ver que la dama vestida de blanco, era seguida por una figura masculina, y otras cinco personas más. Todos se dirigieron, sigilosamente, a la capilla del castillo donde se celebró el matrimonio secreto entre Fernando del Tirol y Philippine Welser. Todo había sido preparado cuidadosamente.

Al final de la ceremonia, el sacerdote pronunció unas palabras insólitas: -“Exhorto a los presentes a que confirmen con un juramento solemne, aquí, ante el altar de Dios, que no revelarán a nadie, aún bajo amenaza, que su Alteza Real, el príncipe Fernando, ha tomado por esposa a Philippine Welser”. Seguidamente hizo firmar a los testigos, un escrito en el que constaba su presencia, y que hasta su muerte, mantendrían en secreto el evento.

Un año después, el 15 de Junio de 1558, una hora antes de la medianoche, nació el primer hijo de esta pareja. El alumbramiento fue asistido por Andrea Mattioli, desde 1555 médico privado de Fernando, en Praga, y autor de un famoso herbario con 60 ediciones en distintos idiomas. También tuvo que jurar que jamás diría nada a nadie.

Cuando al día siguiente el portero del castillo de Breznice, abría la puerta principal, vio a un bebe envuelto humildemente, y lo llevo a Philippine…, quien se ofreció a darle cobijo al “niño abandonado”… Le puso por nombre Andreas, y de la misma manera adoptó el 22 de Noviembre de 1560, a Carlos.

Pero llegó el momento en que Philippine no pudo más con su situación, y decidió aprovechar una audiencia que ofrecía el Emperador, durante la cual, los vasallos que quisieran, podían expresarle alguna súplica.

Vestida de luto regio, y con su hijo mayor en brazos, Philippine suplicó la gracia de que se alejaran un poco los cortesanos para poder hacer una delicada confidencia…Luego, pidió primero perdón al emperador, y seguidamente expresó que su marido era de procedencia noble, y ella una burguesa, y que por eso su esposo temía anunciar su matrimonio a su familia.

El emperador, sin sospechar nada, declaró galantemente que ningún padre podría ser tan severo, como para que la hermosura de su nuera no ablandara su corazón, y no perdonara al hijo el matrimonio desigual. Philippine dio mil gracias y reveló quien era su esposo.

Fue evidente para los distantes observadores, la sorpresa del emperador, se trataba de su propio sobrino... Llamó inmediatamente en privado a Fernando, quien al llegar se puso de rodillas compungido, pidiendo perdón a su augusto tío, mientras abrazaba a Philippine y al hijo de ambos.

El Emperador se retiró entonces, muy serio, en silencio…, se había puesto en juego su autoridad, la de su hermano, el orden social, la política, la línea sucesoral a la corona…, y más tarde les envió su decisión por escrito.
Reconoció ese matrimonio por amor…, pero debería permanecer secreto por siempre… Quitó a Fernando y a sus descendientes el derecho de sucesión al trono checo y húngaro, salvo que se extinguiera toda la estirpe haugsburga. Les adjudicó una renta de 30 mil monedas de oro al año y los exceptuó del pago de impuestos.

Los esposos se trasladaron a vivir al castillo de Krivoklát, y tuvieron dos hijos más, los gemelos Felipe y María. En 1564 subió al trono el Emperador Maximiliano II, quien mandó a Fernando trasladarse al castillo de Ambras, cerca de Innsbruck.

Después de la muerte de Maximiliano, fue coronado emperador su hijo Rodolfo II, en 1576. Ese año, el primogénito de Philippine y Fernando, Andreas, reunía las condiciones que para la época, le permitían acceder a la dignidad de Cardenal, pero su supuesto oscuro origen, se lo impedía… Elevado el caso hasta el Papa, este eximió a Fernando y a Philippine del juramento de silencio, y su matrimonio, por fin, pudo ser reconocido públicamente, y pudieron presentar a sus hijos como legítimos.

Como dato curioso, a la ceremonia de investidura del nuevo Cardenal, asistió como paje de 12 años, el futuro viajero y gran compositor checo Krystof Harant de Polzice…

Fernando y Philippine vivieron felices en su castillo de Ambras (Tirol), hasta la muerte de la esposa en 1580, cuatro años más tarde del reconocimiento público de aquel matrimonio bendecido por Dios hacía tantos años.

Andrea Fajkusová

lunes, 31 de diciembre de 2007

Sígnificado del término "tálamo"


De acuerdo con su original significado griego, este término se emplea en anatomía y en botánica como nombre de diversas cavidades o receptáculos. Es también la denominación culta del lecho conyugal, otro cultismo con el que denominamos la cama de matrimonio, y del lugar donde se celebra la boda. El ritual mozárabe tiene una solemne bendición del tálamo; también el ritual romano tiene esta ceremonia, pero no tan solemne.
El hecho de que la "cama de matrimonio" tenga nombre propio es indicativo de que se trata de la imagen visible y el símbolo de una institución fundamental de la sociedad, complementario del otro gran símbolo que es la mesa. En torno a una y otra se han desarrollado formas rituales que en fin de cuentas vienen a ordenar y reforzar las conductas que atienden a las dos grandes necesidades de la vida: la alimentación y la reproducción. La denominación no sólo culta, sino también ritual de tálamo, viene a confirmar este aspecto
Fueron los griegos quienes a través del latín nos legaron esta palabra, con su carga ritual, que ya se la dieron ellos. Llamaban qalamoV (zálamos) a la cámara nupcial, al dormitorio de la señora de la casa, al dormitorio en general, a la parte de la casa reservada a las mujeres, y luego a cualquier habitación, aunque como se ve en sus derivados, tendió a usarse en especial para denominar el dormitorio nupcial. La palabra la tomaron de un término de la naturaleza: qalamh (zaláme) que significa abrigo o guarida de un animal, en particular de los peces que viven en los agujeros y los intersticios de las rocas, y luego ya a cualquier cámara, cavidad o ventrículo.
Los griegos formaron el verbo qalameuw (zalaméuo) para referirse a la acción de esposarse o de conducir al lecho nupcial, un rito que ha quedado como última huella del matrimonio por rapto; y también para expresar la mujer la sensación de encierro en su cámara nupcial. Y de acuerdo con su valor original, tiene también el significado de acostarse, pero aplicado a los animales. Tenían asimismo el adjetivo qalameioV (zalaméios), que usaban para calificar todo aquello que tenía que ver con el lecho nupcial.
Queda en pie el hecho de que acostarse en el lecho nupcial se convirtió en una institución general, en el símbolo de una especie de ritualización de las relaciones conyugales, sometidas por tanto a la normativa de los ritos, del mismo modo que la comida estaba sometida también a hermosos rituales en torno a la mesa, la mayoría de los cuales se han perdido ya. El acceso (más bien el ascenso, por lo alto que era) de todas las noches al tálamo, al lecho nupcial, era tan sagrado como el acceso diario a la mesa. En aquél se rendía culto al don de la reproducción; en ésta, al del alimento.
Finalmente, una curiosidad léxica: a la cubierta que se pone en las tartanas y carros para preservarse del sol y del agua, se la llama entalamadura. Y a la acción de cubrir el carro con paños y tapices, se le llama entalamar. Eso es así porque imitaban la especie de entoldado que adornaba y protegía el tálamo.
Extracto de "http://www.grecianuncamuere.com.ar/turismo/peloponeso/argolida/micenas.htm"
Del pueblo Fijita, atravesado por la carretera principal de Corinto-Argos ... . A la izquierda de este camino se ven, en las cuestas, las entradas de pequeñas tumbas en forma de cuarto rectangular (de las numerosas que se han excavado en la zona). Las tumbas en forma de cuartos o tumbas en “tálamo”, que están talladas en las cuestas rocosas constan de un cuarto “tálamo”, generalmente cuadrado, muy rara vez circular, accesible por un “dromos”, es decir, un corredor que llevaba a la entrada del “tálamo”. Eran tumbas de familia, igual que las tumbas abovedadas, los muertos se metían en el suelo. Raras veces se abrían hoyos y los muertos se enterraban en estos.

domingo, 16 de diciembre de 2007

HASTA EL FINAL – Il Divo

Bonita letra del cuarteto IL DIVO, nos transporta al día de la boda…

El Sexo en el Matrimonio

Cada vez oímos con más frecuencia de casos de matrimonios que se rompen por "incompatibilidad sexual", "frigidez" o "impotencia sexual". En la mayoría de los casos, esto ha sucedido por tener un concepto erróneo o deformado del significado de la unión sexual entre los esposos.

Dios ha querido el encuentro sexual entre varón y mujer, puesto que ha dotado a cada uno de un armonioso conjunto de órganos y funciones tanto corporales como psicológicas y espirituales, encaminados al encuentro pleno y total como expresión de amor. La sexualidad está ordenada al amor conyugal del hombre y de la mujer.

En el matrimonio, la intimidad corporal de los esposos es un signo de la comunión espiritual.

De esta forma, el Papa Juan Pablo II nos dice:
La sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujer se dan el uno al otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal. Ella se realiza de modo verdaderamente humano solamente cuando es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte. (FC, 11).

De esta forma, la persona toda expresa su amor de entrega, el don de sí, a otra persona, que también se entrega, en la fusión de sus cuerpos que se convierten así, sin perder cada uno su individualidad, en una “sola carne”, como reitera Cristo citando al Génesis:

“…Y dijo: El hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá con su mujer, y serán los dos uno solo. De manera que ya no son dos, sino una sola carne”. “Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (MT 19, 5-6).

La unión sexual es pues, la expresión más profunda y completa del amor conyugal. En ella tiene su culmen, pues el amor abarca a toda la persona, desde su espíritu (inteligencia y voluntad), su corazón (sentimientos, emociones y pasiones), hasta su cuerpo (genitalidad).

El Concilio Vaticano II nos dice:

Los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí son honestos y dignos, y, realizados de modo “verdaderamente humano”, significan y fomentan la recíproca donación, con la que se enriquecen mutuamente con alegría y gratitud (GS, 49).

En el encuentro sexual, como en múltiples actividades humanas que la persona desempeña libre y conscientemente, Dios ha impreso una satisfacción, como estímulo y recompensa de aquellas: el placer.
Entonces, el placer no debe ser un fin en si mismo, sino una consecuencia: la satisfacción por un acto bueno, en este caso, la unión intima entre los “esposos”…

Así, en la actividad de alimentarse, tenemos el placer del gusto; al descansar el cuerpo, tenemos el placer del sueño; en la unión carnal, el placer sexual. Pero todas estas actividades deben estar ordenadas a un fin más allá del placer, por ejemplo: comemos para vivir, no vivimos para comer por lo que la alimentación debe tener un orden y alejarse de la gula, asimismo dormimos para reparar fuerzas, cuidándonos de la pereza; la unión carnal entre un hombre y una mujer debe estar ordenada al matrimonio, lo cual es posible formándose en el autodominio y muy especialmente, por amor a Dios y por el reconocimiento de la dignidad y el respeto que nos es propio…

De ahí, que la responsabilidad del ser humano en el encuentro sexual ha de ser, buscar la entrega total y completa al otro, y no buscar como finalidad el placer. El placer es una satisfacción, más no un fin.

El mundo de hoy, tan lleno de erotismo, promueve fuertemente la búsqueda del placer en el encuentro sexual, olvidando la entrega, el don de sí y la fecundidad.

SEXUALIDAD Y GENITALIDAD

La persona humana es sexuada, es decir, es masculina o femenina.
El hombre y la mujer, aunque tienen la misma dignidad como personas, son diferentes por ser sexuados. A su vez se complementan mutuamente.

El instinto sexual en el ser humano es una tendencia natural de los dos sexos que se atraen mutuamente en búsqueda de la unión, de la complementariedad y de la fecundidad. Ha de ser dominada y encauzada por voluntad de la persona.

El amor conyugal es el contexto adecuado para el uso plenamente humano de la tendencia sexual.

La genitalidad es el aspecto corporal de la sexualidad. Conformada por los órganos reproductores masculinos y femeninos y sus funciones propias.

Un grave error contemporáneo es confundir la sexualidad con la genitalidad.

NATURALEZA DEL AMOR CONYUGAL

Amar es un acto de voluntad. Es buscar el bien de la persona amada, en cuanto tal. Es decir, buscar su bien porque es persona.

El amor es darse, es entrega, es generosidad. Amar es el acto más sublime del ser humano. Es actuar como Dios mismo actúa.

El amor conyugal es recíproco, abarca la totalidad de la persona: alma, sentimientos y cuerpo y es fecundo.

La máxima expresión del amor conyugal se encuentra en la intimidad corporal de los esposos. Con la intimidad corporal, los esposos plasman en su matrimonio la entrega total. El don de sí adquiere su plenitud.

Propiedades:

1. La unidad: es la donación mutua de un hombre con una mujer.

2. La indisolubilidad: Para poder cumplir con sus fines plenamente, el amor conyugal exige la permanencia. Cuando hay verdadera donación, no se puede retractar. Para los cristianos, por el sacramento del matrimonio, su amor conyugal se convierte en signo del amor absolutamente fiel que Dios tiene al hombre y que Jesús vive hacia su Iglesia.

Bienes:

1. La mutua fidelidad: Por tratarse de una donación completa, total, esta fidelidad es de corazón, de mente y de cuerpo.

2. Los hijos: son la “materialización, la concreción” del amor total y fecundo de los esposos.

3. El vínculo: es decir, la estabilidad de la relación, fruto de la unidad e indisolubilidad del amor conyugal.

LA UNION SEXUAL DE LOS ESPOSOS

Es la expresión más profunda y completa de amor conyugal, y por lo tanto, tiene los mismos fines del mismo:

El fin unitivo: expresión de la entrega total del don de sí mismo al otro y de la búsqueda de su bien.

La unión de los esposos debe ser para su propio bien, es decir, de ayuda mutua.

Es el empeño constante por desarrollar una auténtica comunidad de personas, para hacer frente a todas las eventualidades, vencer los innumerables obstáculos que surgen inevitablemente en el transcurso de toda existencia humana, por más afortunada que sea, y para construir la felicidad.

El placer de la unión sexual es un medio bueno y lícito para favorecer la unión de los esposos, pero no es el fin de la unión sexual.

El fin pro creativo: Expresión total, plena y generosa del amor fecundo.

Esto significa que dentro de la realización natural y normal (*) de la unión amorosa (es decir, que la eyaculación se lleve a cabo dentro de la vagina), los actos de amor, las caricias, cuando se aceptan de común acuerdo y en consideración a la “dignidad” de la persona humana, son perfectamente legítimos.
(*) Nota: natural-normal, se refiere a lo correspondiente exclusivamente a la Persona Humana, más allá de lo que pueda observarse en los ecosistemas naturales o biológicos, en animales o en sistema de vida inferiores…

En la procreación, el amor conyugal está al servicio de la vida. Cooperar con el amor de Dios Creador… Sin embargo vale acotar que, el fin procreativo del matrimonio, se cumple en cuanto a que todo matrimonio es fecundo, aunque no sea fértil, es decir, aunque la pareja no pueda tener hijos biológicos…, su ordenación a la voluntad de Dios, hará que su amor sea fecundo en múltiples aspectos…

El ejercicio de la sexualidad sólo es lícito dentro del matrimonio legítimo, respetando el plan que la Sabiduría divina manifiesta al hombre en los dos aspectos que encierra el acto conyugal (el aspecto unitivo y el procreativo) y en los ritmos biológicos de la sexualidad.

a) Apertura a la vida

Reconocer que uno de los fines del unión conyugal es la procreación. Los hijos no sólo forman parte de la familia, sino que son la “materialización o concreción” del amor profundo que se tienen los esposos.

Dios te hace partícipe de su poder creador. Colaboras a crear hombres/seres para la eternidad. El acto conyugal, hace a los esposos co-creadores con Dios, mostrando en cada criatura la nueva acción de Dios; es una historificación de Dios, un permitirle hacerse nuevamente presente en el mundo como creador.

b) Procreación responsable

Uso de la inteligencia y libertad para usar responsablemente la capacidad procreadora. (Responsabilidad de responder ante Dios del don que me ha dado).

Pueden existir razones válidas para posponer temporalmente un nuevo nacimiento, pero hay que juzgar con rectitud, evitando sobre todo el egoísmo.

c) Los criterios

-Análisis de los deberes con Dios, y con la familia.
-Procrear es comunicar la vida en plenitud: lo material, lo humano y lo espiritual.
-Análisis de las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales.
-Uso de los medios morales para ejercer la procreación responsable, son los medios que respetan los fines del acto conyugal.

d) Aceptación del designio de Dios sobre mi matrimonio en cuanto a la fecundidad:

* El dueño de la vida es Dios, no el hombre.

* Los hijos son un don, no un derecho.

* Usar los medios morales para procurar la fecundidad. Son los medios que respetan la dignidad de las personas involucradas: los esposos y el hijo y los fines del acto conyugal.

* Aceptar la esterilidad si estos medios no la resuelven (pues el amor conyugar va más allá de lo fértil, es fecundo). Otras formas de fecundidad: la adopción, el dedicarse al apostolado, a la ayuda del prójimo, etc.


LAS REGLAS DE LA RELACIÓN SEXUAL

1. La entrega u obligación básica

El deseo de los esposos no puede ser sólo pensar en sí mismo, buscar el propio placer, desear al otro sólo para el goce personal.

Si el encuentro es realmente por amor, con madurez, con entrega total, será para buscar el bien del otro. Ambos, marido y mujer, se ofrecerán, se entregarán generosamente para la felicidad del otro.

Podemos ver con claridad las dos posturas. La primera intenta aprisionar al cónyuge, convertirlo en cosa propia, servirse de él.

Es la negación del amor y la culminación de la egolatría. La segunda, por el contrario, se centra en el otro, quiere darse al amado, ofrecerse a él, ir a su encuentro con el propósito de que en la unión, pueda encontrar la alegría y, en la paz de su carne, logre la paz en su corazón.

Salir al encuentro del otro. Buscarlo para entregarse a él. Buscar su bien, su felicidad.

2. El dominio de sí

Recordemos que la tendencia sexual del hombre ha de ser gobernada por su inteligencia y por su voluntad. Debe estar sometida al servicio del hombre y no éste al servicio de la primera. El hombre dueño de sí mismo, amo y señor de todo su ser. Por tanto, la sexualidad y el placer inherente a la misma no han de ofuscar a la inteligencia y no han de descarriarse lejos de la voluntad.

Amar es, ante todo, un acto de la voluntad. El encuentro sexual es una entrega generosa al otro. La pareja no se perderá en el egoísmo, únicamente cuando ambos sean dueños de sí mismos.

La disciplina interior de cada uno se impone aquí, so pena del fracaso más lamentable.

De esta forma, la regla se podrá establecer así:

Para tratar al cónyuge con justicia y con amor, se debe adquirir un sólido dominio de sí mismo, puesto que sólo este dominio hace posible la unión generosa y de entrega mutua.

3. El contenido interior

El dominio de sí es además, el único medio que posibilita que la unión sea una comunicación de amor, más bien que una explosión de placer. Lo que es más importante en el encuentro sexual no es el placer que pasa, sino el amor que lo prepara y permanece.

Los gestos exteriores son solamente la expresión corporal de una realidad interior: el amor, la entrega total, la unión. Si no hay amor detrás de cada uno de los gestos, éstos carecerán de sentido. Una mirada, una sonrisa, una caricia, si no son inspirados por el amor, no son nada. La verdad del amor es la que reviste a cada uno de ellos.

4. La ternura

He aquí una de las reglas más preciosas para la vida matrimonial: la ternura.

La podremos definir como: La delicadeza del corazón que se traduce en la delicadeza del gesto.

Para quienes se aman verdaderamente, además de la tendencia sexual existe la ternura.

Nace con espontaneidad del ser entero de los amantes; es el amor que se convierte en caricia, mirada, beso, en la más plena y total gratuidad, sin pedir nada a cambio. El gesto interno, en suma, es aquel que nada pide, nada solicita y que, por ello, lo significa todo. El amor es el reino de lo gratuito. Te doy porque te amo, no porque espero nada a cambio. por ello, donde florezca el amor, como la flor en el tallo, florecerá también la ternura. ¡Cuán importante es cultivarla! Es el perfume que otorga su aroma a la trivialidad de lo cotidiano. Son esos mil pequeños detalles de los que se alimenta el amor.

5. Los gestos del amor

La gratuidad y la ternura han de transportarse a la propia unión sexual. Ahí se revelarán de la mayor importancia, pues prepararán y seguirán a la unión, en el transcurso de los actos preparativos y posteriores a dicha unión.

La gratuidad que debe impregnar los gestos de ternura ha de extenderse a estas dos fases, una preliminar y la otra consecutiva, en el momento de la comunión sexual.

Recordemos lo que la Constitución Gaudium et Spes nos sigue diciendo:

Este amor (el amor conyugal) tiene su manera propia de expresarse y de realizarse. En consecuencia los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí, son honestos y dignos, y, ejecutados de manera verdaderamente humana, significan y favorecen el don recíproco con que se enriquecen mutuamente en un clima de gozosa gratitud. Este amor, ratificado por el mutuo compromiso y sobre todo por el sacramento de Cristo, resulta indisolublemente fiel, en cuerpo y espíritu, en la prosperidad y en la adversidad, y, por tanto queda excluido de él todo adulterio y divorcio (GS, 49).

De aquí, que los límites de los gestos de amor conyugal sean los siguientes:

1. La dignidad mutua del matrimonio y su espontaneidad amorosa.

2. Dentro de la realización natural y normal de la unión amorosa (que la eyaculación se lleve a cabo dentro de la vagina), los actos de amor, las caricias, cuando se aceptan de común acuerdo y en atención a la dignidad de la persona humana, son perfectamente legítimos.
Nota: Hay que advertir que la seudo especialidad médica conocida como Sexología, parte de una postura ideológica que ordena a ésta, el campo de la ciencia que investiga la sexualidad humana, restándole objetividad y desvinculándola de la verdadera antropología humana, por lo que promueve practicas contrarias a la dignidad de la persona…Un matrimonio cristiano, de tener necesidad de orientación a este respecto, deberá buscar a un profesional que comparta sus principios.

LA CASTIDAD

La castidad es la virtud que defiende al amor de los peligros del egoísmo y de la agresividad, y lo promueve hacia su realización plena.

La castidad integra la sexualidad de la persona en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual.

Ser casto o casta, es lograr que toda nuestra persona: inteligencia, voluntad, afectos y cuerpo estén regidos por nosotros mismos.

La persona casta siente los impulsos de su tendencia sexual y los controla (no los reprime, los sublima), promueve el amor a su cónyuge manifestándoselo de muy variadas maneras y es dueña de todo su ser.

Para ser castos se requiere: conocerse a si mismo, aceptarse, superarse, practicar las virtudes morales y pedir a Dios la ayuda sobrenatural para lograr la plena integración de todas nuestras facultades, a través de la participación en los sacramentos y la oración.
Debe haber castidad en el matrimonio, pues los esposos se deben “completa” fidelidad y amor uno al otro. Lo cual exige el dominio de los sentidos de cada uno, para afrontar la degradación actual de la sociedad, que muchas veces no respeta la condición de casados, sometiendo a los cónyuges a tentaciones frecuentes…


“No hay duda de que entre estas condiciones se deben incluir la constancia y la paciencia, la humildad y la fortaleza de ánimo, la confianza filial en Dios y en su gracia, el recurso frecuente a la oración y a los sacramentos de la Eucaristía y de la reconciliación. Confortados así, los esposos cristianos podrán mantener viva la conciencia de la influencia singular que la gracia del sacramento del matrimonio ejerce sobre todas las realidades de la vida conyugal, y por consiguiente también sobre su sexualidad: El don del Espíritu, acogido y correspondido por los esposos, les ayuda a vivir la sexualidad humana según el plan de Dios como signo del amor unitivo y fecundo de Cristo por su Iglesia...” Familiaris Consortio número 33 párrafo sexto

Autores: Francisco Castañera y Francisco Antillón